Críticas de otros: Cómo viajar sin ver

Diego Grillo Trubba le dió duro al nuevo libro de Andrés Neuman. Lo leí ayer en Cultura Perfil. Cómo viajar sin ver es una especie de diario de viaje. Neuman va haciendo anotaciones sobre los países que recorre en la presentación de su novela “El viajero del siglo” (Premio Alfaguara 2009).

Lo que me doy cuenta es que cuando leo una crítica que considera al libro malo, ¡Me dan más ganas de leerlo! Sobre todo cuando es de alguién que me gusta como Neuman. Esto es lo que dice Grillo Trubba, quedará leerlo y sacar conclusiones propias. ¿Alguién lo leyó? Cuenten…

Si la buena literatura plantea preguntas, la aparición de Cómo viajar sin ver, de Andrés Neuman, formula dos. La primera es por qué el autor decidió presentarnos algo semejante; la siguiente, por qué los editores se lo publicaron.
Supuestas anotaciones de viajes. Cómo viajar… posibilitaría, si los lectores al recorrer sus páginas recordaran que para imprimirlo hubo que matar árboles, que las acciones de Greenpeace –si las tuviesen– subieran aabruptamente en la bolsa. Se trata, según reza en la contratapa, de lo que el autor fue escribiendo a medida que recorría América Latina para promocionar su novela ganadora del Premio Alfaguara –sello que aquí vuelve a reincidir, y uno se pregunta si la entrega del manuscrito no obedecerá a saldar cuentas lo antes posible con cláusulas contractuales.
Neuman escribe sin filtro. Como si fuera un blog o, peor, un twitt. “Volar es empezar a aterrizar” es un ejemplo. “El chileno habla a solas. El argentino habla para sí mismo”, otro. “Pedimos la cerveza local, Medalla. Nos condecoramos. Varias veces”, otro. “Los atascos de Caracas. La Caracas de los atascos. Cada atasco de Caracas. La Caracas de cada atasco”, otro. Las anotaciones de Neuman a veces son más extensas, pero no menos insípidas. A medida que uno lo lee, se pregunta por qué nos está diciendo esto, qué nos importa, con efectos que pueden derivar en rabia creciente o incluso burla. Sin embargo, hay que reconocer que de cuando en cuando la intrascendencia de lo escrito deja lugar a la reflexión abarcativa, por lo general menos profunda que un charco: aforismos que intentan apuntar a Nietszche, pero que harían empalidecer incluso a José Narosky.
Es probable que todo escritor haya tomado la pluma y en algún momento se haya despachado con una sarta de estupideces. Los cuadernos de viajes que se conocen son pocos, probablemente porque son pocos los que permiten apreciar una mirada genial, ya que los genios no abundan. Para el resto de los mortales –lo que incluye a la mayoría de los escritores–, lo fundamental para la construcción de su obra es seleccionar qué se publica y qué no, y saber por qué.
Si Neuman presentó Cómo viajar… a modo de metodología para sacarle dinero a una editorial sin darle nada a cambio, habría que aplaudirlo: lo consiguió.
Diego Grillo Trubba, Cultura-Perfil, pág. 13, 26-12-2010
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