Robar un verbo

Lo que se dice: robar-un-verbo.

Eso hizo Leo Oyola con Obitó.

No se puede usar ahora sin que remita al gran comienzo de su novela Kryptonita. No se puede evocar sin que uno quede sumergido instantáneamente en esa pileta de agua contenida que resulta la sala de espera de aquel hospital. Por eso digo que lo robó, el muy atrevido, que encima pone siempre esa cara de buen tipo, de bailarín y uno sólo puede quererlo a pesar del saqueo.

Kryptonita, Editoria Mondadori, 2011.

Un corazón ya sin fuego

Abandonado en una calle de tierra

Obitó.

Parece japonés.

Obitó.

Hasta suena gracioso. Y es todo lo contrario.

Obitó.

Cinco letras. Una palabra. Una acción terminal para pronunciar la peor noticia que puedan llegar a recibir. Obitó. Verbo en pasado perfecto. Excelente definición de lo que fue una vida. Algo pasado. Algo único. No importa si fue una vida buena o mala. Fue algo único porque existió ahora ya no más porque…

Obitó.

Cuando pronunciamos la palabra obitó lo que les intentamos decir es que su ser querido, esa persona por la que ustedes lamentablemente nos conocieron bajo esta circunstancia particular, falleció.

Está muerta.

Obitó.

Obitó es una palabra, un verbo, que jamás se pronuncia en una clínica privada. Porque donde hay dinero de por medio es otro el procedimiento. Porque si se paga es para recibir algo diferente. Algo mejor. En teoría. La práctica igual avala. Pero podrían recibir algo mejor. El consuelo de tontos es que peor están los que no tienen obra social. Y ésa es una verdad irrefutable. Les comentaba que en una clínica privada a los familiares nunca se les dice obitó. Se los hace ir a esperar a una sala especialmente preparada para esta situación. Una habitación generosa en espacio. Paredes y techo pintados de blanco. Una habitación impecable. Inmaculada. Sólo con un sofá enorme. Pesado. Un único sofá que invita a sentarse en él sí o sí. No hay sillas. No hay mesas ni mesitas. No hay flores porque no hay floreros. Tampoco cuadros. No hay nada más que ese sofá enorme donde suelen esperar apretados los familiares. No hay nada más que ese sofá y música. Música clásica que sale de parlantes ocultos. Música clásica o algún tema de Vangelis. Si alguna vez a ustedes los hacen pasar a un lugar así, prepárense. Sean conscientes de lo que sigue. 

Sigue: http://www.bn.gov.ar/abanico/A81112/pdf/Leonardo%20Oyola%20-%20Kryptonita.pdf

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