De encaje

“Alejate de la mujer rencillosa y habladora, la mujer debe callar y sonreir”. Eso le habían dicho, lo había escuchado, pero lejos de ponerlo en práctica movió su mano para desabrocharle el corpiño negro de encaje. Ella había pasado por todos los estados esa noche. Había llorado, gritado, reído, lo había empujado, mordido y recién ahora lo miraba con algo que no era cariño, ni ternura, más bien era el gesto de una araña que próxima a engullir a su presa, permite que – antes-  la fecunde.

G.L.

Ajo, La Micropoetisa

 29-07-2010 | Publicado en E.C.

Ajo es española y escribe poesía brevísima. A veces se pregunta: “¿Y si corazón no fue más que el aumentativo de la palabra coraza?”. Por G.L.

Un par de años atrás alguien me prestó uno de sus libros. A pesar de la globalización, así es como uno llega a conocer a escritores extranjeros, sobre todo si son del under como Ajo. Me llevó muy poco tiempo darme cuenta de que nos íbamos a llevar bien. Creo que al tercer micropoema sabía que esta relación iba a durar. Lástima que no se pueda ser tan certero con las relaciones reales, ¿no?

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Dice de sí misma que es la primera micropoetisa y como no hay otros que se llamen así, podríamos decir, la única micropoetisa; pero no es la única ni la primera que escribe poemas cortos. “Hay muchos poetas que practican la brevedad pero no se hacen llamar así. Por ejemplo, vuestra Alejandra Pizarnik era una grandísima micropoetisa. La gente en general prefiere las palabras mayores y yo soy más partidiaria de cuanto menos, mejor. Yo estoy al margen de la poesía oficial y académica, estoy en terreno de nadie”, nos dice Ajo por mail.

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