En San Valentín: Grandes peleas de pareja

Pocas escenas de la vida son tan ricas para retratar como las peleas de pareja. Cuando, en un cuento o novela, se avecinan estas batallas uno agudiza los sentidos y se sumerge de lleno en la tensión entre el odio y el amor. Estas guerras alcanzan grados impensables de violencia psicológica porque ponen en juego los sentimientos y las actitudes extremas de sus personajes.

lolita poemas de qué hablamos cuando hablamos de amor

Grandes escritores han sabido describir la furia que sólo se desata ante un ser amado o al que se ha amado. El rencor, el orgullo, el olvido, el desinterés se funden de manera tan aguda que en cualquier otro contexto el relato parecería exagerado, excesivo. No así en el marco de una pareja donde pareciera que casi cualquier cosa puede pasar. Y, en verdad, cualquier cosa pasa en esas discusiones que -en mayor o menor medida- todos hemos vivido.

Existen diferentes tipos de peleas. Hay discusiones en la que ambos se tiran con sillas por la cabeza, otras en la que uno se desborda ante la calma del otro. Hay discusiones que parecen monólogos interrumpidos sólo por silencios, gestos y pensamientos. Está también la guerra fría en donde desaparece el cuerpo a cuerpo y, sin embargo, no desaparece el dolor.

Es genial la descripción que hace Teresa, “Terri”, el personaje de Raymond Carver en ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? sobre la gran pelea con su ex:

“Una noche me dio una paliza. Me arrastró por toda la sala tirando de mis tobillos. Y me decía una y otra vez: “Te quiero, te quiero, zorra”. Y mi cabeza no paraba de golpear contra las cosas”.

Esta relación y sus constantes peleas no tiene desperdicio. El episodio final antes del suicidio de él se parece a una pelea callejera. Sin embargo, Terri intenta convencer con su relato una y otra vez a los reunidos en su casa: “Algunas veces actuaba como un loco, es cierto. Lo admito. Pero me amaba. A su modo, quizá, pero me amaba. En todo aquello había amor, Mel. No digas que no“.

Si hablamos de grandes peleas y de personajes en el abismo no podemos dejar afuera a Charles Bukowski. Sus mujeres enloquecerían a cualquier hombre cuerdo -y a los hombres de Buko, mucho más-. En su poema Ella dijo, lo retrata:

¿Qué hacés con todos esos pañuelos de papel en tu auto?
Nosotros no tenemos pañuelos como esos
¿Cómo es que la radio de tu auto está siempre puesta en alguna estación de rock and roll?
¿Andas por ahí con alguna cosita joven?
Estás tirando jugo de mandarina en el piso.
Siempre que vas a la cocina este trapo queda húmedo y sucio
¿Cómo puede ser?
Cuando llenas la bañera nunca la limpias primero
¿Por qué no pones tu cepillo de dientes atrás en el botiquín?
Siempre deberías secar tu navaja.
A veces pienso que odias a mi gato.
Martha dice que estuviste con ella sentado en la escalera y no tenías pantalones
No deberías usar esos zapatos de $100 en el jardín
y no tienes que andar encima de lo que plantaste
Eso es tonto
Siempre tienes que poner la comida del gato en el mismo lugar.
No hagas pescado al horno en una sartén…
Nunca vi a nadie que frene como vos
Vamos al cine
Oíme, ¿Qué te pasa?
Pareces deprimido.


Por último -por ahora-, recordemos a Vladimir Nabokov y su Lolita. Esta gran historia tiene muchos pasajes de discusiones inundadas de amor y obsesión. La que recuerdo con más fuerza es la pelea que se desata en el momento en que Charlotte, madre de Lolita, revisa la mesita de luz de Humbert Humbert y encuentra las anotaciones sobre su amor por la niña. Esto llevará al suicidio de Charlotte.

Eres un monstruo. Eres un farsante abominable, detestable, criminal. Si te acercas… me asomaré a la ventana y gritaré. ¡Atrás!
Creo que, de nuevo, puede omitirse lo que H. H. murmuró.
– Me marcho esta noche. Todo esto es tuyo. Pero nunca, nunca, volverás a ver a esa pobre chiquilla. ¡Sal de la habitación!

Continúa Humbert:

Arruinas mi vida y la tuya – dije serenamente-. Seamos civilizados. Todo son meras alucinaciones tuyas. Desvarías, Charlotte. Las notas que has encontrado son fragmentos de una novela. Tu nombre y el suyo figuran en ellas por pura casualidad. Porque fueron los primeros que se me ocurrieron. Piénsalo bien. Te preparé una copa (…)

-Un tipo dice que te han matado Charlotte.

Pero Charlotte no estaba en la sala de estar

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