Un poema por miga

 
Fue quedándose en los silencios
cada día
cada cosa
y se volvió triste. 
sus ojos pequeños
sus manos arcillosas
sus dioses muertos
y se volvió solo. 
sin precisar el instante
lo ocultó la noche
y se volvió nada
el abuelotío. 
 

José Campus. Antología esencial .

Del subsuelo Editores

Pan Queso Pan Queso Pan Poema!

Parece como si hubiera cohetes que iluminan el cielo.

A mi lado no hay palabras. Debe haber un barullo bárbaro y no lo sé, no oigo.

Llamo a un profesional porque ya hubo bastantes libros, cuerpos,

quizás él pueda encontrar el punto dónde todo vuelva a empezar.

No hará falta mucho tiempo.

Extiende un mantón negro y me toquetea.

Cada tanto me dice que le diga si siento algo,

O si algo me duele.

Centímetro a centrímetro me succiona, se acuesta encima de mí, presiona con su peso y me muerde las orejas.

Espero a que encuentre aquel punto en el que se me abra el universo y apenas pueda respirar, en el que tenga la misma sensación como cuando me acuesto a tu lado, cuando pongo mi brazo sobre tu pecho y tiemblo.

Puedo usar también una aguja, me propone.

Te atravieso la piel en el pecho, en la mano, te atravieso el miembro,

A algunos les gusta mucho eso ¿Qué puedo decirle?

Que utilice todos sus conocimientos, todas sus habilidades, que de algún modo me devuelva – al menos por un segundo- aquella sensación que se perdió.

No entiende. Hasta ahora le pudo ayudar a todos,

yo, en cambio, quiero algo que no existe,

algo que me inventé, algo que sólo yo puedo borrar.

Tras horas de esfuerzos se da por vencido, guarda sus instrumentos y se va.

Las heridas me duelen, eso es todo lo que todavía siento.

Brane Mozetic, Banalidades.

Ediciones Gog y Magog

Imágen: Laura  Makabresku

versos que le faltan a la nieve

miro mis versos, la parte peligrosa de la nieve, 

copos blanquecinos que lentos caen

y se adhieren a mis extremidades transparentes. 

miro estos versos que le faltan a la nieve, 

banderas de aliento de los hombres que marcharon al vacío.

Qué lindo es encontrar un libro de poemas maravillosos. De esos que no existen, que uno quisiera encontrar, que viven en un suspiro. Es el caso de Esteparia, el libro de Natalia Litvinova. Bielorusa que vive en Buenos Aires desde hace una década. Su libro es perturbador, de belleza y de miedos.

su web: www.animalesenbruto.blogspot.com

Foto: Laura Makabresku.

Robado por ahí

La memoria de lo leído va mutando con los años hasta que recordas la esencia, intentas explicarla, pero te resulta difícil encontrar las palabras exactas. Hoy leo que Eduardo Berti copió este párrafo de John Gardner y lo que siento es algo que se acerca a la perfección del domingo. Gracias Bertigo!

En la mejor ficción narrativa, la trama no es una sucesión de sorpresas sino una sucesión cada vez más emocionante de descubrimientos, de momentos de comprensión. Uno de los errores más habituales de los escritores noveles (de los que entienden que escribir novelas significa contar historias) es creer que la fuerza del relato radica en la información que se retiene, es decir, en que el escritor consiga tener siempre al lector en sus manos, para descargarle el golpe definitivo cuando menos se lo espera. 
“Para ser novelista”, John Gardner

Poema de Clarice Lispector


Imágen: Elizabeth Dorcy.

Más allá de la oreja, existe un sonido, la extremidad de la mirada, un aspecto, las puntas de los dedos, un objeto: es allí a donde voy.
La punta del lápiz, el trazo.
Donde expira un pensamiento hay una idea, en el último suspiro de alegría, otra alegría, en la punta de la espada, la magia: es allí a donde voy.
En la punta del pie, el salto.
Parece la historia de alguien que fue y no volvió: es allí a donde voy.
¿O no voy? Voy, sí. Y vuelvo para ver cómo están las cosas. Si continúan mágicas. ¿Realidad? Te espero. Es allí a donde voy.
En la punta de la palabra está la palabra. Quiero usar la palabra “tertulia”, y no sé dónde ni cuándo. Al lado de la tertulia está la familia. Al lado de la familia estoy yo. Al lado de mí estoy yo. Es hacia mí adonde voy. Y de mí salgo para ver. ¿Ver qué? Ver lo que existe. Después de muerta es hacia la realidad adonde voy. Mientras tanto, lo que hay es un sueño. Sueño fatídico. Pero después, después todo es real. Y el alma libre busca un canto para acomodarse. Soy un yo que anuncia. No sé de qué estoy hablando. Estoy hablando de nada. Yo soy nada. Dsepués de muerta me agrandaré y me esparciré, y alguien dirá con amor mi nombre.
Es hacia mi pobre nombre adonde voy.
Y de allá vuelvo para llamar al nombre del ser amado y de los hijos. Ellos me responderán. Al fin tendré una respuesta. ¿Qué respuesta? La del amor. El amor es rojo. Los celos son verdes. Mis ojos son verdes. Pero son verdes tan oscuros que en las fotografías salen negros. Mi secreto es tener ojos verdes y que nadie lo sepa.
En la extremidad de mí estoy yo. Yo, implorante, yo, la que necesita, la que pide, la que llora, la que se lamenta. Pero la que canta. La que dice palabras.
¿Palabras al viento? Qué importa, los vientos las traen de nuevo y yo las poseo.
Yo, al lado del viento. La colina de los vientos aullantes me llama. Voy, bruja que soy. Y me transmuto.
Oh, cachorro, ¿dónde está tu alma? ¿Está cerca de tu cuerpo? Yo estoy cerca de mi cuerpo. Y muero lentamente.
¿Qué estoy diciendo? Estoy diciendo amor. Y cerca del amor estamos nosotros.

Es allí a donde voy, CLARICE LISPECTOR (Del libro ‘Silencio’, ed. Grijalbo Mondadori, 1988).

Entrevista a Fabián Casas

Patricio Zunini le realizó una entrevista para Eterna Cadencia. Y aquí la robo:
05-08-2011 |Eterna Cadencia

“A la mayoría de mis amigos no le interesa lo que escribo”

Fabián Casas acaba de publicar el libro Breves apuntes de autoayuda en donde compila sus artículos publicados en los últimos años. En esta entrevista hablamos sobre el libro y sobre su rol de lector/escritor.

fabián casas

Hace poco, en una reseña biográfica, decías que ya no escribís más. ¿Es así?

Eso lo dije cuando nació mi hija. No es que haya tomado la decisión de no volver a escribir, si no que, simplemente, en muchos momentos de la vida dejo de escribir. Lo que hago siempre es leer; no podría vivir sin leer, pero puedo vivir sin escribir. De repente me preguntaron qué estaba escribiendo y yo dije que no estaba escribiendo nada. Ahora volví a trabajar para una película con Lisandro Alonso: es un guión que después se convirtió en una especie de novela. Vamos haciendo la película y la novela.

Pero, sin embargo, se nota que te pesa el rótulo de escritor: siempre te corrés de ahí.

Sí, es insoportable.

 Leer más »

Poema para defendernos de los días apáticos

hay días buenos y días malos
pero los peores son esos
días que se muerden la cola
inevitables como ceremonias
insomnes
días como pesadillas del no estar
boring days
¿boring deus?
las mismas respuestas los mismos
ojos
el mismo no lugar la misma
sorda fascinación ante la misma
cosa dicha siempre por el mismo
¿cossa diche? lo mismo
que nunca
que nada
que nadie
que no

hay días repletos de gente deshabitada

****

Aprovecho esta mañana de frío para robarle a Marina Lijtmaer que es una preciosura de blogger.  De su hijo Dbocaenboca, que deberían visitar si es que todavía no lo hacen, extraigo este poema llamado Días de Marcos Vieytes.  Pueden leer más de él, acá.

Escribir según Peter Handke

– Al escribir, los recuerdos deben venir en un impulso: sólo así están bien. Recogidos con la voluntad se vuelven pedantes.

– Escribir significa escapar cada día a los brillantes bordes de la vida (sí, es siempre un escape, un escape de mí mismo): y las etapas de la escritura son: a) pienso en ti; b) te pienso. C) te escribo.

– A diferencia de lo que ocurre en la música y en la pintura, en la literatura nadie puede llegar a ser un maestro. En la literatura no existen obras maestras.

– El clasicismo no es un ropaje, es precisamente la constante transición hacia la desnudez.

– El arte sólo es tal, cuando el “cómo” brilla en la obra.

Peter Handke, “Historia del lápiz” (Península/Ideas)

Robado del Blog de Eduardo Berti. Vertigo.

Adelanto: Historias de las palabras

“Seguir en Twitter a Daniel Balmaceda es un placer – asegura Lalo Zanoni desde su eBlog-. Cada media hora regala una capsulita con riquísimas anécdotas, datos, curiosidades y noticias de ayer que sirven para entender un poco más el hoy. Ahora en su nuevo libro unificó sus dos pasiones: la historia y la palabra. ¿De dónde surgieron términos como “abatatarse” o “boicotear”? ¿Por qué le decimos cubiertos a los utensilios que usamos para comer? ¿Por qué conocemos como jacuzzis a las bañeras con hidromasaje? Cada palabra tiene su origen en una anécdota que sorprende por simple y desopilante. La historia de las palabras es la historia de nuestra propia vida. Por eso, las palabras son muy valiosas. Si queremos sacar provecho de ellas, hay que conocerlas mejor.
Esta vez, Balmaceda no recorre la vida de Manuel Belgrano o el romance oculto de Victoria Ocampo. En este libro, las protagonistas son las palabras que usamos cada día. Detrás de cada una hay tragedia, romance y comedia”.

Robado de eBlog.

 

Mentira

Yo le creí. Pero él me mentía en todo. En su color de pelo, en la nariz respingada, en su cara y en que me amaba.Manuel me embaucó desde el principio, armando un encuentro del destino, cuando ahora sé que él ya me conocía. Para no levantar sospechas siguió todos los pasos del proceso geográfico: mi casa, la suya, la venta de ambas y nido compartido. Minuciosamente encaminó los pasos del amor: la pasión inicial, el acostumbramiento, las infidelidades y el reflote con terapia de pareja. Pero la convivencia se volvió un infierno. Peleas continuas, dejar el dentífrico destapado a propósito, sexo eventual y mantener las formas en reuniones sociales. Cada vez él tiraba más de la soga. En la peor de las discusiones que tuvimos, cuando me arrojó todos los platos de la cocina y yo le rayé el auto de punta a punta. Desquiciada, le grité:

– Te odio.

– Es lo que quería.

– El único hombre que me quiso fue Esteban, jamás lo tendría que haber…

– Es cierto.

– ¡Sos estúpido! Estoy prefiriendo a otro, no a vos.

Manuel con tranquilidad, se abrió el cuero cabelludo y me mostró la cicatriz que Esteban tiene en la cabeza.

Corta gran mentira de Analía V. Bustamante. Robado de Cuentosymás.

Imágen: Tute, visiten su blog, muy bueno!

Ninguna decisión es final

Todas se bifurcan en otras…

J. L. Borges en La lotería de Babilonia.

En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras. En esta opta- simultaneamente- por todas. Crea así diversos pormenores, diversos tiempos que también proliferan y se bifurcan (…) No estamos en la mayoría de estos tiempos. En algunos existe usted y no yo. En éste, que un favorable azar me depara, usted ha llegado a mi casa. En otro, usted al atravesar el jardín, me ha encontrado muerto. En otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un fantasma”.

en El jardín de senderos que se bifurcan. J.L. Borges.

El libro que movilizó a los Indignados españoles

En diciembre de 2010, Stéphane Hessel publicó ¡Indignez vous!, un pequeño libro de apenas 30 páginas en el que invitaba a los jóvenes del mundo, pero en particular a los europeos, ahogados por la crisis financiera y la falta de empleo, a rebelarse contra las injusticias.

Hessel es un sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial que hoy tiene 93 años y fue parte de la Resistencia de esos años contra el nazismo. Nació en Alemania, pero emigró con su familia en 1924 a Paris y en 1939 se nacionalizó.

El libro se convirtió rapidamente en un suceso y luego de vender un millón de ejemplares en Francia, la versión española “Indígnaos!” dio vida al movimiento de los indignados que sacude hoy a toda España.

En Internet circula una edición digital que me bajé la semana pasada y estoy leyendo. Pueden bajar el pdf acá. O leerlo desde eblogtxt:

Indignaos (Indignez-vous)

 Stéphane Hessel. (Traducción de María Belvis Martínez García). 

93 años. Es la última etapa. El fin no está lejos. Qué suerte poder aprovecharla para recordar lo que ha servido de base a mi compromiso político: los años de resistencia y el programa elaborado hace 70 años por el Consejo Nacional dela Resistencia. AJean Moulin le debemos, dentro del marco de este Consejo, el agrupamiento de todos los componentes dela Franciaocupada, los movimientos, los partidos, los sindicatos, con el fin de proclamar su adhesión ala Franciacombativa y a su único jefe reconocido: el general De Gaulle. Desde Londres, donde me reuní con el general De Gaulle, en marzo de 1941, me llegó la noticia de que el Consejo había puesto en marcha un programa (adoptado el 15 de marzo de 1944) que proponía parala Francialiberada un conjunto de principios y valores sobre los que se asentaría la democracia moderna de nuestro país.

Leer más »

Domingo, mate y Lispector

Ella tenía hipo. Y como si no bastara la claridad de las dos de la tarde, era pelirroja.
En la calle vacía, las piedras vibraban de calor: la cabeza de la chiquilla llameaba. Sentada en los escalones de su casa, lo soportaba. Nadie en la calle, sólo una persona esperando inútilmente en la parada del tranvía. Y como si no bastara su mirada sumisa y paciente, el hipo la interrumpía a cada momento, sacudiendo el mentón que se apoyaba amoldado en la mano. ¿Qué hacer con una chica pelirroja con hipo? Nos miramos sin palabras, desaliento contra desaliento. En la calle desierta ninguna señal de tranvía. En una tierra de morenos, ser pelirrojo era una involuntaria rebelión. ¿Qué importaba si un día futuro su marca iba a hacerla erguir insolente una cabeza de mujer? Por ahora estaba sentada en un escalón centelleante de la puerta, a las dos de la tarde. Lo que la salvaba era un monedero viejo de señora, con la cremallera rota. La aseguraba con un amor conyugal ya acostumbrado, apretándola contra las rodillas.

Fue entonces cuando se aproximó a su otra mitad en este mundo, un hermano de Grajau*. La posibilidad de comunicación surgió en el ángulo caliente de la esquina, acompañando a la señora, y encarnada en la figura de un can. Era un basset lindo y miserable, tierno bajo su fatalidad. Era un basset pelirrojo.

Allá venía él trotando, delante de la dueña, arrastrando su largura. Desprevenido, acostumbrado, perro.

La chica abrió los ojos asombrada. Suavemente avisado, el perro se paró delante de ella. Su lengua vibraba. Ambos se miraban.

Entre tantos seres que están preparados para volverse dueños de otro ser, allí estaba la chica que había venido al mundo para tener aquel perro. Él se estremecía con suavidad, sin ladrar. Ella lo miraba bajo los cabellos, fascinada, seria. ¿Cuánto tiempo estaba pasando? Un gran hipo desafinado la sacudió. Él ni siquiera tembló. También ella pasó por encima del hipo y continuó mirándolo fijamente.

Los pelos de ambos eran cortos, rojizos.

¿Qué fue lo primero que se dijeron? No se sabe. Tan sólo se sabe que se comunicaron rápidamente, porque no había tiempo . Se sabe también que sin hablar se pedían. Se pedían con urgencia, intrigados, sorprendidos.

En medio de tanta vaga imposibilidad y de tanto sol, allí estaba la solución para la chica pelirroja. Y en medio de tantas calles para ser trotadas, de tantos perros más grandes, de tantos desagües secos, allá estaba una chica como si fuera carne de su pelirroja carne. Se miraban profundos, entregados, ausentes de Grajaú. Un instante más y el sueño suspendido se rompería, cediendo tal vez a la gravedad con que se pedían.

Pero ambos estaban comprometidos.


Ella, con su infancia imposible, el centro de la inocencia que solamente se abriría cuando fuera una mujer. Él, con su naturaleza aprisionada.

La dueña estaba impaciente bajo la sombrilla. El basset pelirrojo finalmente se desprendió de la chica y salió sonámbulo. Ella quedó perpleja, con el acontecimiento en las manos, en una mudez que ni su padre ni su madre comprenderían. Lo acompañó con los ojos negros que apenas creían, doblada sobre el monedero y las rodillas, hasta verlo doblar la otra esquina.

Pero él fue más fuerte que ella. Ni una sola vez miró hacia atrás.

Tentación, de Clarice Lispector.

Fotografía a tono, perros y rojo es imposible no pensar en la colorada Renata Schussheim.

La vuelta al hogar

Cada tanto, recuerdo distintos versos que mi madre me recitaba cuando era chica y vivíamos juntas. Frases sueltas con la cadencia de su voz que suenan entre tema y tema, en la parada del colectivo y esperando que se caliente la tarta. Palabras que atino a no escuchar, pero están ahí, resoplando cuando refresca. Cuando los semáforos se hacen interminables.

A veces siento que si no las comparto, no se van a ir. Como un maleficio o una cadena que podría dar suerte.

Hoy, éstas: “Todo está como era entonces, la casa, la calle, el río…”; “Todo está nada ha cambiado. Sólo el niño se ha vuelto hombre y el hombre tanto ha sufrido que lleva en el alma la soledad del vacío“.

Entero, La vuelta al hogar de Olegario Victor Andrade:

Todo está como era entonces:
la casa, la calle, el río,
los árboles con sus hojas
y las ramas con sus nidos.
Todo está, nada ha cambiado,
el horizonte es el mismo;
lo que dicen esas brisas
ya otras veces me lo han dicho.
Ondas, aves y murmullos
son mis viejos conocidos,
confidentes del secreto
de mis primeros suspiros.
Bajo aquel sauce que moja
su cabellera en el río
largas horas he pasado
a solas con mis delirios.
….
Todo está, nada ha cambiado
….
Sólo el niño se ha vuelto hombre
y el hombre tanto ha sufrido
que apenas trae en el alma
la soledad del vacío.