Microficción de febrero

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Última elección

El pez resuelto al suicidio evita veloz la red en la que moriría con sus compañeros, pasa de largo frente al anzuelo del pescador rutinario que hojea una revista y traga sin dudar el de un niño que recordará mientras viva los
espasmos terribles de su asfixia.

Raúl Brasca

Viernes de Microficción

Ahora no tengo salida. Voy a iniciar otro viaje. Mi jeringa está lista. Antes, me acurruco y miro. La tarde tiene la coloración de los días cambiados, ésos en los que uno no se encuentra con uno ni con el mundo. Me rodea la gente, tanta gente anónima y encapsulada en su propia soledad, en su lluvia hacia adentro.
Voy a iniciar otro viaje. Antes, escucho la risa redonda y perfecta de una chica que nombra con atenuado reproche al novio que la salpica con agua de mar. Miro a una madre que llama con inusitada dulzura a su hijo que juega en la arena. Pienso: si una vez, si una sola vez alguien hubiera llamado así a mi corazón, ahora tendría una salida o nunca hubiera emprendido un viaje.

 

A Belén,

El viaje de Orlando Van Bredam.

Otro cuento del español Victor Balcells Mata

Para que después no anden diciendo por ahí que no cumplo. El cuento Money de Victor Balcells Mata que comenté el otro día forma parte del libro Yo mataré monstruos por ti. Me gustó mucho el comienzo…

Money

El operario del banco pareció notar que no nos habíamos duchado. Que estuviéramos en la puerta del banco antes de su apertura también era un signo del desastre. El operario del banco sabía muchas cosas: que los tacaños llegaban a última hora y los avaros a primera, que los dandys enriquecidos llegaban más o menos cuando les venía en gana, hacia el ecuador del día cuando el calor estaba en su centro, o el frío se disipaba. Sabía también, por nuestra manera imprecisa de mirar los carteles publicitarios, que íbamos a disminuir de alguna forma la riqueza del banco, por nuestra forma de sentarnos, con el peso apoyado sobre una de las caderas, que no pensábamos negociar nada. Sabía que ya no nos amábamos, que ayer cenamos trágicamente ajos y lechugas, que en nuestra casa hubo una pelea, por eso las heridas y los restos de maquillaje descolgados en la cara, la suya, la de Marcela, la cual me había abandonado hacia las diez de la noche, o quizá un poco más tarde.
– ¿Vienen a cerrar su cuenta común?
– Sí -dijo ella jugando con la grapadora y pensando quizá en graparse el cuerpo entero, o grapármelo a mí, por venganza, como si lo que acaba también tuviera que ser celebrado de alguna manera, satánica, ritualmente en todo caso.
– Bien, vamos a ver cuánto dinero les queda.

Sigo con los poemas chinos

De los hombres que treparon al Himalaya
varios murieron en el camino
Los sobrevivientes llegan a la cumbre
y agitan banderas delante de la cámara,
dejando ver al mundo entero
que han conquistado el pico más alto del planeta
Parados en silencio en un rincón
hay unos sherpas que la cámara no toma
Ellos son cargadores, no conquistadores
Por apenas unos dos mil dólares
pueden ayudar a cualquier conquistador
a conquistar la cumbre del Himalaya.
 

Conquistadores, poema de Yao Feng extraído de Un país mental, 100 poemas chinos contemporáneos.

Selección y traducción de Miguel Ángel Petrecca. Ediciones Gog y  Magog.

Microficción de Lunes surrealista

Se despertó con la última imagen de sueño: dos ojos que lo miraban mansamente sin pestañear. Fue un sueño muy vívido y se sentía acompañado por esa mirada, lo afirmaba sobre sí mismo, lo mantenía erguido; estaba a gusto aunque no podía reconocer a quien pertenecía. En el acto reflejo de mirarse al espejo tardó un tiempo en ver en sus órbitas los ojos soñados y por detrás sus propios ojos. Miró su cara con ojos nuevos y se asombró de lo que devolvía el espejo. Esos ojos lo habían mirado siempre, eran viejos y cansados. En ese movimiento del ánimo la imagen fue diluyéndose hasta que emergieron sus ojos evidenciando ante él a un desconocido. Se demoró en salir a la calle porque sintió la necesidad de darse un nombre. La historia, recién comenzaba.

Román Caracciolo de Cuentosymás.com.ar

Imágen: René Magritte.

De encaje

“Alejate de la mujer rencillosa y habladora, la mujer debe callar y sonreir”. Eso le habían dicho, lo había escuchado, pero lejos de ponerlo en práctica movió su mano para desabrocharle el corpiño negro de encaje. Ella había pasado por todos los estados esa noche. Había llorado, gritado, reído, lo había empujado, mordido y recién ahora lo miraba con algo que no era cariño, ni ternura, más bien era el gesto de una araña que próxima a engullir a su presa, permite que – antes-  la fecunde.

G.L.

Concurso de Microrrelatos en Twitter

La noche del jueves 20 de octubre entre las 20 y las 22 se desarrollará el concurso que entregará un premio de 500 pesos al ganador. Los participantes, residentes en Argentina, tendrán que escribir un microrrelato de 140 caracteres, de temática libre.

Organiza la Editorial Outsider. Hay que seguir a @ed_outsider. El jurado está compuesto por Claudia Piñeiro, Eugenia Zicavo y Santiago Llach. El resultado final será informado el viernes 21 a partir de las 20. Además de los 500 pesos, el ganador será acreedor de tres libros de la editorial, y los segundos y terceros en el podio también recibirán libros. Las bases completas se pueden consultar en el blog del sello.

Imágen: Laura Makabresku.

Microficción por el Día de la Madre

Me adelanto un día porque mañana domingo estaré desfilando por casas y madres. No dejen de leer esta microficción, a mí me emociona…

Siempre imagino que mi madre tiene nada más que venticinco años (la edad que ella tenía cuando yo nací), de ahí, que me enfurezca si la oigo arrastrar los pies, cloquear, toser o pensar como una vieja. No entiendo por qué a los venticinco años le han salido arrugas ni me explico cómo siendo tan joven se acuesta tan temprano.

 Si en algún momento de pavorosa lucidez advierto que es una vieja, tal descubrimiento me llena de horror, por lo cual trato inmediatamente de expulsar dicho conocimiento de la luz de mi conciencia, de manera que en seguida recupera sus venticinco años.

Ella me trata a mí continuamente como si yo fuera una niña, por lo cual nos entendemos perfectamente.

No insisto en crecer, porque sé que es inútil: para nosotras dos, el tiempo se ha estacionado y ninguna cosa en el mundo podría hacerlo correr. Moriré de cinco años y ella de venticinco: a nuestros funerales asistirá una muchedumbre de ancianos niños y de niños que jamás llegaron a crecer.

Crianzas de Cristina Peri Ross.

Imágen: Klimt.

Una mujer enamorada

 

Hasta el fin de sus días, Perseo vivió en la creencia de que era un héroe porque había matado a la Gorgona. Si, justamente a una mujer de la edad, la experiencia, de los recursos (la mirada) de la Gorgona. Lo que ocurrió fue que Medusa, en cuanto lo vió de lejos, se enamoró de él. Ya estaba harta de hombres de piedra. Quería a su lado a un muchacho joven, de carne y hueso, vivo. Ardiendo, pues en deseos, bajó los párpados y permitió que Perseo se acercase. Terrible error el de esta mujer enamorada: Perseo le cortó la cabeza.

Microficción de Marco Denevi.