Un cuento de navidad para niños burtonianos

Me acaba de llegar el libro “Una trampa para Papá Noel”. La historia de un horroroso niño que, con un plan vil, podría arruinar la navidad!

Bradley Bartleby es malo —muy malo— y Papá Noel lo sabe. Entonces cuando Bradley vacía la media colorada de los regalos y no encuentra nada más que un par de medias urde un plan tortuoso.

Si Papá Noel no quiere darle los regalos que él desea, Bradley tendrá que sacárselos…

Con dinamita, puertas trampa y uno o dos tigres, Papá Noel no tiene posibilidades de ganar. ¿O sí?

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Para niños a partir de 4 años. Sale $80.

Gracias a la editorial Grupo McMillan.

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Día Bartleby

Hoy, definitivamente, preferiría no hacerlo. No ir a trabajar, no atender el teléfono, no levantarme de la cama. Mi seudo mesa de luz temporaria está repleta de libros. Ayer me traje cuatro nuevos a casa, tres de ellos de poesía y me llena de pena dejarlos en casa para comenzar mi día…

Recordé el anotador que vi en el Reina Sofía, Madrid. Es para un día como hoy.

(Más sobre la obra de Melville)

Preferiría no hacerlo…

Esta frase volvió hoy a mi cabeza… ¿Cómo no recordar a Bartleby, el escribiente? La gran novela de Herman Melville (Moby Dick) que cuenta la historia de este particular trabajador que un día comienza a negarse a trabajar.

Busqué el extracto donde dice la gran frase por primera vez:

En esta actitud estaba cuando le dije lo que debía hacer, esto es, examinar un breve escrito conmigo. Imaginen mi sorpresa, mi consternación, cuando sin moverse de su ángulo, Bartleby, con una voz singularmente suave y firme, replicó: “Preferiría no hacerlo”.

Es genial, porque una frase – en principio- tan amable termina siendo el calvario de los personajes de esta intrigante historia. Es una novela muuuy corta, de unas 94 páginas y se consigue relativamente fácil. Es un excelente clásico para llevar de viaje estas vacaciones.

En 2001, salió una película inspirada en el libro, Bartleby, no tuvo buenas críticas. Si alguién la vió avise, ahora me dieron ganas. Va el trailer (no lo encontré con subtítulos, pero la historia la explico mejor en esta reseña)

Bartleby, el escribiente

Existen cuentos que fascinan, que se impregnan en nuestro cuerpo mientras los leemos y quedan como parte de nuestra propia historia cuando pasan los años. Que al volver a toparnos con ellos, nos recuerdan el momento en que los leímos y al hojearlos volvemos a meternos en ese otro universo del cual formamos parte alguna vez.
Pero hay algo más interesante y es cuando logramos enamorarnos de un personaje. Cuando la historia llega a cobrar vida y vivimos dentro de esa persona por las páginas que dure la historia o por el tiempo que la recordemos.
Este es el caso de “Bartleby, el escribiente”, el cuento escrito por Herman Melville en 1856. Muchas veces sólo reconocido por su obra máxima, Moby Dick, Melville inaugura con Bartleby el escribiente, una narración simple, clara, extremadamente cotidiana, pero tensa, que parece ser el nacimiento de una escritura muy similar a lo que sería “La metaformosis” de Frank Kafka.
A 150 años de su nacimiento es una historia que pudo haber sido escrita el mes pasado, sólo que- claro- Melville murió hace más de 100 años. El cuento es sobre un muchacho que entra como empleado a un estudio de abogados y aunque era el mejor (callado, sumiso y muy trabajor) comienza poco a poco a negarse a hacer su labor. De hecho, se niega compulsivamente a realizar cualquier trabajo o acción. Así comienzan los conflictos entre los empleados y su jefe, mientras él parece estar siempre ajeno al mundo. Este personaje silencioso, pálido y misterioso comienza a complicar la vida de todos los que lo rodean.
Es realmente imposible no engancharse con esta historia y no hacerse amigo (o enemigo) de Bartleby. Un sujeto al que, creo, todos llevaríamos a casa aunque en ello se nos fuera la vida. Bartleby bien vale una tarde.

Gabriela Larralde

* Jorge Luis Borges tradujo en 1980 este cuento del que también se enamoró. (Bajar gratis).

Columna que salió en Eblog.com.ar