Un poema por lluvia y el mundo quedará medicado

Al manosear la masa de harina
la impresión de no poder deshacerse
de la masa pegada en las dos manos
los insectos que revolotean adheridos a plantas o animales
y la pareja de enamorados cohibidos
ante el sexo pegajoso y endemoniado
¿no lo habrían experimentado lo suficiente?
Los maniquíes de las vidrieras
vestidos con traje de novia
nos recuerdan la aguada masa gris.
Es con el cráneo vacío
al que se le ha eliminado el instinto
me recuerda a la momia de alta estatura en vendajes
en una ciudad de maniquíes, hormigón y hierro, 
la lluvia que desea inflarse en la masa de bienes materiales, 
la lluvia al calarse la ropa y tocar la carne
se entremezcla con la savia oculta
¿de quién, puedo decir que es realmente la lluvia?
Si es mía esa lluvia mezclada con la lluvia
cae la tormenta
con el vigor para ahogar
incluso a los que celebraron el rito de la lluvia
la tormenta que cae a cántaros, sin tener dónde calarse
aumenta a repentinamente
agua que se arremolina por la calle
¿debía forzosamente clasificar esa agua como agua errante?

Clasificación de la lluvia, Choi Seung- Ho.

Autobiografía de Hielo. Traducción Kim Un-kyung.

Ediciones Bajo la Luna. Poesía

IMPERDIBLE. Un libro cautivante.

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Un poema por miga

 
Fue quedándose en los silencios
cada día
cada cosa
y se volvió triste. 
sus ojos pequeños
sus manos arcillosas
sus dioses muertos
y se volvió solo. 
sin precisar el instante
lo ocultó la noche
y se volvió nada
el abuelotío. 
 

José Campus. Antología esencial .

Del subsuelo Editores

Pan Queso Pan Queso Pan Poema!

Parece como si hubiera cohetes que iluminan el cielo.

A mi lado no hay palabras. Debe haber un barullo bárbaro y no lo sé, no oigo.

Llamo a un profesional porque ya hubo bastantes libros, cuerpos,

quizás él pueda encontrar el punto dónde todo vuelva a empezar.

No hará falta mucho tiempo.

Extiende un mantón negro y me toquetea.

Cada tanto me dice que le diga si siento algo,

O si algo me duele.

Centímetro a centrímetro me succiona, se acuesta encima de mí, presiona con su peso y me muerde las orejas.

Espero a que encuentre aquel punto en el que se me abra el universo y apenas pueda respirar, en el que tenga la misma sensación como cuando me acuesto a tu lado, cuando pongo mi brazo sobre tu pecho y tiemblo.

Puedo usar también una aguja, me propone.

Te atravieso la piel en el pecho, en la mano, te atravieso el miembro,

A algunos les gusta mucho eso ¿Qué puedo decirle?

Que utilice todos sus conocimientos, todas sus habilidades, que de algún modo me devuelva – al menos por un segundo- aquella sensación que se perdió.

No entiende. Hasta ahora le pudo ayudar a todos,

yo, en cambio, quiero algo que no existe,

algo que me inventé, algo que sólo yo puedo borrar.

Tras horas de esfuerzos se da por vencido, guarda sus instrumentos y se va.

Las heridas me duelen, eso es todo lo que todavía siento.

Brane Mozetic, Banalidades.

Ediciones Gog y Magog

Imágen: Laura  Makabresku

versos que le faltan a la nieve

miro mis versos, la parte peligrosa de la nieve, 

copos blanquecinos que lentos caen

y se adhieren a mis extremidades transparentes. 

miro estos versos que le faltan a la nieve, 

banderas de aliento de los hombres que marcharon al vacío.

Qué lindo es encontrar un libro de poemas maravillosos. De esos que no existen, que uno quisiera encontrar, que viven en un suspiro. Es el caso de Esteparia, el libro de Natalia Litvinova. Bielorusa que vive en Buenos Aires desde hace una década. Su libro es perturbador, de belleza y de miedos.

su web: www.animalesenbruto.blogspot.com

Foto: Laura Makabresku.

Robado por ahí

La memoria de lo leído va mutando con los años hasta que recordas la esencia, intentas explicarla, pero te resulta difícil encontrar las palabras exactas. Hoy leo que Eduardo Berti copió este párrafo de John Gardner y lo que siento es algo que se acerca a la perfección del domingo. Gracias Bertigo!

En la mejor ficción narrativa, la trama no es una sucesión de sorpresas sino una sucesión cada vez más emocionante de descubrimientos, de momentos de comprensión. Uno de los errores más habituales de los escritores noveles (de los que entienden que escribir novelas significa contar historias) es creer que la fuerza del relato radica en la información que se retiene, es decir, en que el escritor consiga tener siempre al lector en sus manos, para descargarle el golpe definitivo cuando menos se lo espera. 
“Para ser novelista”, John Gardner

Poema de Clarice Lispector


Imágen: Elizabeth Dorcy.

Más allá de la oreja, existe un sonido, la extremidad de la mirada, un aspecto, las puntas de los dedos, un objeto: es allí a donde voy.
La punta del lápiz, el trazo.
Donde expira un pensamiento hay una idea, en el último suspiro de alegría, otra alegría, en la punta de la espada, la magia: es allí a donde voy.
En la punta del pie, el salto.
Parece la historia de alguien que fue y no volvió: es allí a donde voy.
¿O no voy? Voy, sí. Y vuelvo para ver cómo están las cosas. Si continúan mágicas. ¿Realidad? Te espero. Es allí a donde voy.
En la punta de la palabra está la palabra. Quiero usar la palabra “tertulia”, y no sé dónde ni cuándo. Al lado de la tertulia está la familia. Al lado de la familia estoy yo. Al lado de mí estoy yo. Es hacia mí adonde voy. Y de mí salgo para ver. ¿Ver qué? Ver lo que existe. Después de muerta es hacia la realidad adonde voy. Mientras tanto, lo que hay es un sueño. Sueño fatídico. Pero después, después todo es real. Y el alma libre busca un canto para acomodarse. Soy un yo que anuncia. No sé de qué estoy hablando. Estoy hablando de nada. Yo soy nada. Dsepués de muerta me agrandaré y me esparciré, y alguien dirá con amor mi nombre.
Es hacia mi pobre nombre adonde voy.
Y de allá vuelvo para llamar al nombre del ser amado y de los hijos. Ellos me responderán. Al fin tendré una respuesta. ¿Qué respuesta? La del amor. El amor es rojo. Los celos son verdes. Mis ojos son verdes. Pero son verdes tan oscuros que en las fotografías salen negros. Mi secreto es tener ojos verdes y que nadie lo sepa.
En la extremidad de mí estoy yo. Yo, implorante, yo, la que necesita, la que pide, la que llora, la que se lamenta. Pero la que canta. La que dice palabras.
¿Palabras al viento? Qué importa, los vientos las traen de nuevo y yo las poseo.
Yo, al lado del viento. La colina de los vientos aullantes me llama. Voy, bruja que soy. Y me transmuto.
Oh, cachorro, ¿dónde está tu alma? ¿Está cerca de tu cuerpo? Yo estoy cerca de mi cuerpo. Y muero lentamente.
¿Qué estoy diciendo? Estoy diciendo amor. Y cerca del amor estamos nosotros.

Es allí a donde voy, CLARICE LISPECTOR (Del libro ‘Silencio’, ed. Grijalbo Mondadori, 1988).

Entrevista a Fabián Casas

Patricio Zunini le realizó una entrevista para Eterna Cadencia. Y aquí la robo:
05-08-2011 |Eterna Cadencia

“A la mayoría de mis amigos no le interesa lo que escribo”

Fabián Casas acaba de publicar el libro Breves apuntes de autoayuda en donde compila sus artículos publicados en los últimos años. En esta entrevista hablamos sobre el libro y sobre su rol de lector/escritor.

fabián casas

Hace poco, en una reseña biográfica, decías que ya no escribís más. ¿Es así?

Eso lo dije cuando nació mi hija. No es que haya tomado la decisión de no volver a escribir, si no que, simplemente, en muchos momentos de la vida dejo de escribir. Lo que hago siempre es leer; no podría vivir sin leer, pero puedo vivir sin escribir. De repente me preguntaron qué estaba escribiendo y yo dije que no estaba escribiendo nada. Ahora volví a trabajar para una película con Lisandro Alonso: es un guión que después se convirtió en una especie de novela. Vamos haciendo la película y la novela.

Pero, sin embargo, se nota que te pesa el rótulo de escritor: siempre te corrés de ahí.

Sí, es insoportable.

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