Cada vez

Un partidazo va caminando por la calle y le pregunta a la chica de largas piernas ortopédicas, ¿Tenés hora? Sí, dice la chica que levanta su muñeca y luce dos relojes. ¿Queres hora masculina u hora femenina? Masculina, responde él. La chica con piernas de plástico, sonríe, tiene a quién darle el reloj swatch de malla negra. Tomá, ya le cambié las pilas.

Ga.La.

Rehabilitación

Descubrieron que hay peces con insomnio. Lo primero que Juana pensó fue: “Los peces –entonces- duermen” y lo primero que dijo: “Los peces están en crisis”. El estudio aseguraba que el descubrimiento ayudaría a tratar el insomnio en seres humanos. “Nadie piensa en los peces” dijo Juana inmóvil, rígida, preocupada, sin párpadear. Sintió como por la frente le caía una gota de transpiración, “Qué calor”, pensó y su Padre que estaba sentado a su lado sentenció: “Otra vez Juana! Vamos a tener que llevarte nuevamente a la granja si seguís consumiendo”.

Gaby Larralde.

Gala, musa del siglo XX

02-09-2010 | Publicado en Eterna Cadencia.  Por GL.
Está de pie sobre mis párpados, sus cabellos entre los míos,
Tiene la forma de mis manos y tiene el color de mis ojos.
Y fui por ella devorado como una isla por el mar,
Paul Eluard

Quedó inmortalizada en los poemas y las cartas de su primer marido Paul Eluard, en los retratos de Max Ernst y en las pinturas de su segundo gran amor, Salvador Dalí.

cartas a gala

¿Quién era verdaderamente Gala? ¿Por qué dejó a Paul Eluard y a su hija para correr tras un artista egocéntrico sin futuro diez años menor que ella? ¿Cuánto contribuyó a que las vidas de éstos hombres fueran excepcionales? ¿Existen las musas?

Su nombre era Elena Ivanovna Diakonova y nació en Moscú en septiembre de 1894. A los once años perdió a su padre y contrajo una enfermedad que la acompañó durante toda su adolescencia. Padecía de tuberculosis y cuando cumplió dieciocho años su familia, al ver que empeoraba, decidió internarla en el sanatorio Clavadel, en Suiza.

Allí conoció a un joven lector, Eugène Grindel, conocido más tarde como Paul Eluard. Él también estaba internado por la misma enfermedad y como compartían la pasión por la lectura. Pasaban largas tardes y noches haciéndose compañía. En 1914 ambos recibieron el alta y se comprometieron.

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Toda fuego, arrasada por las llamas

08-07-2010 | Eterna Cadencia

El diario de Frida Kahlo: entre la angustia y la pasión. Por GL.

diario frida kahlo

Google cambia el logo del buscador, las letras se cubren de verde y en lugar de la “L” aparece la imagen de quien habría cumplido cien años -o ciento tres (1)- el seis de julio: Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón. México, a su vez, recuerda tanto su nacimiento como su muerte, el trece de julio de 1954. Muerte y nacimiento en una misma semana: este dato, aleatorio, parece reforzar lo corta e intensa que fue su vida.

Frida comenzó a escribir su diario a mediados de la década del cuarenta: a los treinta y seis años su vida estaba en medio de un torbellino. El padre había fallecido poco antes. Ella se había divorciado de Diego Rivera a finales de 1939, con quién volvería a casarse poco después.

tapa diarioEsta edición me la trajeron de Casa Azul, es un facsímil del diario con introducción de Carlos Fuentes editado por La Vaca Independiente. Fuentes comienza relatando el día en que la conoció:

A Frida Kahlo la vi una sola vez. Pero antes, la escuché. Yo asistía a un concierto en el Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México (…) Cuando Frida Kahlo entró a su palco en el teatro, todas las distracciones musicales, arquitectónicas y pictóricas quedaron abolidas. El rumor, estruendo y ritmo de las joyas portadas por Frida ahogaron los de la orquesta, pero algo más que el mero sonido nos obligó a todos a mirar hacia arriba y descubrir a la aparición que se anunciaba a sí misma con el latido increíble de ritmos metálicos, para en seguida exhibir a la mujer, que tanto el rumor de las joyas como un magnetismo silencioso, anunciaba.

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Grandes peleas de pareja en la literatura

Carver, Bukowski y Nabokov: tres grandes escritores que han conseguidos escribir las mejores peleas conyugales.

Por G.L.

Pocas escenas de la vida son tan ricas para retratar como las peleas de pareja. Cuando, en un cuento o novela, se avecinan estas batallas uno agudiza los sentidos y se sumerge de lleno en la tensión entre el odio y el amor. Estas guerras alcanzan grados impensables de violencia psicológica porque ponen en juego los sentimientos y las actitudes extremas de sus personajes.

lolita poemas de qué hablamos cuando hablamos de amor

Grandes escritores han sabido describir la furia que sólo se desata ante un ser amado o al que se ha amado. El rencor, el orgullo, el olvido, el desinterés se funden de manera tan aguda que en cualquier otro contexto el relato parecería exagerado, excesivo. No así en el marco de una pareja donde pareciera que casi cualquier cosa puede pasar. Y, en verdad, cualquier cosa pasa en esas discusiones que -en mayor o menor medida- todos hemos vivido.

Muchos escritores latinoamericanos tienen historias donde el amor llega al precipicio. Como con el fuego demasiado fuerte: la espuma puede durar unos instantes o permanecer durante una vida.

Existen diferentes tipos de peleas. Hay discusiones en la que ambos se tiran con sillas por la cabeza, otras en la que uno se desborda ante la calma del otro. Hay discusiones que parecen monólogos interrumpidos sólo por silencios, gestos y pensamientos. Está también la guerra fría en donde desaparece el cuerpo a cuerpo y, sin embargo, no desaparece el dolor.

Es genial la descripción que hace Teresa, “Terri”, el personaje de Raymond Carver en ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? sobre la gran pelea con su ex:

“Una noche me dio una paliza. Me arrastró por toda la sala tirando de mis tobillos. Y me decía una y otra vez: “Te quiero, te quiero, zorra”. Y mi cabeza no paraba de golpear contra las cosas”.

Esta relación y sus constantes peleas no tiene desperdicio. El episodio final antes del suicidio de él se parece a una pelea callejera. Sin embargo, Terri intenta convencer con su relato una y otra vez a los reunidos en su casa: “Algunas veces actuaba como un loco, es cierto. Lo admito. Pero me amaba. A su modo, quizá, pero me amaba. En todo aquello había amor, Mel. No digas que no“.

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¿De dónde venimos?

Soy de esa generación, del libro de los gorditos sonrientes que te explicaban por qué crecían los pechos, los vellos y qué era hacer el amor. Todo muy pedagógico. El problema es que no me lo dieron, lo encontré.

La fascinación por los libros viene de siempre. Mi abuela Tota aprovecha todas las veces que nos vemos para volver a contarme – como por primera vez- el día que entró en la salita de tres y yo estaba sentada en una mesita, sola, pasando las hojas de un libro. No pudieron convencerme de que lo deje y la maestra terminó accediendo a que me lo lleve. Años después mi hermano me puso el apodo de “Autista”. Claro, cómo iba a entender que prefería leer a jugar con él a Titanes en el Ring, donde siempre terminaba ligando un cabezazo o la auténtica patada voladora.

Volviendo a la niñez. No recuerdo a qué edad exactamente fue, pero Laura Montalti ya desnudaba a las barbies cuando venía a jugar a casa. Algo sospechabamos, pero no sabíamos a ciencia cierta qué hacer con las dos barbies desnudas (aún no se había inventado el Ken, por suerte cuando salió ya sabíamos qué hacer con él).

Me gustaba tirarme en el living de casa, frente a la biblioteca y jugar con los libros. Así fue que una tarde encontré ¿De dónde venimos? Estaba descubriendo un mundo nuevo, una verdad oculta que involucraba a todas las personas que conocía. Todavía recuerdo cuando entró mi mamá al living y me vió con el libro en las manos. Esa sí que fue una gran mirada.

Al día siguiente entre al colegio con una sonrisa, tenía el saber antes que nadie! No escatimé en detalles. A qué viene esto…

A que hoy nació Milo Moyano, el hijo de mi amiga Tamara.