De encaje

“Alejate de la mujer rencillosa y habladora, la mujer debe callar y sonreir”. Eso le habían dicho, lo había escuchado, pero lejos de ponerlo en práctica movió su mano para desabrocharle el corpiño negro de encaje. Ella había pasado por todos los estados esa noche. Había llorado, gritado, reído, lo había empujado, mordido y recién ahora lo miraba con algo que no era cariño, ni ternura, más bien era el gesto de una araña que próxima a engullir a su presa, permite que – antes-  la fecunde.

G.L.

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Concurso de Microrrelatos en Twitter

La noche del jueves 20 de octubre entre las 20 y las 22 se desarrollará el concurso que entregará un premio de 500 pesos al ganador. Los participantes, residentes en Argentina, tendrán que escribir un microrrelato de 140 caracteres, de temática libre.

Organiza la Editorial Outsider. Hay que seguir a @ed_outsider. El jurado está compuesto por Claudia Piñeiro, Eugenia Zicavo y Santiago Llach. El resultado final será informado el viernes 21 a partir de las 20. Además de los 500 pesos, el ganador será acreedor de tres libros de la editorial, y los segundos y terceros en el podio también recibirán libros. Las bases completas se pueden consultar en el blog del sello.

Imágen: Laura Makabresku.

Microficción por el Día de la Madre

Me adelanto un día porque mañana domingo estaré desfilando por casas y madres. No dejen de leer esta microficción, a mí me emociona…

Siempre imagino que mi madre tiene nada más que venticinco años (la edad que ella tenía cuando yo nací), de ahí, que me enfurezca si la oigo arrastrar los pies, cloquear, toser o pensar como una vieja. No entiendo por qué a los venticinco años le han salido arrugas ni me explico cómo siendo tan joven se acuesta tan temprano.

 Si en algún momento de pavorosa lucidez advierto que es una vieja, tal descubrimiento me llena de horror, por lo cual trato inmediatamente de expulsar dicho conocimiento de la luz de mi conciencia, de manera que en seguida recupera sus venticinco años.

Ella me trata a mí continuamente como si yo fuera una niña, por lo cual nos entendemos perfectamente.

No insisto en crecer, porque sé que es inútil: para nosotras dos, el tiempo se ha estacionado y ninguna cosa en el mundo podría hacerlo correr. Moriré de cinco años y ella de venticinco: a nuestros funerales asistirá una muchedumbre de ancianos niños y de niños que jamás llegaron a crecer.

Crianzas de Cristina Peri Ross.

Imágen: Klimt.

Una mujer enamorada

 

Hasta el fin de sus días, Perseo vivió en la creencia de que era un héroe porque había matado a la Gorgona. Si, justamente a una mujer de la edad, la experiencia, de los recursos (la mirada) de la Gorgona. Lo que ocurrió fue que Medusa, en cuanto lo vió de lejos, se enamoró de él. Ya estaba harta de hombres de piedra. Quería a su lado a un muchacho joven, de carne y hueso, vivo. Ardiendo, pues en deseos, bajó los párpados y permitió que Perseo se acercase. Terrible error el de esta mujer enamorada: Perseo le cortó la cabeza.

Microficción de Marco Denevi.