Dalí y yo, una historia surreal

Un día estas muerto de frío haciendo agujeros en los quesos de un frigorífico hasta que alguién lee un poema tuyo, pasa de mano en mano, y te llaman de la revista Panorama para ver si queres colaborar. Aceptas. Te mandan a entrevistar a un pintor jóven español, medio loco. Es Dalí. Pegas buena onda y cuando te queres acordar sos marchante de él y te volviste millonario. Parece cuento, pero no. Es la primera parte de la vida de Stan Lauryssens. Más, menos, así fue cómo entró a Dalílandia, un país que lo llevó de ser uno de los marchantes más conocidos del mundo a convertirse en un convicto.

Durante 20 años, Lauryssens fue marchante de Dalí. Sólo vendía y compraba obras suyas. Recorrió el mundo contando billetes hasta que el surrealismo se apoderó de su vida y acusado por estafa y falsificación Lauryssens tuyo que escapar de la justicia. Se fue a Cadaqués, el pueblo español de la Costa Brava española donde Gala y Dalí se conocieron y vivieron muchos años. Allí conoció también al amor, tuvo dos hijos y  empezó a escribir este libro. En su búsqueda, entrevistó a todas las personas que conocieron a Dalí, se hizo amigo de sus amigos, de sus enemigos y compartió cada espacio que había sido parte de la vida del genio que – ahora- agonizaba en una casa a metros de la suya.

Dalí y yo, una historia surreal, editado por Ediciones B es un libro repleto de anécdotas muy buenas. Cada dato podría desarrollarse hasta convertise en una historia nueva. Les dejo varios, pero hay que leerlos bajo la siguiente frase de Dalí: “Soy un mentiroso que siempre dice la verdad”. Por lo tanto, las anécdotas de su entorno pueden ser tan verdaderas como imposibles, según deja entrever el autor.

– Dalí casi nunca se bañaba y jamás utilizaba la bañadera, ni la ducha. Para perfumarse apretaba el tallo de una flor morada sobre su cuello hasta que cayera una sustancia parecida al semen.

La persistencia de la memoria fue comprada por el MOMA a 350 dólares.

– Dalí le propuso a Warhol pintar un tríptico de tres mujeres que cambiaron la historia: Eva Braun, Clara Petacci y Evita Perón. El título sería: Las superrrputas del siglo Equis Equis”.

– Dalí se ponía a menudo un chaleco antibalas. Decía que como habían matado a Gandhi, a Kennedy y a Martin Luther King, ahora le tocaba el turno a él.

– Según un joven de Cadaques cuenta: “Dalí no era un pedófilo en realidad. Solo necesitaba mirar, a mí y a otros chicos de mi edad, y luego se bajaba los pantalones y se masturbaba”.

– Dalí amaba los pedos. Se pedorreaba al son de la música.

– El peluquero de Dalí se llamaba Llongueras. (Sí, como la ahora famosa cadena)

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