Viernes de Microficción

Ahora no tengo salida. Voy a iniciar otro viaje. Mi jeringa está lista. Antes, me acurruco y miro. La tarde tiene la coloración de los días cambiados, ésos en los que uno no se encuentra con uno ni con el mundo. Me rodea la gente, tanta gente anónima y encapsulada en su propia soledad, en su lluvia hacia adentro.
Voy a iniciar otro viaje. Antes, escucho la risa redonda y perfecta de una chica que nombra con atenuado reproche al novio que la salpica con agua de mar. Miro a una madre que llama con inusitada dulzura a su hijo que juega en la arena. Pienso: si una vez, si una sola vez alguien hubiera llamado así a mi corazón, ahora tendría una salida o nunca hubiera emprendido un viaje.

 

A Belén,

El viaje de Orlando Van Bredam.

Otro cuento del español Victor Balcells Mata

Para que después no anden diciendo por ahí que no cumplo. El cuento Money de Victor Balcells Mata que comenté el otro día forma parte del libro Yo mataré monstruos por ti. Me gustó mucho el comienzo…

Money

El operario del banco pareció notar que no nos habíamos duchado. Que estuviéramos en la puerta del banco antes de su apertura también era un signo del desastre. El operario del banco sabía muchas cosas: que los tacaños llegaban a última hora y los avaros a primera, que los dandys enriquecidos llegaban más o menos cuando les venía en gana, hacia el ecuador del día cuando el calor estaba en su centro, o el frío se disipaba. Sabía también, por nuestra manera imprecisa de mirar los carteles publicitarios, que íbamos a disminuir de alguna forma la riqueza del banco, por nuestra forma de sentarnos, con el peso apoyado sobre una de las caderas, que no pensábamos negociar nada. Sabía que ya no nos amábamos, que ayer cenamos trágicamente ajos y lechugas, que en nuestra casa hubo una pelea, por eso las heridas y los restos de maquillaje descolgados en la cara, la suya, la de Marcela, la cual me había abandonado hacia las diez de la noche, o quizá un poco más tarde.
– ¿Vienen a cerrar su cuenta común?
– Sí -dijo ella jugando con la grapadora y pensando quizá en graparse el cuerpo entero, o grapármelo a mí, por venganza, como si lo que acaba también tuviera que ser celebrado de alguna manera, satánica, ritualmente en todo caso.
– Bien, vamos a ver cuánto dinero les queda.

Sigo con los poemas chinos

De los hombres que treparon al Himalaya
varios murieron en el camino
Los sobrevivientes llegan a la cumbre
y agitan banderas delante de la cámara,
dejando ver al mundo entero
que han conquistado el pico más alto del planeta
Parados en silencio en un rincón
hay unos sherpas que la cámara no toma
Ellos son cargadores, no conquistadores
Por apenas unos dos mil dólares
pueden ayudar a cualquier conquistador
a conquistar la cumbre del Himalaya.
 

Conquistadores, poema de Yao Feng extraído de Un país mental, 100 poemas chinos contemporáneos.

Selección y traducción de Miguel Ángel Petrecca. Ediciones Gog y  Magog.

Microficción de Lunes surrealista

Se despertó con la última imagen de sueño: dos ojos que lo miraban mansamente sin pestañear. Fue un sueño muy vívido y se sentía acompañado por esa mirada, lo afirmaba sobre sí mismo, lo mantenía erguido; estaba a gusto aunque no podía reconocer a quien pertenecía. En el acto reflejo de mirarse al espejo tardó un tiempo en ver en sus órbitas los ojos soñados y por detrás sus propios ojos. Miró su cara con ojos nuevos y se asombró de lo que devolvía el espejo. Esos ojos lo habían mirado siempre, eran viejos y cansados. En ese movimiento del ánimo la imagen fue diluyéndose hasta que emergieron sus ojos evidenciando ante él a un desconocido. Se demoró en salir a la calle porque sintió la necesidad de darse un nombre. La historia, recién comenzaba.

Román Caracciolo de Cuentosymás.com.ar

Imágen: René Magritte.