De cómo vive un lector en Buenos Aires

Un lector en Buenos Aires hace tiempo por la ciudad, camina por la Avenida Pueyrredón y entra a un local de moda. Ve un adorno que le gusta, sale $2 y duda durante diez minutos en comprarlo o no. Da vueltas por el local, hasta que decide irse…

Ese mismo lector sigue caminando y entra a la Librería Norte ubicada en la Avenida Las Heras. En tres minutos está en la caja, con tres ejemplares que suman en total un número de tres cifras. Con la respiración contenida, mira al joven librero suplicando que – por favor- esta vez no le cuente las novedades de la semana.

De cómo vive un lector en Bs. As.

Un lector en Buenos Aires se acomoda en la cama, sábanas hasta las axilas, brazos afuera teniendo el libro abierto. El pelo previamente acomodado contra la almohada… No cae ni un mechón sobre su cara, la luz da de lleno sobre las páginas a descubrir.

… Pero la paz se quiebra cuando a este mismo lector le dan ganas de ir al baño… Y entonces recuerda los cuentos de la abuela y la chata mientras su vejiga aguanta a contra reloj línea trás línea sabiendo que irremediablemente en minutos tendrá que levantarse…

Put madr!

De como vive un lector en Moscú

Mi mejor amigo, Nacho Jubilla, está viviendo en Moscú y me mandó esto que comparto con ustedes. Spasiva Patas.

Un lector en Moscú siempre espera el viaje en metro. Las distancias entre estaciones son enorme y las escaleras mecánicas llegan a tardar 5 minutos (en algunos lados hay incluso mas de una). Por eso al lector se le hace fácil meterse rápidamente en cualquier historia y permanecer ahí mucho más de lo que permiten la mayoría de las circunstancias urbanas. Tanto se concentra que cuesta volver a cerrar el libro y promete hacerlo en el próximo punto mientras ya fuera de la escalera mecánica empieza a caminar sin sacar la vista del párrafo. Se interrumpe sólo cuando choca accidentalmente a una señora rusa que va apurada y cargada camino al trabajo. Ella lo mira con mala cara. El lector se esfuerza y dice: “Isvinite pashalsta”. La señora ni siquiera vuelve a mirar y se va.
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El lector guarda el libro en el bolso y se deja llevar por la manada de gente hasta la salida, esperando la vuelta en metro.
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De cómo vive un lector en Buenos Aires

Un lector en Buenos Aires quiere conseguir esos cds donde se leen cuentos para poder manejar y escuchar. Caminar y escuchar. Bañarse y escuchar. Ya conoce de memoria los de Cortázar y Benedetti que tiene. 

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Ese mismo lector, sabe, en el fondo, sabe, y eso es lo más terrible que necesita más tiempo para leer. Y esa sensación se vuelve carne y da una especie de tristeza, de melancolía. Algo que solo se remedia con un saque de lectura que espera poder darse hoy.