Patas

La ví aparecer jadeante en el andén del tren. Tenía el pelo desaliñado, el delantal colgado descuidadamente sobre sus caderas.

– ¡Volvé! Me gritaba.

La primera vez que lo dijo me pareció una orden, la segunda una súplica, la tercera, una duda.

Escuché el silbato del tren. Ya tenía que irme.

Miré a los ojos a mi madre, lloraba. Esforzó una sonrisa y me dijo: ¡Luchá!, en mis manos puso una carpeta sucia en que se leía “Para mamá”. Eran todos los poemas de mi niñez.

 Escritor (Anónimo)