Poema x poema y el mundo quedará perro

perro_blog

El mundo se puso patas para arriba cuando hice castrar a mi perro. Su comportamiento mejoró sustancialmente y yo estaba muy conforme. Dejó de perseguir a las perritas, no se ponía tenso frente a los machos, hasta dejó de mostrar los colmillos. El problema era que les hizo perder la cabeza demasiadas veces. En especial a los jóvenes, inexpertos, pero también a los grandes con sus sentidos debilitados, se pegaban a él, olvidándose de sus dueños. Bueno, Floki, pero sino es una perrita, se sonreía una mujer mayor. Continuamente tenía que estar explicando a los desconocidos que mi perro era macho, entonces ellos tiraban de la correa de sus perros. Lo más divertido eran los encuentros con los vecinos, que antes ponían en guardia a sus hijos contra mí y ahora en cambios, sus perros se babeaban alrededor del culo de mi perro. La señora del décimo piso se puso colorada como un tomate arrastrando a su terrier, mientras que otros después por prevención ¿para no pasar vergüenza? cruzaban la calle y nos evitaban haciendo un gran desvío. Tuvimos que buscar compañía en terrenos desconocidos. Y para que pudiera correr con otros perros, preferí no hablar de su sexo. Me parecía que no tenía sentido hacer de mi perro el campo de batalla para cambiar el mundo. Y mis críticos evaluaron que yo estaba evolucionando porque pasé de los poemas de maricas a los poemas de perros.

Mi perro. Brane Mozetic. Bajo la luna. 

Poema x poema y el mundo acabará mujer

Siempre llevo poesía, cuentos o extractos de novelas para leer en el taller que doy en Vieja Guarida. Es la forma más fácil que encontré para hablar de ciertos temas, para ejemplificar qué relatos considero que fueron bien resueltos o incluso algo más simple como ¿qué es poesía y que no?

El martes pasado lleve autores norteamericanos de la corriente minimalista de las décadas del 60, 70 y 80. Leí poemas de Raymond Carver, Larry Levis, Stephen Dunn, pero lo que más gustó, ahí donde se frenó el martes fue con los poemas de la única mujer que leí: Susan Griffin. Acá les dejo dos poemas.

muze-apercu

TRES POEMAS PARA MUJERES
1
Este es un poema para una mujer que lava platos.
Este es un poema para una mujer que lava platos.
Debe ser repetido.
Debe ser repetido
una y otra vez,
una y otra vez,
porque la mujer que lava platos
porque la mujer que lava platos
no puede oír bien
no puede oír bien.
 
2
Este es otro poema para una mujer
limpiando el piso
que no oye del todo.
Un minuto de silencio
por la mujer que limpia el piso.

3
Y otro poema más
para la mujer que está en casa
con los niños.
Nunca la ves por las noches.
Quédate mirando a un espacio vacío
e imagínala allí,
a esa mujer con los niños
porque no puede estar aquí para hablar
por sí misma,
y escucha
lo que piensas
que ella puede decir.

 
RESPUESTA A LA PREGUNTA DE UN HOMBRE: “¿QUÉ PUEDO HACER POR LA LIBERACIÓN DE LA MUJER?”

Lleva un vestido.
Lleva un vestido que tú misma has hecho,
o has comprado en una tienda.
Lleva un vestido y bajo el vestido lleva elástico,
alrededor
de tus caderas y bajo tus pezones.
Lleva un vestido y bajo el vestido lleva una toalla sanitaria.
Lleva un vestido y lleva zapatos con tacos altos.
Lleva un vestido con elástico y una toalla sanitaria debajo
y zapatos de tacos altos en tus pies
y camina cuesta abajo por Telegraph Avenue.
Lleva un vestido con elástico y una toalla sanitaria
y zapatos de tacos altos por Telegraph Avenue
e intenta correr.
Encuentra un hombre.
Encuentra un hombre bueno que te gustaría que te pidiera una cita.
Encuentra un hombre bueno que te pedirá una cita.
Mantén tu vestido puesto.
Pídele al hombre bueno que te cita, que venga a cenar contigo.
Prepárale al hombre bueno una cena exquisita
que la cena esté pronta antes de que llegue
y tu vestido sea bonito y limpio y lleva una sonrisa.
Dile al hombre bueno que eres virgen
o que no tienes nada para evitar embarazarte,
o que te gustaría conocerlo mejor.
Mantén el vestido puesto.
Ve sola al cine.
Encuentra un trabajo.
Plancha tu vestido.
Lleva tu vestido planchado y prométele al jefe
que no quedarás encinta (en tu caso es predecible) y que te gusta
escribir a máquina
y sé sincera y lleva tu sonrisa.
Encuentra un trabajo o acógete al seguro social.
Pide prestado un niño y acógete al seguro social.
Pide prestado un niño y quédate en casa todo el día con el niño,
o anda a un parque público con el niño y lleva al niño
a la oficina del seguro social
y llora y di que tu hombre te dejó
y sé humilde y lleva tu vestido, tu sonrisa, y no repliques,
mantén el vestido puesto,
prepara cenas exquisitas,
aléjate de Telegraph Avenue,
y aún así, nunca sabrás
ni la mitad, ni en un millón de años.

Poema x poema y el mundo acabará tostada

Imagen

Al mudarnos
mi hermana y yo
dividimos las pertenencias.
Algunas cosas
pasan a ser necesarias
y otras imprescindibles
según nuestro estado de ánimo.
Nos mudamos ya muchas veces
más de las que hubiéramos querido.
No quiero el microondas
ni la cafetera ni los platos.
Quiero llevarme lo mínimo.
Tampoco el cuadrito de rosas bordadas
ni los candelabros.
Me gustan las velas
pero no los candelabros.
La casa que compartimos en Buenos Aires
se llenó de la casa que vaciamos
en Bahía, después de tu muerte.
Ahora vaciamos otra vez la casa
para mudarnos cada una sola.
Esta mañana
volví a mirar la puerta redonda del lavarropas.
Ese, que no terminaste de pagar
porque tu vida terminó antes.
Mamá
ahora, un día como hoy
en que decido no ir al trabajo
porque llueve
porque quiero dejarlo
al trabajo
a él.
Pienso
qué voy a hacer mamá
si me enamoro.
¿Habrá lugar algún día
en alguna de mis casas
para nuestros objetos
todos, bajo un mismo techo?
Los días pasan
y yo
rondo la punta de la pregunta.
Hoy,
por ejemplo
poder decir no, y hacer
un hueco de luz
adentro de la casa
que huele a mi
que se llena de las plantas verdes
que crecen
porque cuando estoy triste
trabajo con mis manos su tierra
y las dos nos transformamos
en un acto de iniciación.
Ahora
mientras las tostadas
crujen al calor
de la tostadora
que en la repartición fue mía
pienso en las tostadas que me hacías
pienso en tu felicidad
al comprar la tostadora eléctrica
la llegada de la tecnología
la promesa de la buena vida
que siempre esperaste
porque no supiste donde hallar.
Qué dirías mamá
si supieras que ya no tomo más café
ni como más carne
que lloro cada vez menos
que nunca volví al cementerio
que vivo sola con mi gata
que sufro por amor.
Que no estás para escuchar.
Que creo haber olvidado
tus olores.
Que sólo queda esa permanencia
sutil
en los objetos.

¿Para qué sirve la ficción?

Lo que siempre quise explicar cuando alguien me preguntaba por qué leía tanta ficción. Por qué en cambio no reemplazaba alguna de esas lecturas por una biografía, algo de historia… Bueno, María Teresa Andruetto usó las mejores palabras para explicar lo que siempre intenté:

¿Para qué sirve la ficción? ¿Tiene alguna utilidad, alguna funcionalidad en la formación de una persona, en nuestro caso de un niño, es decir justamente de una persona en formación? Vamos los hombres y mujeres al diccionario para saber acerca de las palabras y a los libros de ciencia para saber de ciencia y a los diarios y periódicos para leer las noticias de último momento y a las carteleras de cine para saber qué películas pasan. Pero ¿a qué sitio vamos para saber acerca de nosotros mismos? Los lectores vamos a ala ficción para intentar comprendernos, para conocer algo más acerca de nuestras contradicciones, miserias y grandezas, es decir acerca de lo más profundamente humano.

Andruetto, Ma. Teresa. Hacia una literatura sin adjetivos. Ponencia presentada en la Jornada de Literatura Infantil y Juvenil “Abrir un libro, abrir un mundo” realizada dentro del marco del Seminario de Literatura Infantil Latinoamericana de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires el 5 de julio de 2008. (Integra el libro Hacia una literatura sin adjetivos, de la editorial Comunicarte). Pág. 1.

Poema x poema y el mundo acabará nato

ddd

La rabia es que vuelvan ya sin brillo, 
neutralizadas por la indiferencia del día, 
esas formas que uno quería inigualables, 
esos giros de palabras revistiendo un rayo sobre un árbol. 
Y el enojo del papel arrugado, 
mi sobresalto de debilidad
mientras, con límpida serenidad, 
transcurre el deseo de vida. 
Sobre la parra
el estornino recogió el grano temporal. 
El racimo sigue brillando. 
No lo describo. 
Tampoco lo saboreo. 
Mañana, seco, 
saciará el instante perdido. 
 

Jean- Luc Steinmetz, Antología poética.

Editorial Libros de Tierra Firme.

Poema x mañana y el mundo acabará despierto

***
Tendría unos nueve años
la tarde en que mi madre
me dijo andá a la frutería
y traeme medio quilo
de esas peras que Agustín
robó en Tagaste en el año 370.
Fue mamá ella misma esa vez
la que dijo quedate con el vuelto.
***
Edgardo Dobry, “Mandado” en El lago de los botes.
Antología de poesía argentina hoy.  Ed. Bruguera. Mario Campaña.
Imágen:  Película This is England.

Poema x poema y el mundo quedará tomate

Imagen

—No vive ya nadie en la casa —me dices—; todos se han ido. La sala, el dormitorio, el patio, yacen despoblados. Nadie ya queda, pues que todos han partido.

Y yo te digo: Cuando alguien se va, alguien queda. El punto por donde pasó un hombre, ya no está solo. Únicamente está solo, de soledad humana, el lugar por donde ningún hombre ha pasado. Las casas nuevas están más muertas que las viejas, por que sus muros son de piedra o de acero, pero no de hombres. Una casa viene al mundo, no cuando la acaban de edificar, sino cuando empiezan a habitarla. Una casa vive únicamente de hombres, como una tumba. De aquí esa irresistible semejanza que hay entre una casa y una tumba. Sólo que la casa se nutre de la vida del hombre, mientras que la tumba se nutre de la muerte del hombre. Por eso la primera está de pie, mientras que la segunda está tendida.

Todos han partido de la casa, en realidad, pero todos se han quedado en verdad. Y no es el recuerdo de ellos lo que queda, sino ellos mismos. Y no es tampoco que ellos queden en la casa, sino que continúan por la casa. Las funciones y los actos se van de la casa en tren o en avión o a caballo, a pie o arrastrándose. Lo que continúa en la casa es el órgano, el agente en gerundio y en circulo. Los pasos se han ido, los besos, los perdones, los crímenes. Lo que continúa en la casa es el pie, los labios, los ojos, el corazón. Las negaciones y las afirmaciones, el bien y el mal, se han dispersado. Lo que continua en la casa, es el sujeto del acto.

César Vallejo. Poemas Humanos.

Foto: Breaking upwards.

Perros en la literatura

Lo bueno de seguir a @clementedeviaje es que recomienda notas copadas como ésta que salió en Página 12 la semana pasada. Cuando vi por dónde venía, la guardé para el viaje de vuelta. Y sí, claro.

Si al terminar de leerla te pasa lo mismo, te recomiendo dos libros: Mi perra Tulip de J. R. Ackerley y un clásico: Flush de Virginia Woolf.  Más data sobre los perros en la literatura acá.

El poder del perro

sl03fo01

 Por Neil Gaiman

El 30 de abril de 2007, rescaté a un perro al costado de la ruta. Por aquel entonces escribí: “Camino a casa, manejando bajo la lluvia, cuando salí de la autopista para ir a casa, vi a un perro blanco, grande, en la banquina. En un par de segundos pasé de pensar ‘está paseando y sabe exactamente lo que hace’ a repensar ‘está absolutamente aterrado e incluso si no está perdido tiene miedo de los autos y en peligro de lanzarse a la autopista’.

Paré, crucé la ruta y me acerqué adonde él estaba. Se alejó, arisco y nervioso, y después se me acercó, temblando. No tenía collar ni identificación, nada más una cadena alrededor del cuello. Y era grande. Y estaba muy húmedo y sucio de barro. Mientras pasaban los autos, decidí que lo más inteligente sería subirlo al mío y pensar qué hacer. Abrí la puerta y él se trepó. El auto era un Mini y él ocupaba la mayor parte del espacio, incluso de mi espacio. Un perro grande, un auto chico.

Leer más »

Marilyn Monroe x Truman Capote

Qué lindo es este retrato que escribe Truman Capote de Marilyn Monroe, es siempre lindo… Si no lo leyeron está en Retratos (Anagrama, 2001) o acá abajo. Adorable Criatura Escena: La capilla de la funeraria Universal en la Avenida Lexington y la calle Cincuenta y dos, Nueva York. Un interesante grupo representativo se apretuja en los asientos: celebridades, en […]

Poema x Poema y el mundo quedará 2013

3688397176_d80ee78810

Los dinosaurios desaparecieron por falta
de ideas progresistas.
De lo contrario habrían conjurado la vasta
desproporción entre el tamaño de la cabeza
y el imposible volumen del resto.
Por algún tiempo el equilibrio
pareció estable entre la inocencia
y la gestación de tragedias ciclónicas.
Hasta que la incongruencia determinó
las opciones vitales de esa vida monumental:
o bien el cerebro no pudo controlar
el mecanismo de la masa en estado crítico
o quizás el universo fue demasiado para él,
acaso un ácido sombrío que lo fue desvaneciendo
por diminutos, sucesivos estallidos
que terminaron por desplomar la especie.
Por cada cerebro, un derrumbe de montaña.
 

Epigrama con dinosaurios, de  Joaquín Giannuzzi

en ¿Hay  alguien ahí?

Para ser novelista, John Gardner

Vale mucho la pena leer el libro “Para ser novelista” de John Gardner. Este fin de semana releí el prólogo, escrito por un alumno suyo que luego se convirtió en un GRAN escritor. ¿Saben quién es? Fijense. No tiene desperdicio.

Prólogo  

Hace mucho tiempo —era el verano de 1958—, mi mujer, nuestros dos niños y yo abandonamos Yakima, Washington, para trasladamos a un pueblecito de las afueras de Chico, California. Allí encontramos una casa antigua por veinticinco dólares al mes. A fin de poder pagar este traslado había tenido que pedir prestados ciento veinticinco dólares a un farmacéutico para el que había trabajado de repartidor, un hombre llamado Bill Barton.

Con esto vengo a decir que en aquella época mi mujer y yo estábamos sin blanca. Nos ganábamos la vida a duras penas, pero el plan era que yo estudiara en lo que entonces se llamaba Chico State College. Pero desde mis primeros recuerdos, desde mucho antes de que nos trasladáramos a California en busca de una vida distinta y de nuestro pedazo del pastel americano, yo había querido ser escritor. Quería escribir, escribir lo que fuera —ficción, naturalmente, pero también poesía, obras de teatro, guiones cinematográficos y artículos para Sports Afield, True, Argosy y Rogue (algunas de las revistas que leía entonces), y para el periódico local—, cualquier cosa que requiriera juntar palabras y crear algo coherente e interesante para alguien aparte de mí mismo. Pero en la época en que nos trasladamos, yo sentía en lo más profundo que para llegar a ser escritor tenía que estudiar. Entonces tenía muy buen concepto de los estudios —mejor del que tengo ahora, seguro, pero eso es porque soy mayor y tengo estudios—. Téngase en cuenta que nadie de mi familia había ido a la universidad ni pasado siquiera del obligatorio octavo curso de segunda enseñanza. Yo no sabía nada, pero sabía que no sabía nada.

Así pues, junto con el deseo de estudiar, tenía también un deseo muy fuerte de escribir; era un deseo tan fuerte que, con el aliento que recibí en la universidad y el criterio que adquirí, seguí escribiendo durante mucho tiempo a pesar de que el «sentido común» y la «cruda realidad» me aconsejaban una y otra vez que desistiera, que dejara de soñar, que siguiera adelante discretamente y me dedicara a otra cosa.

Leer más »

El Juan Rulfo para Samanta Schweblin

Samanta Schweblin ganó el Premio Internacional de Cuento Juan Rulfo. Desde #eBlogtxt nuestras felicitaciones!!

samanta-01

Y para los que tengan ganas de meterse en el mundo schewbliniano, acá les dejo el cuento ganador, MUY BUENO:

Un hombre sin suerte 

Ansia Lenz

El día que cumplí ocho años, mi hermana -que no soportaba que dejaran de mirarla un solo segundo-, se tomó de un saque una taza entera de lavandina. Abi tenía tres años. Primero sonrió, quizá por el mismo asco, después arrugó la cara en un asustado gesto de dolor. Cuando mamá vio la taza vacía colgando de la mano de Abi se puso más blanca todavía que Abi.

-Abi-mi-dios –eso fue todo lo que dijo mamá- Abi-mi-dios –y todavía tardó unos segundos más en ponerse en movimiento.

La sacudió por los hombros, pero Abi no respondió. Le gritó, pero Abi tampoco respondió. Corrió hasta el teléfono y llamó a papá, y cuando volvió corriendo Abi todavía seguía de pie, con la taza colgándole de la mano. Mamá le sacó la taza y la tiró en la pileta. Abrió la heladera, sacó la leche y la sirvió en un vaso. Se quedó mirando el vaso, luego a Abi, luego el vaso, y finalmente tiró también el vaso a la pileta. Papá, que trabajaba muy cerca de casa, llegó casi de inmediato, pero todavía le dio tiempo a mamá a hacer todo el show del vaso de leche una vez más, antes de que él empezara a tocar la bocina y a gritar.

Cuando me asomé al living vi que la puerta de entrada, la reja y las puertas del coche ya estaban abiertas. Papá volvió a tocar bocina y mamá pasó como un rayo cargando a Abi contra su pecho. Sonaron más bocinas y mamá, que ya estaba sentada en el auto, empezó a llorar. Papá tuvo que gritarme dos veces para que yo entendiera que era a mí a quien le tocaba cerrar.

Leer más »

Un poema por lluvia y el mundo quedará medicado

Al manosear la masa de harina
la impresión de no poder deshacerse
de la masa pegada en las dos manos
los insectos que revolotean adheridos a plantas o animales
y la pareja de enamorados cohibidos
ante el sexo pegajoso y endemoniado
¿no lo habrían experimentado lo suficiente?
Los maniquíes de las vidrieras
vestidos con traje de novia
nos recuerdan la aguada masa gris.
Es con el cráneo vacío
al que se le ha eliminado el instinto
me recuerda a la momia de alta estatura en vendajes
en una ciudad de maniquíes, hormigón y hierro, 
la lluvia que desea inflarse en la masa de bienes materiales, 
la lluvia al calarse la ropa y tocar la carne
se entremezcla con la savia oculta
¿de quién, puedo decir que es realmente la lluvia?
Si es mía esa lluvia mezclada con la lluvia
cae la tormenta
con el vigor para ahogar
incluso a los que celebraron el rito de la lluvia
la tormenta que cae a cántaros, sin tener dónde calarse
aumenta a repentinamente
agua que se arremolina por la calle
¿debía forzosamente clasificar esa agua como agua errante?

Clasificación de la lluvia, Choi Seung- Ho.

Autobiografía de Hielo. Traducción Kim Un-kyung.

Ediciones Bajo la Luna. Poesía

IMPERDIBLE. Un libro cautivante.