La editora de Tusquets cuenta intimidades

La Nación publica hoy una entrevista a Beatriz de Moura, la dueña de Tusquets. En la nota, la célebre editora relata en detalle su vida y algunos episodios de su relación con grandes escritores como Borges, Bioy y Silvina O. La célebre editora que desnuda la intimidad de los escritores

La rubia ex comunista asegura:

-Marguerite Duras era fea como un sapo y muy antipática.

-Adolfo Bioy Casares, un machista.

-Emile Cioran [el autor de En las cimas de la desesperación] era casi un muerto de hambre que escribía libros con mucho humor.

-Mario Vargas Llosa vivía obsesionado con la raya de los pantalones, y su mujer de entonces, la famosa tía Julia, era una mandona que lo miraba planchar.

-La declararon huésped de honor de la ciudad de Buenos Aires.

-Sí. Fue un lindo homenaje, especialmente porque para mí no hay corte cuando vengo de Barcelona para acá; es como más de lo mismo, son ciudades similares. Y a mí me encanta estar en Recoleta, porque acá conocí a todo ese grupo de escritores, como Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo, Pepe Bianco…

-¿Se juntaban a charlar?

-Más bien acompañábamos a Bioy a La Biela a que comiera su bife, o el revuelto gramajo, las comidas que más le gustaban y que matarían a cualquiera antes de los 30 años. El decía que se sentía mejor en Madrid que en Barcelona, porque había más bife.

-¿Cómo era el trato de Bioy?

-El sabía a quién tenía que seducir y a quién no, y siempre nos trataba con una distancia aristocrática. Era machista y tenía una enorme incapacidad para comunicarse naturalmente con las mujeres.

-¿Y con Silvina cómo era?

-Muy cariñoso, tenían mucho humor juntos, con ella se reía mucho. Pero ya ves, con estas contradicciones, por un lado, un seductor nato, por el otro, la incapacidad de comunicarse naturalmente con las mujeres y, por último, eso de comportarse como un hijo, como un hermano de Silvina.

-¿Coincidió con Borges alguna vez?

-Sí, estaba con mi marido. Lo curioso que Borges, que ya estaba ciego, llegó solo y se pusieron a hablar entre ellos, con Bioy. Creo que a nosotros no nos vieron directamente. La que se puso mal fue Silvina, se hundió en un silencio profundo.

-¿Y por qué cree que es?

-Porque creo que Silvina pensaba que Borges no lo trataba a Bioy como se merecía.

-¿Por qué la editorial se llama Tusquets?

-Porque era el apellido de mi primer marido. En realidad, primero fuimos pareja viviendo juntos, en plena era franquista. Y si no te casabas, casi que te delataban; los porteros no te sacaban la basura ni te limpiaban la escalera. De modo que nos casamos. Decidimos no tener hijos, luego nos separamos y me he vuelto a casar, pero seguimos siendo muy amigos.

-Me imagino que por la época usted debe de haber pertenecido al Partido Comunista.

-Sí, pero sin carnet. En mi juventud yo estudiaba en Ginebra y tenía un 600. Entonces me daban una dirección, yo dejaba el auto, me lo llenaban del diario Mundo Obrero y, como tenía pasaporte diplomático (mi padre lo era), pasaba la frontera y nadie me paraba.

-¿También contrabandeaba armas para la resistencia?

-No… Bueno, supongo que no [carcajadas].

-¿Cuáles fueron los primeros grandes éxitos de Tusquets?

-Milan Kundera, a quien yo traduje del francés personalmente, y Marguerite Duras.

-¿Cómo era ella?

-Fea como un sapo. La pobre estaba devastada. Era una vieja dura y antipática. Jeanne Moreau, que puso la voz en la película El amante de la China del Norte , siempre decía: “Y pensar que hablé para ese sapo”. Después, la Duras tuvo un amante, Jean Andrea, que fue quien la llevó a la bebida y que vivía en una buhardilla de París pagada por ella. La misma a la que fue a vivir años más tarde Enrique Vila-Matas.

-Un París muy concurrido, ¿no?

-Sí, allí vivía Gabriel García Márquez, para nosotros Gabo, que decía que escribía, y un día llegó su amigo Mario, que no era otro que Vargas Llosa, con Julia, su mujer, que era su tía. Recuerdo que eran tan pobres que colgaba un cable desde la lamparita para planchar la raya del pantalón.

-¿Cómo era Julia?

-Muy mandona, guapetona, inteligente, pero mandona. Y allí llegó Patricia, la sobrina de los dos, y supongo que se enamoraron y ya. Debe de haber sido un escándalo, me imagino.

-Usted habló de Cioran…

-Sí, una vez le dije: “A mí sus libros me hacen reír mucho” y él me contestó: “¡Por fin alguien que se ríe con mis libros!”. El era un apátrida, que vivía en una buhardilla infame, porque sus libros no se vendían, y si lo invitabas a comer, lo hacía con fruición.

-En cuanto a la literatura argentina y española…

-Nunca se tocaron. Lo hispano no cruza el Atlántico, ni siquiera se mezcla en el continente. Lo que es una verdadera lástima.

Alejandra Rey
LA NACION

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