Reseña Bloggeril 4

Se llama María Agustina. Yo a veces le pongo (porque sólo nos vimos una o dos veces) Agus, otras veces, María, otras, Mari, otras, Agustina… Y ella no contesta qué prefiere. Ni siquiera firma los mails para que uno pueda apropiarse de ese apodo o nombre cotidiano. Esto jamás lo hablamos. Lo estoy confesando acá, ahora… En el fondo creo que -sobre todo- me cae bien, por esto. Porque sé que del otro lado de la pantalla se ha reído ante mi angustia y apropósito jamás confesará cómo le dicen… Ella es, nuestra mujer, nuestra primera blogger femenina en recomendar su libro. Prima hermana y carcelera de El extraño mundo de Cassandra.

Mi amor por Tolkien no es tan antiguo como otros amores, pero la historia vale la pena de ser contada. Como muchos tolkiendili, llegué a conocer la obra del profesor John Ronald Reuel a través de su obra fundamental, la trilogía de “El señor de los anillos“. Hice todo el camino al revés: quienes saben, recomiendan empezar por El Hobbit, seguir por la trilogía y finalizar, optativamente, por El Silmarillion. Yo tenía a mano apenas “La comunidad del anillo“, primer volumen de la trilogía, y por allí empecé. Pero tomé distancia de la persona que me había iniciado en esas lecturas y muy pronto las parvas de apuntes de la Facultad me separaron por un tiempo de ese mundo neblinoso y arbóreo que había empezado a conocer y a querer. A los pocos meses, encontré un grupete que compartía mi protozoica afición por Tolkien y conseguí que me pasaran los libros para seguir leyendo. Recuerdo que era semana de exámenes y sólo tenía siete días para estudiar, por lo que me devoré “Las dos torres” y “El retorno del rey” en un rush furioso de tres días, y en los cuatro días restantes me repartí entre la relectura de las novelas y el estudio de Lingüística que me debía, más las lecturas a las que me obligaba la facultad.

Comprobé así dos cuestiones: primero, la lectura alternada con el estudio favorece la fijación de los temas (es totalmente cierto!), y segundo… Tolkien había llegado a mi vida para quedarse. Estaba enferma de Tierra Media. Pronto, estaba leyendo El Silmarillion. No pude pasar del Ainulindalë (La canción de los Ainur, primera parte del libro… densísima), porque la persona que tenía el libro se fue de la ciudad y me quedé con ganas de seguir, así que continué con “El Hobbit“, que es lo que debería haber leído primero. Era maravilloso: parecía un cuento naïve al lado de la trilogía, pero esto no lo hizo aburrido ni menos interesante para mí. Y tenía una particularidad que muchos otros libros más “actuales” que había leído no tenían: se pone más interesante cerca del final.
El tiempo pasó, cambié de ciudad… Y un día, caminando con un amigo por El Ateneo Grand Splendid, él se paró en medio del salón y me dijo: “Te regalo el libro que quieras”. Un consejo para amigos de lectores obsesivos: nunca, nunca nos hagan esa propuesta en un megashopping de libros, con rangos de precios que van desde una rústica de $15 hasta un megavolumen de lujo de $2.500 (en esa época creo que estaba a la venta una edición de lujo de Mohammed Alí que andaba por ese precio). Por un momento me quedé paralizada, pero enseguida supe que esa era mi oportunidad para reencontrarme con un gran amor. Y caminé hasta el rinconcito donde se guardaban las rústicas de Minotauro y me llevé “El Silmarillion” sin dudarlo. Llegué a casa. Ya no había facultad y el trabajo me dejaba las tardes prácticamente libres. Aún así, la lectura de este libro me llevó más tiempo que cualquiera de los otros libros de Tolkien. Me tomó cuatro días avanzar las cuatro secciones del Silmarillion. En el proceso comprendí muchas cosas. “El Silmarillion” es uno de los libros más resistidos de Tolkien, quizá porque marcó el principio de un curro importante para el albaceas literario del Profe, su hijo Christopher… quizá por esa organicidad extraña, fragmentaria, que le da al lector la sensación de estar frente a una libreta de apuntes, algo inconcluso. Sin embargo, yo creo que “El Silmarillion” es un libro fundamental para comprender no sólo la estructura de la Tierra Media, sus conflictos, sus razas y las historias que llegaron a nosotros (hoy mediatizadas por el cine, por ende un poco más cerca del gran público, incluso del que no lee). También es, y creo que por eso lo quiero tanto, el único libro que Tolkien quiso escribir realmente. En la biografía “Tolkien”, de Paulino Arguijo, y en algunos otros papers alusivos a su figura, se afirma que antes de “El Hobbit”, antes de la tarea de Frodo y sus compañeros, antes de la épica de los rohirrim y gondorianos contra Sauron, estuvieron el poema de Lúthien Tinúviel, la tragedia de los Puertos Grises y la historia de las Joyas malditas forjadas por Féanor: los tres Sílmarils que contenían la luz de los árboles sagrados de Valinor. Historia que empezó a escribirse en la cabeza de un joven teniente, en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, y que terminó cuajando involuntariamente en esos cuatro libros más recordados, que ni siquiera son los únicos que escribió JRR. “El Silmarillion” es, efectivamente, la suma de esas libretas garabateadas por Tolkien en sus horas de insomnio, en los momentos libres de su vida académica y doméstica. Cuando la fiebre de “El señor de los anillos” se devoró todo su tiempo y lo convirtió en una celebridad incómoda, el Profesor supo que jamás viviría para terminar la historia que había soñado una tarde, entre apuntes a su estudio de “Béowulf” y el canto de su novia Edith (a quien siempre llamó “mi Lúthien”). Cada vez que releo ese libro no sólo siento que estoy viajando de nuevo a esas tierras nebulosas y arbóreas, a una era imposible de ubicar en nuestra línea temporal, a una metáfora del poder, de la amistad, del pacifismo. Siento que entiendo un poco más al viejo Profesor. Lo escucho contarme esa historia de muchas maneras distintas. Y ese poder sólo lo tienen los libros. Chupala, Sauron.
Anuncios

2 comentarios en “Reseña Bloggeril 4

  1. En lo personal, mi experiencia con Tolkien es bastante regular: si bien reconozco su genio humanístico, en la lectura no me atrapa. No lo hizo en mi juventud, cuando abandoné el Hobbit, y alguno de los tres mamotretos (ya no recuerdo cuál), y de grande con el Silmarillion en general, aunque debo reconocer que la historia de los Hijos de Hurin me resulto lo mejor que le he leído hasta ahora (no tuve oportunidad de leer el extracto que hizo C. Tolkien de estas historias).
    El problema que tuve entonces con Tolkien, supongo, es la enorme cantidad de sustratos de sus historias, aludidas pero a veces nunca reveladas. Algo similar hace Cordwainer Smith (quizá el único escritor de ciencia ficción que se parezca un poco a Tolkien), con sus cuentos episódicos sobre la Instrumentalidad y la liberación del sub-pueblo.

    Como siempre, Cassandra, un placer leerla.

  2. ¡Comparto tu experiencia, y no sabés en qué medida!
    Por el hecho de encontrarme con Tolkien en un momento inadecuado desde el punto de vista del normal desarrollo de mis estudios (¡cuántas horas robadas a Química Orgánica II!).
    Porque fue uno de los primeros (y escasos) autores que realmente estimularon mi imaginación, mas allá de la estructura y la forma de sus escritura (no sé como escribe Tolkien, no lo sabré nunca, cuando comenzás a leer te perdés y te conectás a otro nivel).
    Porque demostró con los hechos (el Silmarillion, por ej.) que cualquier escritura “sagrada” puede ser obra de una (o varias) mentes inquietas, brillantes, prolíficas pero humanas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s