Vida de perros

05-08-2010 |Publicado en Eterna Cadencia

Desde Argos, el fiel perro de Ulises, pasando por Kashtanka de Chejov, Flush de Virginia Woolf y Mi perra Tulip de J.R. Ackerley. La literatura ha sabido crear personajes caninos entrañables.
Por GL.

Incapaces de amarse los unos a los otros,
los ingleses se inclinan de forma natural a los perros
J. R. Ackerley.

Uno de los primeros perros inmortalizado a través de la literatura es Argos, la mascota de Ulises. El fiel Argos tiene una aparición breve en la historia, pero importante en La Odisea, ya que es el único que reconoce a Ulises cuando éste vuelve a Ítaca, veinte años después de su partida. Argos lo ve entrar y mueve la cola, arquea las orejas, aunque antes de que Ulises se le acerque, muere.

Así éstos conversaban. Y un perro que estaba echado, alzó la cabeza y las orejas: era Argos, el can del paciente Ulises, a quien éste había criado, aunque luego no se aprovechó del mismo porque tuvo que partir a la sagrada Ilión.

Anteriormente llevábanlo los jóvenes a correr cabras montesas, ciervos y liebres; mas entonces, en la ausencia de su dueño yacía abandonado sobre mucho estiércol de mulos y de bueyes que vertían junto a la puerta a fin de que los siervos de Ulises lo tomasen para abonar los extensos campos: allí estaba tendido Argos, todo lleno de pulgas.

Al advertir que Ulises se aproximaba, le halagó con la cola y dejó caer ambas orejas, mas ya no pudo salir al encuentro de su amo. Entonces Ulises, que le vio desde lejos, se enjugó una lágrima sin que se percatara Eumeo y le preguntó: “Eumeo, es extraño que este perro esté tumbado entre el estiércol.

Su cuerpo es hermoso; aunque ignoro si, con tal belleza, era rápido en la carrera, o era como esos perros falderos que crían los señores por lujo”.

Y tú le respondiste así, porquerizo Eumeo: “Ese can perteneció a un hombre que ha muerto lejos de nosotros. Si fuese tal como era en el cuerpo y en la actividad cuando Ulises lo dejó al irse a Troya, pronto admirarías su rapidez y su vigor: no se le escapaba ninguna fiera que levantase, ni aun en lo más hondo del espeso bosque, porque era sumamente hábil en seguir un rastro.

Mas ahora abrúmanle los males a causa de que su amo murió fuera de la patria, y las negligentes mozas no lo cuidan, porque los siervos, cuando los amos ya no mandan, no quieren hacer los trabajos que les corresponden, pues Zeus quita a un hombre la mitad de su valía cuando le alcanza el día de la esclavitud.”

Diciendo así, entróse por el cómodo palacio y se fue derecho a la sala, hacia los ilustres pretendientes, pero Argos muere a poco de reconocer a su amo luego de veinte años.

Antón P. Chéjov también creó un perro –una perra– muy especial, a la que llamó Kashtanka. En 1887 publicó un cuento con su nombre que relata la vida de un perrita que es perdida por su amo, un carpintero borracho. Kashtanka es encontrada por el dueño de un circo quién la entrena para hacer piruetas. El día de su debut, la perra sale al escenario del circo y cuando está por empezar el show, oye la voz del hijo del carpintero y, sin dudarlo, se lanza sobre el público en su búsqueda.

-¡Padre! -gritó una voz infantil- ¡Pero si es Kashtanka!

-¡Sí que es Kashtanka! -confirmó otra voz, ésta de borracho- ¡Kashtanka! Fiédiushka, que Dios me castigue si no es Kashtanka.

Alguien silbó en las alturas y dos voces, una de niño y otra de adulto, llamaron a pleno pulmón:

-¡Kashtanka! ¡Kashtanka!

El Tío se estremeció y miró al lugar de donde procedían los gritos. Dos caras, una peluda, alcohólica y sonriente, la otra redonda de rojas mejillas y asustada, se le metieron por los ojoso antes se le había metido la viva luz… Recordó, cayó de la silla y empezó a aullar en la arena. Luego pegó un brinco y con alegres chillidos corrió hacia aquellas caras. Estalló un ensordecedor rugido, del que sobresalían los silbidos y un estridente grito infantil:

-¡Kashtanka! ¡Kashtanka!

El Tío saltó la barrera. Luego, por encima de los hombros de alguien, fue a parar a un palco. Para subir al piso siguiente era necesario saltar una alta pared. El Tío trató de hacerlo, pero no pudo y cayó abajo. Luego fue pasando de unos a otros, lamiendo manos y caras, cada vez más arriba, hasta que, por fin, se vio en el gallinero…

Media hora más tarde Kashtanka iba ya por la calle detrás de personas que olían a cola y barniz. Luká Alexándrich se tambaleaba e instintivamente, aleccionado por la experiencia, procuraba mantenerse lejos de las zanjas.

-En el abismo de mis entrañas anida el pecado…-balbuceaba

– Y a ti, Kashtanka, no hay quien te entienda. Comparado con el hombre, eres como un mal carpintero frente a un buen ebanista.

A su lado caminaba Fiédiushka, tocado con la gorra del padre. Kashtanka miraba las espaldas de ambos, le parecía que hacía ya mucho que iba detrás de ellos y se alegraba de que su vida no se hubiese interrumpido ni por un instante.

Chéjov también incluyó perros en, por supuesto, La dama del perrito (1899) y en El Jardín de los cerezos (1904), pero sin adquirir la trascendencia de Kashtanka.

Otro de los grandes perros de la literatura es Flush. La novela fue escrita por Virginia Woolf en 1933, pero Flush, fuera de la ficción, realmente existió. Era un perro cocker spaniel que fue regalado a la poetisa Elizabeth Barrett para que la acompañe durante su período de recuperación de una lesión en la columna en 1842. Barret le escribió un poema llamado “To Flush, my dog”.

Elizabeth y Flush pasaron largos meses encerrados en una habitación, sin contacto con muchas personas, hasta que la poetisa comenzó a sentirse mejor y, entonces, apareció en su vida un hombre. Para Flush el poeta Mr. Browning era su enemigo y por eso las dos primeras veces que lo ve, lo muerde. Elizabeth, muy apenada, le escribe una carta a su enamorado donde justifica a Flush:

No podía dejar de notar aquella expresión de profunda desesperación en su cara. No tuvo más remedio que aplacarse. Por último, le dije, ¡Si fueras bueno Flush, me pedirías perdón!, y, cruzando rápidamente el cuarto, temblando como un azogado, besó primero una de mis manos y luego la otra, tendiéndome las pezuñas para que se las estrechase, y me miró a los ojos con tal expresión de súplica en los suyos, que tú también lo hubieras perdonado.

Otro famoso perro de la literatura es Tulip. En 1956, el novelista Joe Randolph Ackerley escribió una novela sobre su perra Queenie a la que debió cambiarle el nombre por a Tulip en una decisión fue impuesto por los editores. La historia tiene un eje interesante, además de relatar la relación entre un dueño inexperto y su primera mascota, una perra de raza alsaciana -pastor alemán- terca y fiel, se centra en las experiencias que viven en torno a la sexualidad del animal. La historia comienza a tomar forma con el primer celo de Tulip y las complicaciones que esto implica. A diferencia de Flush que está agotada, Mi perra Tulip está en todas las librerías. Beatriz Viterbo reeditó la novela de Ackerley este año, con el agregado de que en la contratapa comenta César Aira la novela:

Mi perra Tulip (1956) es un libro de la experiencia. Se ocupa de un hecho que aunque habría podido considerarse marginal o secundario fue, en el balance final, absolutamente central en su vida. Adquirió, por circunstancias casuales, un perro, una perra en realidad, Tulip, de raza pastor alsaciano, y organizó su vida en torno a ella durante los dieciséis años que vivió el animal. Aunque debe de haber pocos libros tan hermosos sobre la relación de un hombre con un perro, Mi perra Tulip no es en absoluto lo previsible en el género. Trata del amor perfecto, pero en sus propios términos; no habla de él, lo da por sentado, y se ocupa, casi del principio al fin, de un asunto que en general pasan por alto quienes escriben sobre sus perros: su vida sexual. Los períodos de celo de Tulip se dan con enloquecedora puntualidad cada seis meses; son breves, pero de cualquier modo la espera cubre todo el tiempo.

Tulip, también dejó su marca en el cine. El cineasta japonés Paul Fierlinger realizó la película “My dog Tulip” en 2008 integramente realizada con dibujos animados (con la que iniciamos este post).

Anuncios

4 comentarios en “Vida de perros

  1. […] Vida de perros, interesante nota sobre los escritores y/o personajes de ficción y no tanto que encuentran más amor en los perros que en el resto de la humanidad (para Chiche que lo mira por TV). En la nota hay un trailer de My Dog Tulip, peli de de J.R. Ackerley sobre un hombrecito al que le ocurre esto mismo. […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s