Minas de Oro

¿El boom de las escritoras? Esto propone la revista Veintitres en su artículo de hoy. Aseguran: “Desde hace tres meses lideran los rankings y mueven el mercado. Por qué las elige un público variado: temática o estilo. Opinan las autoras y los editores“. Entre ellas, destacan a Isabel Allende, Florencia Bonelli, Claudia Piñeiro, Florencia Canale, Marcela Serrano, Maria Seoane.

La nota entera acá:

Foto: Pablo Stubrin
En 1832, las novelas Indiana y Leila, de George Sand, escandalizaban a la sociedad francesa al hablar del amor por fuera de las imposiciones de la civilización. En 1846, sin mucho éxito, se publicaba un libro de poesía firmado por los señores Currer, Ellis y Acton Bell. En 1859, George Eliot publicaba la novela Adam Belle que, con el correr de los años, se convertiría en uno de los textos utilizados en las universidades para el estudio de la literatura inglesa del siglo XIX. Pero ninguno de estos hombres en realidad existió.

Esos escritos pertenecen a autoras que, como muchas otras, por los prejuicios de su época decidieron firmar bajo seudónimos: Amandine Aurore Lucile Dupin, las hermanas Brontë –Charlotte, Emily y Anne– y Mary Anne Evans, respectivamente. “Currer Bell, George Eliot, George Sand, víctimas todas ellas de una lucha interior como revelan sus escritos, trataron sin éxito de velar su identidad tras un nombre masculino. Así honraron la convención, que el otro sexo no había implantado, pero sí liberalmente animado (…) de que la publicidad en las mujeres es detestable. La anonimidad corre por sus venas”, escribió Virginia Woolf en su ensayo Una habitación propia, de 1929. Un siglo después de que Woolf escribiera este ensayo, todo parece haber cambiado.
Desde agosto pasado, las mujeres dominan los rankings de libros más vendidos en el género de ficción. Más concretamente, seis autoras vienen ocupando la mayoría de los títulos más comercializados, desplazando a los hombres del protagonismo en las ventas: Florencia Canale con Pasión y traición; Florencia Bonelli con Caballo de fuego 2; Isabel Allende con El cuaderno de Maya; Marcela Serrano con Diez mujeres; Gloria V. Casañas con Y Porá y Claudia Piñeiro con Betibú. Entre las seis llevan 223.000 libros vendidos.
“Hasta hace muy poco, las mujeres estaban condenadas al silencio –analizaba hace un tiempo Allende, que vendió cien mil ejemplares con su última novela, sobre una chica de 19 años que se muda de Las Vegas a la isla de Chiloé–. Las mujeres han escrito, en América, desde Sor Juana Inés de la Cruz. Han escrito maravillosos libros e incluso hay una Premio Nobel, Gabriela Mistral. Sin embargo, hay una especie de conspiración de silencio en torno a su trabajo. Si no tenemos éxito, los hombres se sienten más seguros, ya no importa y pueden dar una crítica mejor. Pero eso sí, siempre que el libro no se venda. En la última década, más y más mujeres están escribiendo, porque los editores han descubierto que más y más mujeres leen, y que leen mucha más ficción que los hombres.”
Los números son contundentes: Bonelli vendió cuarenta mil ejemplares de Caballo de fuego 2, Serrano 10.000 con Diez mujeres, Piñeiro 20.000 con Betibú, un policial que narra la investigación de dos crímenes en un country. “En el siglo XIX, las mujeres no escribían, necesitaban su cuarto propio como reclamaba a los gritos Virginia Woolf –explica Canale, editora de Tendencias y Personajes en Veintitrés–. Después, con la inserción de la mujer como escritora en el mercado, se supuso que hacía literatura menor. De un tiempo a esta parte, si bien sigue existiendo la literatura de género, algunas nos decidimos a escribir ya no como mujeres, sino como representantes de una literatura sin género, andrógina, como decía Woolf. Y eso lo hace tal vez más interesante. A mí no se me exigió una forma de escribir, un tema sobre el que escribir ni para quién hacerlo.” Pasión y traición, una novela histórica sobre Remedios de Escalada de San Martín, lleva 38 mil unidades vendidas.
Para la escritora Gloria V. Casañas, que vendió 15.000 ejemplares de Y Porá –una novela de amor enmarcada en la guerra de la Triple Alianza–, “la mujer salió, se abrió al mundo y es lógico que tenga más experiencias de vida que contar. Y el público quiere conocer la voz femenina. Así como en un momento estaba de moda el policial, y allí la mayoría de los escritores son hombres, hoy está de moda la novela histórica, un género liderado por mujeres. Hay curiosidad por revalorizar lo nuestro, recuperar la historia y los valores tradicionales. Allí radica el éxito del género”, dijo a Veintitrés.
Otra autora argentina que supo ser best seller con la novela Borges. Esplendor y derrota (1996), María Esther Vázquez, sostiene que el éxito no radica en una temática sino en el mismo proceso de escritura: “La mujer es mucho más perfeccionista y escribe mejor que el hombre. De la mitad del siglo XX para acá, los valores literarios más importantes fueron sostenidos por mujeres: la pulcritud en la escritura y los tiempos de narración. Aparte, la mujer participa de todo el proceso de publicación y no sólo de la escritura como suelen hacer los hombres: desde la tapa hasta la difusión, la mujer está en cada detalle”. Canale, en disonancia, insiste en no diferenciar un estilo de escritura por género: “Mi adorado Proust es puntilloso, detallista y excelso, Thomas Mann también, y son varones, Virginia Woolf también y es mujer. Yo trabajaba como una loca durante la semana y solamente escribía los fines de semana: no soy un ama de casa que está en su hogar escribiendo luego de las tareas domésticas. Trabajo igual que un hombre y después escribo cuando puedo. Seguramente como Kafka, que trabajaba como un esclavo y no dormía por escribir”.
Allende concuerda: “La literatura misma tiene como única materia prima la palabra, y esa no tiene sexo. A nosotras, como mujeres, no nos conviene segregarnos, porque ya nos segregan bastante, así que no creo necesario establecer un género que se llame literatura femenina”. Para la escritora chilena Marcela Serrano, actualmente liderando el ranking de ventas –con su novela sobre nueve mujeres que, mediadas por una terapeuta, se reúnen para compartir sus historias–, la lucha por el rol de la mujer sigue en juego: “En cada una hay una camisa de fuerza, un rol por cumplir. En una mujer es prioritario ser madre, hija, esposa, amante, hermana, abuela, todos los roles y recién después, somos la esencia. En el mundo masculino, eso no sucede: los hombres son primero su propia sustancia y después, sus roles. Las mujeres de mis novelas tratan de forma desesperada de romper el rol y creo que eso es lo que más nos unifica. Somos una minoría cultural reprimida”.
El crecimiento no sólo se ve expresado en la cantidad de libros vendidos sino que también se sostiene en la cantidad de mujeres que escriben. La editorial Random House Mondadori, por ejemplo, publicó este año –en todos los rubros y contando a autoras de todos los países– a 87 escritoras, 11 más que en 2010. A su vez, 27 de estas obras lograron ser best sellers, frente a 15 el año pasado. Antonio Santa Ana, gerente de literatura del grupo Santillana y editor de Piñeiro, Bonelli y Serrano, no considera que sea un fenómeno sino algo coyuntural: “Si me consultaban hace seis meses había que incluir a Eduardo Sacheri y Mario Vargas Llosa… Lo cierto es que la literatura escrita por mujeres es mucho más visible porque el rol de las mujeres también fue en aumento”. Pablo Avelluto, director editorial de Mondadori, sostiene que uno de los libros significativos que les abrió las puertas a muchas mujeres fue Las viudas de los jueves, de Claudia Piñeiro, que ganó el premio Clarín. “Hay cada vez más escritoras y, por lo tanto, cada vez son más las mujeres que publicamos tanto en ficción como en no ficción. Hay una mayor cantidad de propuestas y de mujeres escribiendo, tenemos muchas autoras exitosas en distintos ámbitos. Por otro lado, en el mercado hay más lectoras y más compradoras.” Algo que también sostiene Canale: “Las mujeres leen más que los varones y compran más libros que los varones. Y lo que pasa con nosotras, o conmigo, es que no solamente las mujeres me leen sino que los varones también, será por eso que me fue bien con esta novela. No es literatura de género, no es una novela escrita por una mujer para mujeres”.
Si bien Vázquez cree que la mayoría de la audiencia es femenina, también se lo atribuye a que “la mujer es más lectora que el hombre, más culta. En las librerías, de cada cinco personas que entran, cuatro son mujeres”. Casañas desmiente que sus lectoras sean en su mayoría mujeres: “Si me guío por los correos que recibo, pensaría que la mayoría de mis lectores son mujeres, pero lo cierto es que el hombre es más reacio a comunicarse”. En cuanto al perfil de los lectores, Santa Ana afirma que “la mayoría son mujeres” y eso se explica porque “los hombres, en su mayoría, leen sólo no ficción, mientras que las mujeres leen de todo”.
En Una habitación propia, Woolf anticipaba: “Porque yo creo que si vivimos aproximadamente otro siglo –me refiero a la vida común, que es la vida verdadera, no a las pequeñas vidas separadas que vivimos como individuos– y si cada una de nosotras tiene quinientas libras al año y una habitación propia; si nos hemos acostumbrado a la libertad y tenemos el valor de escribir exactamente lo que pensamos; (…) si nos enfrentamos con el hecho, porque es un hecho, de que no tenemos ningún brazo al que aferrarnos, sino que estamos solas, y de que estamos relacionadas con el mundo de la realidad y no sólo con el mundo de los hombres y las mujeres, entonces, llegará la oportunidad…”. Esa oportunidad llegó, y lo interesante para el resto, es decir para los lectores, es que cada vez haya más opciones. Escritores y escritoras que producen porque, como concluye Woolf: “…hacer este trabajo, aun en la pobreza y la oscuridad, merece la pena”.

 

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