Microficción dentrecasa

Me aprestaba a abrir la canilla cuando oí el ruido. Parecía provenir de las entrañas de las cañerías. Era una especie de estertor constante, un lamento que se arrastraba de la vida a la muerte, en cámara lenta. Aquello duró un instante. Después, nada. Abrí por fin la canilla, bruscamente. Y un chorro de sangre salpicó el lavamanos.

El estrector, robado de Cuentos glaciales, el libro de Jacques Sternberg que estoy leyendo. Cuando termine lo comento ampliamente.