De cómo vive un lector en Buenos Aires

Un lector en Buenos Aires se despierta de un sueño profundo. Soñaba que estaba leyendo una novela donde el protagonista se metía a youtube y buscaba la canción Fly me to the moon, versión en vivo, escribía…

El mismo lector se sienta en la cama unos segundos más tarde y sonríe. Le da ternura descubrir cómo su psiquis, se las ingenió esta noche para traer un recuerdo disfrazado de sueño, de novela, de canción, de verdad.

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De cómo vive un lector en Buenos Aires

Un lector en Buenos Aires puede levantarse de mal humor. De muy mal humor. Puede no atender el teléfono o puede decir “Estoy de mal humor, no quiero hablar” y cortar. Este mismo lector puede enojarse consigo mismo y entonces privarse de leer y rehusarse a agarrar un libro…

Pero lo que seguramente este lector terminará haciendo hoy domingo, y es por eso que en el fondo sabe que tiene salvación, es leer y leer y leer hasta que los ojos ardan. Nanannanana I wanna be sedated!

Imágen: Marcelo Balquinta.

De cómo vive un lector en Buenos Aires

Un lector en Buenos Aires, a veces, está triste. Últimamente el clima pareciera leer su cabeza. Anoche no fue una buena noche. Por supuesto que la novela que está leyendo quedó en la mesita de luz, tal cuál había sido dejada.

Ahora la mira desde el mismo lugar y la mujer en la tapa pareciera guiñarle un ojo… Pero no quiere volver a leer eso. No por ahora. Y se pregunta: ¿Qué debería leer esta lectora que la haga reir nuevamente?

De cómo vive un lector en Buenos Aires

Un lector en Buenos Aires se despierta con los párpados hinchados, los ojos como tajos de Lucio Fontana en una tela amarillenta que lejos quedan del bronceado que alguna vez existió. El color de ojos está más claro que de costumbre, un derrame se acerca peligrosamente a la pupila. No es bueno arrancar un lunes así…

El mismo lector antes de salir de su casa, agrega a su cartera tres libros pequeños de textos cortos… Sabe que la novela que está leyendo deberá esperar -por lo menos- hasta la noche, cuando los ojos vuelvan a su lugar.

De cómo vive un lector en Buenos Aires

Un lector en Buenos Aires contesta sin mirar. Pestañea poco. Mira mal. Hoy odia a todas las personas que vió en el día. Detesta el desayuno que tomó y cree que su almuerzo no es digno de un jueves pre- feriado en el que tendrá que trabajar.

Este mismo lector está de mal humor, no tuvo tiempo esta semana de empezar ese libro de cuentos y esa novela que desea con ansiedad. Y es como si alguien lo estuviera esperando, se siente en deuda. Y sufre.

De cómo vive un lector en Buenos Aires

Un lector en Buenos Aires olvida cumpleaños, olvida comprar azúcar. Olvida personas con una facilidad escándalosa. Pierde dinero, esconde medias. No puede recordar teléfonos, mucho menos el nombre del alimento que su mascota debe comer. Por eso vomita, no porque extrañe. Pero un lector en Buenos Aires jamás olvidará el lugar exacto, preciso, donde duermen cada uno de sus libros, aunque hayan pasado mudanzas, arreglos de humedad, convivencias…

Ese mismo lector cuando queda en silencio un lunes a la noche mirando el piso, no está descansando. Está pensando – en caso de incendio- como salvar en la menor cantidad de tiempo la mayor cantidad de libros. Deja todo pensando en un rincón de su mente, porque se sabe que en esos momentos no se puede pensar, hay que actuar.

“El estante de los preferidos primero hacia el patio, luego se abre el baúl y se empiezan a tirar adentro los libros de la biblioteca derecha- con las dos manos- Se arrastra el baúl y se deja abierta la ventana del lado izquierdo. Una vez afuera, como se pueda, se van sacando los de la biblioteca que quedan a mano… “.

Ese mismo lector, que vive en Buenos Aires, no piensa en cómo salvar a su tortuga hasta después de terminar con los libros.

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