Cada vez

Un partidazo va caminando por la calle y le pregunta a la chica de largas piernas ortopédicas, ¿Tenés hora? Sí, dice la chica que levanta su muñeca y luce dos relojes. ¿Queres hora masculina u hora femenina? Masculina, responde él. La chica con piernas de plástico, sonríe, tiene a quién darle el reloj swatch de malla negra. Tomá, ya le cambié las pilas.

Ga.La.

Ajo, La Micropoetisa

 29-07-2010 | Publicado en E.C.

Ajo es española y escribe poesía brevísima. A veces se pregunta: “¿Y si corazón no fue más que el aumentativo de la palabra coraza?”. Por G.L.

Un par de años atrás alguien me prestó uno de sus libros. A pesar de la globalización, así es como uno llega a conocer a escritores extranjeros, sobre todo si son del under como Ajo. Me llevó muy poco tiempo darme cuenta de que nos íbamos a llevar bien. Creo que al tercer micropoema sabía que esta relación iba a durar. Lástima que no se pueda ser tan certero con las relaciones reales, ¿no?

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Dice de sí misma que es la primera micropoetisa y como no hay otros que se llamen así, podríamos decir, la única micropoetisa; pero no es la única ni la primera que escribe poemas cortos. “Hay muchos poetas que practican la brevedad pero no se hacen llamar así. Por ejemplo, vuestra Alejandra Pizarnik era una grandísima micropoetisa. La gente en general prefiere las palabras mayores y yo soy más partidiaria de cuanto menos, mejor. Yo estoy al margen de la poesía oficial y académica, estoy en terreno de nadie”, nos dice Ajo por mail.

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Grandes peleas de pareja en la literatura

Carver, Bukowski y Nabokov: tres grandes escritores que han conseguidos escribir las mejores peleas conyugales.

Por G.L.

Pocas escenas de la vida son tan ricas para retratar como las peleas de pareja. Cuando, en un cuento o novela, se avecinan estas batallas uno agudiza los sentidos y se sumerge de lleno en la tensión entre el odio y el amor. Estas guerras alcanzan grados impensables de violencia psicológica porque ponen en juego los sentimientos y las actitudes extremas de sus personajes.

lolita poemas de qué hablamos cuando hablamos de amor

Grandes escritores han sabido describir la furia que sólo se desata ante un ser amado o al que se ha amado. El rencor, el orgullo, el olvido, el desinterés se funden de manera tan aguda que en cualquier otro contexto el relato parecería exagerado, excesivo. No así en el marco de una pareja donde pareciera que casi cualquier cosa puede pasar. Y, en verdad, cualquier cosa pasa en esas discusiones que -en mayor o menor medida- todos hemos vivido.

Muchos escritores latinoamericanos tienen historias donde el amor llega al precipicio. Como con el fuego demasiado fuerte: la espuma puede durar unos instantes o permanecer durante una vida.

Existen diferentes tipos de peleas. Hay discusiones en la que ambos se tiran con sillas por la cabeza, otras en la que uno se desborda ante la calma del otro. Hay discusiones que parecen monólogos interrumpidos sólo por silencios, gestos y pensamientos. Está también la guerra fría en donde desaparece el cuerpo a cuerpo y, sin embargo, no desaparece el dolor.

Es genial la descripción que hace Teresa, “Terri”, el personaje de Raymond Carver en ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? sobre la gran pelea con su ex:

“Una noche me dio una paliza. Me arrastró por toda la sala tirando de mis tobillos. Y me decía una y otra vez: “Te quiero, te quiero, zorra”. Y mi cabeza no paraba de golpear contra las cosas”.

Esta relación y sus constantes peleas no tiene desperdicio. El episodio final antes del suicidio de él se parece a una pelea callejera. Sin embargo, Terri intenta convencer con su relato una y otra vez a los reunidos en su casa: “Algunas veces actuaba como un loco, es cierto. Lo admito. Pero me amaba. A su modo, quizá, pero me amaba. En todo aquello había amor, Mel. No digas que no“.

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Crónica de la Maratón del Martín Fierro

Patricio Zunini de Eterna Cadencia ya subió al blog la crónica del 25 con fotos de cada escritor/lector. Lo comparto con todos ustedes, aprovecho para agradecer a las personas que se acercaron, a los escritores, a Patricio con quién hicimos gran equipo y a Pablo Braun que posibilitó que se realizara el evento.

Martín Fierro Bicentenario

Por P.Z.

Se dice que la Odisea se reconstruyó con la memoria colectiva: si algún día se perdiera el Martín Fierro, seguramente a través de la memoria colectiva volveríamos a recrearlo. No hay muchos íconos nacionales que nos hermanen incuestionablemente. San Martín, los ex combatientes de Malvinas, el Martín Fierro de José Hernández. No muchos más. Los argentinos que viven en el extranjero dicen que lloran cuando escuchan un tango, que extrañan el dulce de leche, o que compran -en cuanto pueden- un ejemplar del Martín Fierro.

Ayer, 25 de mayo, festejamos el Bicentenario con una “lectura maratónica” del Martín Fierro.

Diez minutos después de la dos, Abelardo Castillo quebró la tarde con el “Aquí me pongo a cantar”. Difícil tarea, tuvo que interpretar una estrofa ininterpretable -si se me permite el neologismo- de tantas veces oída. Continuó entusiasmada Sylvia Iparraguirre. Ambos, en realidad casi todos, trajeron su propia edición del Martín Fierro.

-¿Ya leyó, mi china? -le dijo Abelardo a Sylvia cuando terminó. Ambos suspendieron unas obligaciones que tenían para poder estar presentes en este encuentro.

El tercero en leer fue Horacio González. Fue este el primer encuentro en el que el Director de la Biblioteca Nacional participó en Eterna Cadencia, esperamos que no sea el último. Leyó con ímpetu pero a la vez con un tono paisano que le aportó una picardía especial a su lectura.

-¡Nos vemos en todos los eventos! -con un abrazo Castillo recibió a Ricardo Piglia.

Piglia siguió a González. En su fragmento estaba el famoso verso “va cayendo gente al baile”: él mismo pidió leerlo.

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Últimos 100 metros…

Falta muy poco para que arranque la “Maratón del Martín Fierro” en Eterna Cadencia, organizada por Eblogtxt. Algunas repercusiones:

Nota en Ñ: “Escritores argentinos, en una lectura maratónica del Martín Fierro”.

Nota en TN blog: “Escritores festejan leyendo el Martín Fierro”.

Algunos Posts: Hda, Eblog, Cookieface, Comunar, Vivir Buenos Aires, Son cosas mías

Agradecemos a Otro día de FM UBA, a Radio Ciudad, a  Gabriela Bentolila de AM Belgrano, a Radio Continental, a Pop Radio, a Radio 10, a Silvina Miguel de FM Canning y a todos aquellos que nos están ayudando con la difu …

Imágen: Tomada de “Saludos Amigos” del capítulo que Walt Disney le dedicó a la Argentina luego de su visita en 1946 donde conoció a Molina Campos. Será proyectado el 25 en Eterna.

¿De dónde venimos?

Soy de esa generación, del libro de los gorditos sonrientes que te explicaban por qué crecían los pechos, los vellos y qué era hacer el amor. Todo muy pedagógico. El problema es que no me lo dieron, lo encontré.

La fascinación por los libros viene de siempre. Mi abuela Tota aprovecha todas las veces que nos vemos para volver a contarme – como por primera vez- el día que entró en la salita de tres y yo estaba sentada en una mesita, sola, pasando las hojas de un libro. No pudieron convencerme de que lo deje y la maestra terminó accediendo a que me lo lleve. Años después mi hermano me puso el apodo de “Autista”. Claro, cómo iba a entender que prefería leer a jugar con él a Titanes en el Ring, donde siempre terminaba ligando un cabezazo o la auténtica patada voladora.

Volviendo a la niñez. No recuerdo a qué edad exactamente fue, pero Laura Montalti ya desnudaba a las barbies cuando venía a jugar a casa. Algo sospechabamos, pero no sabíamos a ciencia cierta qué hacer con las dos barbies desnudas (aún no se había inventado el Ken, por suerte cuando salió ya sabíamos qué hacer con él).

Me gustaba tirarme en el living de casa, frente a la biblioteca y jugar con los libros. Así fue que una tarde encontré ¿De dónde venimos? Estaba descubriendo un mundo nuevo, una verdad oculta que involucraba a todas las personas que conocía. Todavía recuerdo cuando entró mi mamá al living y me vió con el libro en las manos. Esa sí que fue una gran mirada.

Al día siguiente entre al colegio con una sonrisa, tenía el saber antes que nadie! No escatimé en detalles. A qué viene esto…

A que hoy nació Milo Moyano, el hijo de mi amiga Tamara.

Sabor a mí

Estos son los regalos que AMO recibir. Desde Bahía, Brasil, me trajeron este chocolate.

A simple vista, un chocolate más, pero si observan el detalle, podrán ver que dice tener “sabor a Gabriela”. Esto es en referencia a Jorge Amado, escritor que nació en Bahía y fue allí donde escribió su célebre novela: Gabriela, clavo y canela.

… Olor de clavo, color de canela, yo vine de lejos a ver a Gabriela… (Tonada de la zona del cacao. Amado Nervo).

Esta noche, el chocolate sabe a mí.

Лолита

Uno de los mejores comienzos de la literatura universal es, sin duda, el que compuso Vladimir Nabokov para Lolita. Este verano fue para mí de -30 grados en Moscú y en la peatonal Arbat encontré esta joya.
Tienen que ver cómo está compuesto ese primer párrafo en alfabeto cirílico:
Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía.
Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, cuando estaba derecha, con su metro cuarenta y ocho de estatura, sobre un pie enfundado en un calcetín. Era Lola cuando llevaba puestos los pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos fue siempre Lolita.

Contra las Microficciones

Acabo de leer en Perfil una nota que salió en la cuál se desvaloriza a la Microficción como género y no es la primera vez. Conozco muchos intelectuales y escritores que maltratan al Micro Cuento.  Es increíble, cada vez hay menos espacio para la Literatura, cada vez se lee menos y en vez de ampliar el espectro ayudando a que otras formas crezcan, se las critica desde adentro.

No estamos hablando de dos frases escritas al azar, estamos hablando de un género que crece a nivel mundial y que en la Argentina tiene grandes representantes como Ana María Shua, Luiza Valenzuela, Raúl Brasca, David Lagmanovich, Eduardo Berti…

Basta de intelectualidades estúpidas… Vamos con una Microficción:

Los acontecimientos del pasado son los que determinan el presente. Por ejemplo, si tus padres no se hubieran conocido, hoy no existirías. Cuanto más se retrocede en el encadenamiento de circunstancias que conforman la historia del mundo, más inesperadas y sutiles serán las consecuencias que acarree el hecho más nimio, en una compleja, casi infinita sucesión de concatenaciones. Por ejemplo, si durante el cretásico superior cierto plesiosaurio carnívoro no se hubiera comido los huevos que una hembra de triceratops desovó tontamente cerca de la orilla, quizá, vaya uno a saber, me seguirías queriendo…

Ana María Shua