Llueve y por eso, Rayuela

La novela de Cortázar arranca con esta pregunta:  “¿Encontraría a La Maga?

“Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a ella que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.”

 

6 comentarios en “Llueve y por eso, Rayuela

  1. Podré leerlo mil veces que va a seguir teniendo ese noséqué cortazariano que… no sé. Me hace sentir así de chiquitito.

    “Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.”

  2. ¨En esos días andaba caviloso, y la mala costumbre de rumiar largo cada cosa se le hacía cuesta arriba pero inevitable.¨
    Hay Julio, Julio. Cómo se te extraña, y ya van 25 añitos.
    Saludos.

  3. Es tan acertado, siempre, como en Amor 77:
    “Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son”.

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