Recomendaciones de verano

Mis libros leídos y mis libros abandonados de enero.

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– Tú y yo. Niccolo Ammaniti. 

Una hermosa novela sobre la historia de dos hermanos. Lorenzo un adolescente con problemas de adaptación decide esconderse durante una semana en un sótano. Le dice a sus padres que irá a esquiar con amigos, pero se queda allí encerrado. Su hermana de 23 años cae de sorpresa. El escenario es divino, un sótano, una semana, solos sin que nadie lo sepa. Divertida y conmovedora. Muy recomendable.

– Hacerse el muerto. Andrés Neuman. 

“Mi padre siempre había caminado de manera extraña. Veloz y al mismo tiempo torpe. Cuando iniciaba sus caminatas, uno nunca sabía si iba a tropezarse o echar a correr”. Marqué esta frase del nuevo libro de cuentos y microcuentos del amigo Neu. Lo hice porque me parece que pinta su escritura, su cabeza o por lo menos, es la mirada suya que me gusta y hace que me agarre más al libro. Es esa manera que tiene de describir un detalle bordeando la ternura y a la vez el humor. Confundiéndolos en nuestra cabeza, invitándonos a unirlos a su manera, extraña pero natural. Como si fuera la única manera posible de mirar. Me gustaron especialmente “Estar descalzo” de donde pertenece este extracto. También “Hacerse el muerto”, “Después de Elena” y “Madre atrás”.

– El sentido de un final. Julian Barnes.

No me gustó la traducción española, como muchas veces pasa, siento que me perdí mucho. Pero lo que quedó de la historia me encantó. Cuatro amigos londinenses y su entrada a la pubertad. La escuela, la literatura, sus pactos, lindas conversaciones filosóficas, de literatura y muchos proyectos para vidas que podían ser lo que quisieran. Luego aparecen las novias, ellos entran a la universidad y comienzan a separarse. La historia recorre la vida de uno de ellos, Tony Wester hasta que es un adulto. Una mañana recibe una carta diciendo que uno de sus amigos, Adrian, había muerto y que le habían dejado su diario a él. El diario no se lo envían y cuando comienza a rastrearlo descubre muchas cosas de su pasado y el de su amigo. Y más que descubre logra ir analizando. Es una novela sobre la vida, la experiencia, el pasado, que deja un sentimiento desolador a quien la lea, o por lo menos a mí me pasó. Una novela que viene a decirnos: Sos una persona normal. Como cualquier otra persona. Pasó la vida, la dejaste pasar y acá estás. Al final, no eras tan especial, ¿viste?

Me quedo con un pasaje: “A medida que los testigos de tu vida disminuyen, hay menos corroboración y, por consiguiente, menos certeza de lo que eres o has sido”.

– El telo de papá. Florencia Werchowsky

Florencia vive en un pueblo del sur donde su padre es el dueño del único telo que hay. La novela recorre la niñez, adolescencia y juventud de la protagonista rodeada de anécdotas muy graciosas y bizarras sobre las actividades de su padre. También cuenta la historia de una familia que se va troquelando, por no decir partiendo, según diferentes momentos económicos de los ´90 y decisiones como que la niña vaya a Buenos Aires a estudiar ballet al Colón. Está bien escrita y sostiene una mirada siempre interesante aunque por momentos condescendiente con cierta imagen de esa familia, de esos padres. Ahí es donde, creo, la novela pierde un poco, en no haberse despegado de la protagonista, pero es preciosa y te reís. A leer!

 Libros que empecé y abandoné. Porque abandonar libros está muy bien. 

– Días sin hambre. Delphine De Vigan. Abandonado en pág 35.

– Plegarias nocturnas. Santiago Gamboa. Abandonado en pág. 51.

– Fauna. Mario Levrero. Abandonado en pág. 71.

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Consejos del chico Neuman para escritores

Dice en su blog, “Una bonita revista chilena me ha pedido, horror, seis consejos para escritores principiantes”.

Su respuesta fue la siguiente:

1. No consentir las actitudes paternalistas de los autores mayores. Ellos también fueron jóvenes y, con toda probabilidad, mucho más indocumentados.
2. La tradición no pesa, sino invita. Escribimos mientras leemos: la escritura es una forma suprema de relectura.
3. Ensayar, errar y repetir. Un manuscrito malo es mucho más valiente que un supuesto genio que se abstiene por si acaso.
4. Corregir hasta el límite de la impaciencia.
5. Recordar que todos somos principiantes: la escritura es un arte inaugural y carece de expertos.
6. No aceptar seis consejos de nadie. Uno ya es un abuso.

Punto 4. Fundamental para mi. Escribir no te convierte en escritor, corregir, sí.

Hoy presentan los poemas de Andrés Neuman

Ediciones del Dock invita a la presentación del libro de poemas: No sé por qué de Andrés Neuman.

El autor que vive en España vino unos días a Buenos Aires y hoy, jueves 24 presenta su libro a las 19.30 hs. en la Casa de la Cultura, Lavalleja 924.

Se referirán a la obra los escritores Natalia Litvinova y Pedro Mairal.

Allí estaremos para saludar al amigo Neu! Pueden visitar su blog.

Sobre el descenso de River, escribe Neuman

Durante mi infancia argentina, River era el equipo que ganaba. Yo era de Boca, o de lo que había quedado de Boca tras la marcha de Maradona. El don de Maradona siempre fue salvar a los equipos para después dañarlos: lo mismo que hizo consigo mismo. Pasé mis primeros años de conciencia futbolística (con perdón del oxímoron) viendo quedar a River por encima de mi equipo, viendo al Beto Alonso y al príncipe Francescoli mostrarse inalcanzables. Llegué a pensar que ser de Boca era una extraña forma de lealtad a la derrota. Más o menos como ser del Atleti de Madrid. Después los años 80 y mi infancia terminaron. Boca empezó a ganar. Y yo no estaba allí. River volvió a ganar. Y yo seguía aquí. Poco a poco fui perdiendo el contacto con el campeonato argentino. Los años, los goles, los nombres se sucedieron. Hoy, por primera vez en toda la historia, River desciende de categoría. Y es ahora cuando, súbitamente, tres décadas más tarde, siento a River cercano. Pienso: así era mi equipo. El que perdía.

El Clásico, Andrés Neuman.

Críticas de otros: Cómo viajar sin ver

Diego Grillo Trubba le dió duro al nuevo libro de Andrés Neuman. Lo leí ayer en Cultura Perfil. Cómo viajar sin ver es una especie de diario de viaje. Neuman va haciendo anotaciones sobre los países que recorre en la presentación de su novela “El viajero del siglo” (Premio Alfaguara 2009).

Lo que me doy cuenta es que cuando leo una crítica que considera al libro malo, ¡Me dan más ganas de leerlo! Sobre todo cuando es de alguién que me gusta como Neuman. Esto es lo que dice Grillo Trubba, quedará leerlo y sacar conclusiones propias. ¿Alguién lo leyó? Cuenten…

Si la buena literatura plantea preguntas, la aparición de Cómo viajar sin ver, de Andrés Neuman, formula dos. La primera es por qué el autor decidió presentarnos algo semejante; la siguiente, por qué los editores se lo publicaron.
Supuestas anotaciones de viajes. Cómo viajar… posibilitaría, si los lectores al recorrer sus páginas recordaran que para imprimirlo hubo que matar árboles, que las acciones de Greenpeace –si las tuviesen– subieran aabruptamente en la bolsa. Se trata, según reza en la contratapa, de lo que el autor fue escribiendo a medida que recorría América Latina para promocionar su novela ganadora del Premio Alfaguara –sello que aquí vuelve a reincidir, y uno se pregunta si la entrega del manuscrito no obedecerá a saldar cuentas lo antes posible con cláusulas contractuales.
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El mundo entero a golpe de vista

La microficción aspira a la perfección: “Cada palabra cuenta, vale decir, narra o relata”, dice David Lagmanovich.
Por G.L.

Los conocemos con el nombre de microcuentos, microrrelatos, microtextos, minificciones o textículos, y algunas definiciones los encierran en “la narrativa que ocupa el espacio de una página”. La norma principal pareciera ser su duración, la idea de que se pueda leer de un solo vistazo. Sin embargo, el escritor David Lagmanovich en su libro El microrrelato. Teoría e historia va más allá y afirma que la naturaleza del microrrelato no consiste solo en la extensión del texto, aunque sea su principio, sino también en sus rasgos: “Se busca la perfección. Cada palabra cuenta, vale decir, narra o relata. Todas las palabras son importantes”.

El primero microtexto que se cita al evocar el género es el del escritor guatemalteco Augusto Monterroso:

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

Tal es la fama que adquirió esta minificción en el mundo que el especialista mexicano Lauro Zavala escribió en 2002 El dinosaurio anotado, una recopilación de decenas de microrrelatos que surgieron a partir de la influencia de éste. Uno es el caso del escritor español Juan José Merino:

Al despertar, Augusto Monterroso se había convertido en un dinosaurio. “Te noto mala cara”, le dijo Gregorio Samsa, que también estaba en la cocina.

Eduardo Berti escribió, también, en esta línea  “Otro dinosaurio”:

Cuando el dinosaurio despertó, los dioses todavía estaban allí, inventando a la carrera el resto del mundo.

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