Crónica de la Maratón del Martín Fierro

Patricio Zunini de Eterna Cadencia ya subió al blog la crónica del 25 con fotos de cada escritor/lector. Lo comparto con todos ustedes, aprovecho para agradecer a las personas que se acercaron, a los escritores, a Patricio con quién hicimos gran equipo y a Pablo Braun que posibilitó que se realizara el evento.

Martín Fierro Bicentenario

Por P.Z.

Se dice que la Odisea se reconstruyó con la memoria colectiva: si algún día se perdiera el Martín Fierro, seguramente a través de la memoria colectiva volveríamos a recrearlo. No hay muchos íconos nacionales que nos hermanen incuestionablemente. San Martín, los ex combatientes de Malvinas, el Martín Fierro de José Hernández. No muchos más. Los argentinos que viven en el extranjero dicen que lloran cuando escuchan un tango, que extrañan el dulce de leche, o que compran -en cuanto pueden- un ejemplar del Martín Fierro.

Ayer, 25 de mayo, festejamos el Bicentenario con una “lectura maratónica” del Martín Fierro.

Diez minutos después de la dos, Abelardo Castillo quebró la tarde con el “Aquí me pongo a cantar”. Difícil tarea, tuvo que interpretar una estrofa ininterpretable -si se me permite el neologismo- de tantas veces oída. Continuó entusiasmada Sylvia Iparraguirre. Ambos, en realidad casi todos, trajeron su propia edición del Martín Fierro.

-¿Ya leyó, mi china? -le dijo Abelardo a Sylvia cuando terminó. Ambos suspendieron unas obligaciones que tenían para poder estar presentes en este encuentro.

El tercero en leer fue Horacio González. Fue este el primer encuentro en el que el Director de la Biblioteca Nacional participó en Eterna Cadencia, esperamos que no sea el último. Leyó con ímpetu pero a la vez con un tono paisano que le aportó una picardía especial a su lectura.

-¡Nos vemos en todos los eventos! -con un abrazo Castillo recibió a Ricardo Piglia.

Piglia siguió a González. En su fragmento estaba el famoso verso “va cayendo gente al baile”: él mismo pidió leerlo.

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Sabor a mí

Estos son los regalos que AMO recibir. Desde Bahía, Brasil, me trajeron este chocolate.

A simple vista, un chocolate más, pero si observan el detalle, podrán ver que dice tener “sabor a Gabriela”. Esto es en referencia a Jorge Amado, escritor que nació en Bahía y fue allí donde escribió su célebre novela: Gabriela, clavo y canela.

… Olor de clavo, color de canela, yo vine de lejos a ver a Gabriela… (Tonada de la zona del cacao. Amado Nervo).

Esta noche, el chocolate sabe a mí.