El mundo desde una lupa

Les dejo la desgrabación de la Cumbre de Microficción que hicimos el Martes pasado en Eterna Cadencia. Estuvimos charlando con Ana María Shua, Raúl Brasca, Fabián Vique y Juan Romagnoli.
Ana María Shua y Juan Romagnoli llegan casi al mismo tiempo, poco antes de las 19. Los invitamos a pasar al living donde los esperan para grabar unas entrevistas con Canal à. Ani pregunta “¿Lo esperamos a Raúl para arrancar?” No hace falta: ahí llega Raúl Brasca con una sonrisa que va a mantener durante todo el encuentro. Fabián Vique, el último en entrar, cuando ve la cámara prendida sobre los ojos de Ani determina: “Ella es la vedette de la microficción”. Terminan las entrevistas, nos ubicamos todos en la mesa, aceptan las copas de vino, Raúl asegura que irá por otra más. El salón está casi lleno, las mesas han sido compartidas. Comienza el microencuentro, pueden escuchar las lecturas aquí.
 
¿Cómo llegaron a leer y escribir microrrelatos?
 
 

Raúl Brasca: Dicen los españoles que el microrrelato proviene del cuento, por una sucesiva reducción. A mí me apareció como un anti cuento. Yo escribía solamente cuentos y estaba escribiendo un cuento largo que no me salía. Estaba muy aburrido, muy molesto. Entonces decidí tomarme un descanso y en el descanso se me ocurrió escribir una cosita juguetona. En esa época los canales de televisión pasaban documentales que hablaban de salmones y que decían que los salmones siempre concurren a desovar en el lugar donde nacieron. Yo que soy un razonador vicioso, razonando me di cuenta de que si eso fuera realmente cierto todos los salmones del mundo tendrían que desovar en el mismo lugar porque el abuelo desovo en un lugar, ahí nació el padre entonces el padre tiene que volver al mismo lugar y así los hijos. Millones de salmones deberían ir a desovar al mismo lugar. Entonces escribí lo que hoy se llama un microrrelato: “Salmónidos”. Así empecé. Se lo di a leer a Liliana Heker y a otra gente. Liliana reaccionó violentamente, como es ella. Me dijo “me fascina” y después me dijo que eso era un cuento brevísimo -no existía el microrrelato- y que en México estaba la revista El cuento que dirigía Edmundo Valadez y en cuyo consejo de redacción estaba Juan Rulfo y otras personas muy prestigiosas. “Tienen un concurso permanente de este tipo de cuentos”, me dijo, “escribite dos o tres más y mandalos”. Lo hice y gané el concurso. Me gustó y seguí.

Ana María Shúa: Yo llegué de una manera parecida. Me gustaba el género como lectora porque es un género que han escrito todos nuestros grandes maestros: Borges, Cortázar, De Nevi, Bioy, Blaisten. Todos los grandes escritores de cuentos de la Argentina han escrito microrrelatos. No me parecía algo raro ni diferente ni que tuviera algo tan particular, tan distinto. Me gustaba: eso es todo. Y me pasó algo parecidísimo a lo que le pasó a Raúl. En esa época trabajaba en una empresa de publicidad y uno de mis compañeros era Ramón Plaza,  otro redactor que consiguió un trabajo en Ecuador. Antes de irse me regaló una pila de revistas El cuento que eran muy difíciles de conseguir porque casi no circulaban en Argentina. Ahí me encontré con toda la gente que estaba escribiendo microrrelato en América Latina y yo no conocía. Conocí los textos de Arreola, de Brito García, Jiménez Emán, Álvaro Menéndez Leal, en fin, había una cantidad de autores latinoamericanos que escribían microrrelatos. Me encantó ese material y estaba ese famoso concurso permanente de cuento brevísimo. Entonces empecé a escribir cuentos brevísimos para mandar al concurso, mandé un par de textos con una carta, no gané ningún premio, no me publicaron los cuentos, pero en cambio me publicaron la carta. [Risas] En la carta le decía a Edmundo Valadez que si alguna vez venía a la Argentina yo lo iba a invitar a mi casa a comer mi menú para visitas número uno que en ese momento era pollo a las cerezas con crema. Al año siguiente vino Valadez a la Argentina y quiso venir a comer a mi casa y yo me estaba por ir a vivir a Francia, me iba dos días después y no pude cumplir con la promesa y Edmundo Valadez nunca más me volvió a contestar una carta. [Risas] Pero,  bueno, seguí escribiendo cuentos brevísimos (porque así era como se llamaban en esa época) y diez años después conseguí que me publicaran La Sueñera, en 1984.

Fabián Vique: Cuando tenía veinte años leía la revista Puro cuento, que era una revista argentina que dirigía Mempo Giardinelli, no sé qué tan parecida a El cuento, ahí también aparecía también el concurso. El primer cuento que mandé al concurso salió seleccionado y el segundo ganó, pero en la edición que salía publicado también decían que la revista Puro cuento dejaba de salir, [Risas] así que nunca pude retirar el premio -creo que eran unos libros-pero ese estímulo me sirvió para seguir en el género y como el género salía en una revista y tenía cierta entidad no me planteé si estaba bien o no. Después leí que durante muchos años hubo mucha gente preguntándose si eso era literatura. La existencia de esa revista creo que fue muy importante para todos nosotros.

Juan Romagnoli: En mi caso, surgió en un momento  que yo tenía dos trabajos, poco tiempo para escribir y poco tiempo en la cabeza sobre todo. Empecé a escribir textos muy cortos como ejercicio diario de escritura. Me lo propuse como ejercicio para no dejar de escribir para no perder continuidad. Estaba escribiendo muy poco y eso me tenía mal. Después de un año de escribir y ver que había algunos textos me parecían interesantes, los fui guardando. Luego me enteré que existía el género microficción. El primer término que escuché fue minicuento. Es un género que  amo porque si no fuera por la microficción quizás no escribiría. Por suerte lo seguí cultivando y, si bien escribo otras cosas que no son de género, escribo muchas cosas que ya surgen en la cabeza con este formato.

Fabián recién sacó el tema, yo creía que era algo cerrado, pero aún se debate, o hay intelectuales que debaten si la microficción es literatura.  Hace un par de meses, leí en el diario Perfil una nota de Elvio Gandolfo en contra de la microficción, agarrándose de la cabeza desde “El dinosaurio” de Monterroso hasta aquí. ¿Por qué ustedes creen que si es literatura y por qué la eligen?

AMS: Yo te voy a decir una sola palabra: Kafka. Si Kafka no es literatura…

FV: Para ampliar un poquito, aunque sería la respuesta perfecta Kafka. Yo creo que es como comprar un libro de poemas en el tren y decir la poesía no es literatura, depende de lo que leas. A lo mejor, no sé Gandolfo con qué se topó, pobre, para decir eso. No tiene entidad esa afirmación. Digamos tiene palabras, lenguaje y estética, listo es literatura ¿Por qué? Porque es corto. Entonces el haiku no es literatura. No leí lo que dijo Gandolfo, pero no creo que haya un sustento para decir eso, puede ser mala o buena, puede ser pésima. Puede ser que todas las microficciones que se hayan escrito hasta hoy sean todas una basura. Y aunque fueran todas una basura, eso no serviría para decir que no es literatura.

RB: Dicen que no es literatura, y qué es no es literatura y qué no es literatura. La pregunta inicial es esa, porque no podemos decir que algo no es algo si no decimos en qué consiste ese algo. Yo recuerdo ahora, hay muchas respuestas a la pregunta qué es la literatura, Sartre escribió un libro, la literatura es condensación. La palabra poesía en alemán se traduce como condensación en italiano, por ejemplo. O sea que para distinguir el lenguaje corriente de un lenguaje literario lo primero en lo que hay que centrarse es en la concentración de significados y en la utilización memorable de las palabras. Si algo hace diferente a un escritor de un hablante normal es que sus palabras son usadas de forma memorable. Borges “fatigó bibliotecas” y nadie nunca más se olvidó que Borges “fatigó bibliotecas” y escribió “la noche unánime” y después hubo veinticinco mil escritores que se arruinaron porque escribieron “noche unánime”. Si vamos a la microficción es el género donde existe mayor condensación de significado de los géneros prosaicos, existe tanta como en la poesía y el buen autor de microficciones usa las palabras con tanto cuidado y las elige tan bien como el poeta. Yo creo que la microficción es altamente literatura y es alta literatura, no es un género menor. Que haya malos microficcionistas, que usan mal el lenguaje y confunden el humor rampón con el elevado humor que se resalta en la microficción y que haya microficciones que realmente son chistes, eso es otra cosa. Pero no confundamos las desviaciones con el núcleo genérico. La microficción es literatura y de la buena.

JR: Gandolfo tengo entendido que se ha encargado bastante al estudio y a la difusión de la ciencia ficción género que tiene ese problema de si es literatura o no es literatura, entonces pienso que tal vez él hace extensivo esta inquietud que se ve pesa mucho en él a la microficción. Por lo demás, este debate me tiene sin cuidado.

AMS: Gandolfo además es un escritorazo y la verdad es que es una pena que él no estuviese aquí para discutir con él y que se ponga más interesante, pero bueno la microficción comparte muchas de las desdichas de la poesía entre otras cosas que es, como es cortito, es muy fácil producir malas microficciones es muchísimo más fácil escribir un mal libro de microficción que una mala novela, por ejemplo. Y entonces abundan y florecen horribles microficcionistas que nos asestan con espantosas microficciones, pero bueno con la poesía pasa exactamente lo mismo.

Bueno, creo que está contestado. Quería oponerlo a esta otra orilla de fanáticos de la microficción, está la gente de Cuentosymás y de la Internacional Microcuentista, y pareciera que los microrrelatos dan forma a esta especie de club, de fraternidad entre la gente que escribe microficción y la gente que lee ¿Qué es lo que hace a la microficción tan atractiva y tan atrapante?

RB: Si, es verdad. Somos una especie de mafia. Yo, en mi primera antología, no lo llamé así, terminaba mi prólogo diciendo que ese libro se proponía agrandar la cofradía de la microficción. La verdad es que como es género emergente, aunque ahora hay muchos, pero hace veinte años éramos pocos, nos conocíamos todos y éramos una especie de gran familia. Por qué es un género tan atractivo y atrapante. Porque tiene las características de nosotros, de nuestra época y de nuestra sociedad. No por casualidad la microficción mal que les pese a los españoles, es un género latinoamericano. Los españoles insisten en que es un derivado del cuento y por lo tal les pertenece, y se ponen a buscar bajo las piedras antecedentes y se van a Juan de Timoneda y a Juan Ramón Jiménez que claro escribieron cuentos muy cortitos, pero esas no son microficciones. El antecedente verdadero de la microficción moderna es Julio Torri cuando escribió “A Circe”.

¡Circe, diosa venerable! He seguido puntualmente tus avisos. Más no me hice amarrar al mástil cuando divisamos la isla de las sirenas, porque iba resuelto a perderme. En medio del mar silencioso estaba la pradera fatal. Parecía un cargamento de violetas errante por las aguas.
¡Circe, noble diosa de los hermosos cabellos! Mi destino es cruel. Como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para mí.

¿Qué tiene de particular? Bueno tiene de particular la ironía, eso que mencioné antes, nuestras sociedades estuvieron tan sometidas a régimenes autoritarios donde no se pueden decir claramente las cosas y donde se ha desarrollado una sutileza tremenda para expresar lo que uno quiere decir. La microficción es un género especial para eso, porque dice sin decir, alude, sugiere. Los finales de las microficciones generalmente no están escritos están sugeridos en la última línea y el lector escribe su microficción en la cabeza. Si yo digo, de Juan José Arreola “Recuerde usted señora la noche en que nuestra almas lucharon cuerpo a cuerpo”. Todos entendieron lo que quiere decir Arreola, pero no lo escribió está en la cabeza de cada uno. Bueno, eso es típico de la microficción, un poder enorme de sugerencia y finales que realmente están elididos, si bien están sugeridos por la última línea. Y es tan concisa y tiene un lenguaje tan exacto, preciso, tan leve, tan veloz que se aproxima mucho al lenguaje de las computadoras, es algo muy actual. Tampoco es casualidad que Internet sea el mayor vehículo de la microficción.

JV: Volviendo un poco a esto de la hermandad tiene que ver un poco con la buena onda de la gente que hace el género, yo por ejemplo conocí a Raúl en Salamanca en un Congreso donde yo estaba ahí marginalmente y le llevé una hojitas escritas por mi y bueno después me llamó y nos conocimos. Cosa que si yo iba a un congreso de novela y llevaba una novela no sé si uno de los organizadores del congreso me hubiesen llamado. Eso se relaciona también un poco con la situación marginal que tiene el género, no?  Un poco da para eso, para la cofradía. Yo agradezco a Gandolfo y a los otros escritores, porque refuerzan ese lugar de marginalidad que me parece favorable.

AMS: A mí me gustaría agregar algo a lo que dijo Raúl que básicamente estoy de acuerdo. No me gustaría dejar al margen los antecedentes lo que yo llamo los jóvenes de la rebeldía que son los franceses esos locos de los años ´20, Breton, Artaud, Apollinaire todos ellos escribieron textos a los que hoy les podríamos poner el nombre de microficción y por lo menos para mí fueron muy importantes, en mi escritura. Por una parte, y por otra parte en verdad que es un género que se adecua muy bien a la pantalla de la computadora y para circular por la web. Pero basta echar un vistazo en la lista de los best sellers para ver que el género de esta época es el novelón de 500 páginas para arriba, la trilogía Millenium, ese es el género de nuestra época. Porque la minificción exige un buen lector, un lector sofisticado y que esté dispuesto a soportar la fatiga que crea el género porque uno no puede agarrar un libro de minificciones y leérselo de una sentada porque cada uno de los textitos es un pequeño cosmos, un pequeño mundo con sus propias leyes, sus propios caminos, que hay que entrar y hay que conocer y cuando uno termino de aprenderlo se terminó y hay que empezar con el siguiente. Entonces es un género que produce cierto cansancio si uno pretende leerlo de una sentada. Otra vez como la poesía, no? Comparte las desdichas de la poesía. Un libro de microficción, bueno hay que leer dos o tres de vez en cuando.

JR: De mi experiencia con la microficción, yo creo que me permite expresar cosas que en otro género no podría.  Si escribiera diez novelas seguramente no diría lo que podría decir en dos o tres microficciones, digamos en cada microficción en especial. Como género nuevo, así como la poesía es un género milenario, la poesía es una forma de ver el mundo y de expresarlo. La microficción como género creo que también es un modo nuevo de pensar el mundo. Nos permite expresar el mundo de una forma en particular. Y el ejercicio de la microficción creo que trae eso, la posibilidad de investigar y ver el mundo desde el lado de la microficción. Así que obviamente, el lector, consciente o inconscientemente ve el mundo de la misma manera o se permite también verlo desde la misma visión.

En cuanto a la difusión, bueno antes hablamos de los libros de cada uno, de las compilaciones de Raúl Brasca. Hablamos también de España, de México y de Argentina como lugares donde hay mucha producción, lectura y difusión de la microficción. En comparación con España, ¿Cómo es el estado de la edición del género hoy en la Argentina?

FV: Yo la verdad es que no tengo mucha idea, por eso lo dejo primero siempre a Raúl para después meter un bocado.

(Risas generales. Raúl termina su copa de vino y le hace un gesto a Ani Shua que no tocó la suya. La confianza se convierte en una copa de vino que ahora tomar Raúl).

Qué sé yo. Yo edito libros de microficción, de autores y son ediciones muy pequeñas y que circulan poco. Ani tiene cinco libros publicados del género, pero me parece que la microficción no es best seller hoy, y va a faltar bastante tiempo hasta que eso suceda. Pero esto no quiere decir que no se esté difundiendo mucho más, sobre todo en formatos alternativos. Y lo que no hay y está empezando a haber mucho más son encuentros como los ciclos de poesía que hay muchos. Y creo que cada vez va a haber más porque es un género que se presta mucho para la oralidad. Yo supongo que a todos nos pasó antes de venir acá que tenemos microficciones que son legibles y otras que no. Esa va a ser otra oportunidad en cuánto crezca el género. Eso será en el futuro, pero bueno, Raúl sabe más de futuro que yo… (Rien todos)

RB: Yo no soy futurólogo

JR: ¿Cómo que no? Vos no dijiste que todo futuro era peor?

RB: Si, pero eso fue una experiencia pasada (ríe). Hay que ver contra qué lo comparamos eso, hace veinte años se escribían muy pocas microficciones, no había libros dedicados al género íntegramente. Más allá de Marco De Nevi con “El Jardín de las Delicias” y también “Historias de cronopios y famas” si lo queremos tomar como microficción. Lo más común es que los escritores escribieran libros de cuentos y que intercalaran microrrelatos en ellos. Una de las pioneras fue Ani cuando publico “La Sueñera” en el 84…

AMS: Si, y como premio a “Los amores de Laurita”, (Todos ríen) Y claro porque es muy difícil publicar microficciones porque se venden poco, pero como ese año tuve un best seller casi como premio me publicaron “La Sueñera”…

RB: Yo nunca se lo conté pero cuando sacó La Sueñera, en la última página del suplemento de La Nación salieron publicadas varias de sus microficciones y me encantaron. Me encantaron tanto que cuando hice mi primera antología en el año ‘96 todavía me acordaba de una microficción de Ani donde usa la anécdota de Newton y la manzana, entonces la busqué y la antologué. Después de ella se hizo más frecuente que autores publicaran libros de microrrelatos puros. Generalmente ediciones de autor y luego aparecieron las antologías. Acá vanidad explícita creo que las antologías de editorial Desde la gente donde apareció Juan, Fabián, con la enorme difusión que tienen son tiradas de 10.000 ejemplares, hicieron mucho por la difusión del género y crearon muchos microficcionistas. Después aparecieron otras en Colihue y otras en España. Yo creo que como género emergente la difusión de la microficción ha aumentado geométricamente de lo que era hace veinte años. Ahora con Ani vamos a publicar unos libritos de microficción en Granada para leer en el bus, que se tiran 15.000 ejemplares y se regalan en los metros y en los subtes, por una asociación entre una editorial y la alcaidía de Granada. O sea es un género muy virósico y eso aumenta mucho su difusión. No sé si es porque lo deseo pero yo creo que a la microficción le espera un futuro grande.

AMS: No sé Raúl si vos estarás de acuerdo pero con respecto a la pregunta concreta de Gabriela la difusión en la Argentina en comparación con España, no. En España le está yendo mucho mejor a la microficción que acá.

RB: Ah, sí, ahora sí.

AMS: Porque tienen editoriales dedicadas al género que han publicado muchos libros de microficción, por lo menos hay tres, no? Páginas de espuma, ThuleMenos cuarto… Y Cuaderno de vigía. Y hay concursos y publicaciones. Hay una especie de moda de la microficción en España, más que acá. Vamos a ver qué pasa de ahora en adelante, pero hasta ahora han tenido más dinero para la cultura. Las editoriales han tenido mayor apoyo estatal y créditos, que les ha permitido lanzarse a géneros más aventurados.

Pregunta a Raúl para saber cómo será el Congreso Internacional de Microficción de este año que se realizará en Bogotá y me contó que va a ir.

RB: Bueno a partir de la primera antología que publiqué recibí invitaciones para los congresos. No para el primero que se hizo en México si no para el segundo que se hizo en Salamanca y que lo organizó la Doctora Francisca Noguerol y que fue una maravilla porque estaban llenos de dinero y nos daban de comer perfecto. De qué hablamos no me acuerdo bien… [Risas]

AMS: Pero nos divertimos mucho…

RB: Nos divertimos todos mucho, nos hicimos todos muy amigos, el vino español ayuda mucho a eso y realmente después se publicaron las actas del encuentro que se llaman “Escritos Disconformes” donde estaban todas la participaciones. Ahí fue el debut. El tercero fue en Chile al que no asistí, y el cuarto fue en Suiza donde tenían aún más dinero, fue fantástico, en la ciudad de Neuchátel al lado de un lago. Estaba Ani, Luiza Valenzuela, Brito García, el doctor David Lagmanovich, y los españoles Juan José Merino, Aparicio, un montón de intelectuales. Fue un congreso muy del primer mundo. El quinto lo hicimos acá, fue en la Universidad del Comahue,  y fue un congreso típicamente latinoamericano no había nada de plata, ni de lujo, una picadita con mortadela… Fue con una energía tremenda y un paisaje tan singular como es Neuquén, hermoso. Y en la Universidad del Comahue está el único grupo de investigación en el mundo en lengua castellana dedicado exclusivamente al estudio de la Microficción, es un grupo que dirige la doctora Laura Pollastri, es realmente muy importante y eso le valió que se eligiera como sede y vinieron de todos lados. El siguiente es en Bogotá en octubre y ya estoy ahorrando para irme en 2011 a Berlín donde es el próximo, que organizará Fernando Valls de la Universidad de Barcelona.

FV: Yo lo conocí en Salamanca

RB: Él era un muchachito joven que repartía unas hojitas amarillas con sus microficciones, yo todavía las conservo esas hojitas. Luego emigró hacia Yugoslavia donde publicó su primer libro en edición bilingüe en serbio castellana y una antología donde estamos Ani y yo en edición bilingüe serbio castellana. Y ahora vino a la Argentina y puso su editorial para difundir microficción es un campeón!

*

Luego se habló acerca de las nuevas tecnologías como medios de difusión del género, Facebook, Twitter, Blogs. Las preguntas llegaron del público.

AMS: Kafka no conocía el Twitter. Que se yo, es un medio, nada más. Se puede escribir una novela en Twitter y seguramente ya se está escribiendo.

RB: Yo no hablo de Twitter porque no participo.

AMS: Decirnos que usemos Twitter es como decirle a un escultor que use un martillo. Al que no le interesa la literatura, no le va a interesar mi Twitter. Uno puede publicar en Twitter, pero al que no le interesa no lo va a ver. Simplemente se lo saltea. El blog es una cosa maravillosa, e Internet también, no tenemos idea todavía de los alcances que tiene, pero creo que no sirve para atraer, de nuestro lado, a personas que no están interesados. Sirve para encontrarnos con los que sí están interesados.

FV: Es un soporte, cómodo y es buenísimo, pero también lo que pasa es -creo- lo que dice Ani, la pulsión, entre ochenta y ocho comillas, del escritor va por otro lado. Nos rompe un poco las bolas difundir, uno quiere escribir y que difunda otro, alguien que disfrute difundir. Pero es fantástico que existan todas estas posibilidades.

AMS: Ni hablar

FV: Es mejor que repartir papelitos en congresos.

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Un comentario en “El mundo desde una lupa

  1. quisiera saber si ya estan los resultados del Concurso de Microrrelatos, donde puedo consultar

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