El blog que te cuenta el final de los libros

No me cuentes el final que no terminé de leerlo… Para! No cuentes más que no ví la película todavía. Miles de veces hemos dicho y escuchado estas frases. Los finales más allá de definir, de concluir un relato, una historia, guardan algo mágico, aquello que pareciera darle sentido a toda la actividad previa. A veces, resulta decepcionante. Cuando un final no gusta, uno tiende a preguntarse ¿Realmente me gustó el libro? ¿Cuánto incide el final? ¿Lo es todo?

Hay escritores que comienzan con el final. Otros lo tienen en su cabeza y luego lo van cambiando, pero si sigo con estas ideas, tengo que escribir otro post. Y esta noche, en realidad, quería hablar de un blog que descubrí (gracias a Twitter) hoy.

Enrique Cláros pareciera ir encontra de las leyes del buen gusto porque en su blog Finales de Novela transcribe las últimas líneas de grandes clásicos y de algunas novedades editoriales. Digo, pareciera porque en realidad no lo hace. Rescata los finales. Y si bien personalmente prefiero los principios (ya lo he comentado en otras entradas), no pude dejar de leer todos los finales que aparecen en su blog. Les dejo algunos:

Wilde, Oscar – El retrato de Dorian Gray (1890)

Traducción: Francisco Sallés 1967

«Al entrar, vieron colgado en la pared un espléndido retrato de su amo, tal como lo habían visto últimamente, en toda la maravilla de su exquisita juventud y de su belleza. Tendido sobre el suelo había un hombre muerto, en traje de etiqueta, con un cuchillo en el corazón. Estaba ajado, lleno de arrugas y su cara era repugnante. Hasta que examinaron las sortijas, no supieron quién era el hombre que yacía muerto.»

 

 

Cortázar, Julio – Ceremonias (1983)

La noche boca arriba (1956)
“En la mentira infinita de ese sueño también lo habían alzado del suelo, también alguien se le había acercado con un cuchillo en la mano, a él tendido boca arriba, a él boca arriba con los ojos cerrados entre las hogueras.”
Casa tomada (1956)
«Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.»
Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj (1970)

«No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.»

Auster, Paul – Trilogía de nueva York (1985)

Trad. no indicada. Ediciones Júcar 1991, prologado por Ramón de España.

La ciudad de cristal
«El cuaderno rojo, por supuesto, es sólo la mitad de la historia, como cualquier lector inteligente comprenderá. En cuanto a Auster, estoy convencido de que se portó bastante mal. Si nuestra amistad ha tocado a su fin, él es el único que tiene la culpa. En cuanto a mí, mis pensamientos siguen estando con Quinn. Siempre estará conmigo. Y donde quiera que haya ido a parar, le deseo suerte».

 

 

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