De cómo vive un lector en Buenos Aires

botticelli-primavera-detail-1482Un lector en Buenos Aires lee en Crónica una placa roja: Faltan 40 días para la Primavera. Se le viene a la cabeza el libro Primavera de Luto de Juan José Millás. Piensa en releerlo, y después, recuerda, que ya lo hizo tres veces. Ese mismo lector se sienta y sonrie.

“Supongo que su vida no ha sido menos infernal que la mía. Ambos nos hemos acechado en secreto durante todos estos años, porque de la supervivencia de uno dependía la existencia del otro. Él consiguió la gloria que a mí me permitió transformar en materia literaria todas mis obsesiones, y lo cierto es que ahora —al final de la vida— poco importa ya quién firmó aquellos libros, pues como ya expresé al principio de esta declaración, la identidad no existe ni existe el individuo, pues nada hay en él, excepto sus uniformes y medallas, capaz de hacerlo diferente de los demás mortales. Hay animales que están formados de otros varios y en los que los órganos correspondientes ejecutan funciones distintas; en tales casos, sólo la totalidad puede considerarse un individuo”.

Les dejo dónde leer el cuento entero: Trastornos de carácter, parte del libro.

Revolviendo el cajón de recortes…

Encontré este Articuento de Juan José Millás. Lo publicó en El País en 2002 cuando descubrió que ya existía un dominio con su nombre en Internet.

El otro

Cuando me dijeron que no puedo ser Juan José Millás en Internet porque alguien se lo ha pedido antes que yo, mi primer impulso fue poner una denuncia. Luego, como el abogado me salía más caro de lo que valgo, decidí dejar las cosas como están. Ese loco que pretende ser yo no tiene ni idea, pues, de la vida que le espera. Si ha de pasar en la existencia digital por la mitad de lo que yo he pasado en la analógica, no tardará en salir corriendo de mi cuerpo. Entre tanto, me divierte asomarme cada día al ojo de cerradura de la Red y ver a qué se dedica mi reflejo cibernético. De momento, no se dedica a nada: está ahí el pobre, en medio de un escaparate desolado, esperando que alguien lo compre. Pero quién va a comprarlo. ¿Quién va a comprar un Juan José Millás binario, por favor? No tiene ni idea el individuo que se ha metido en mi pellejo lo que me cuesta venderme cada día…

Leer más »

Viene Millás a la ARGENTINA

Oooooooooooooooohhhhhhhhhhhhhhhhhh Yeah!!

Eso acabo de leer en la información que me mandaron de La Feria del Libro. Juancito Josecito Millás, el español, mi español, viene. Y no es que nunca había venido peeero yo nunca lo pude interceptar y/o escuchar. Esta vez, nein me lo pierdo! 3danime21

La Feria del Libro arranca el Jueves 23 de abril, hasta el 11 de Mayo. Domingos a Jueves de 14 a 22, viernes y sábados de 14 a 23 hs. Después voy a ir posteando actividades que me parezcan interesantes.

Juan José Millás un vecino…

Si Juan José Millás fuese mi tío sería mi tío preferido, si fuese mi padre – que podría- jamás me sacaría el complejo de Edipo. Pero si Juan José Millás hubiese sido vecino mío, definitivamente ese viaje en ascensor hubiese durado mucho más que 8 pisos…

juan-jose-millas-gana-premio1

Sin embargo, es escritor y español, así que sólo puedo contentarme con que sea “de mis preferidos..”. Acá un corto suyo:

Una vez me hice un esguince y el profesor de gimnasia me miró con gesto de desprecio. “Te hiciste un esguince. Que te pongan un poco de pomada” me dijo. Lo que tenía mérito en la clase de educación física era romperse un hueso. Los esguinces eran cosa de chicas. Nos moríamos por las fracturas. Eso era lo máximo. Después todos querían firmarte el yeso y uno estaba semi inhabilitado. Pero yo nunca me rompí un hueso, y bien que me esforcé. Como no me gustaba el fútbol, trataba de caerme de la bicicleta en posturas raras, difíciles, pero nada! Mi cuerpo parecía de goma. Creí, entonces, que era invertebrado y que tenía que buscar una profesión que fuera compatible con mi cuerpo sin huesos. “Voy a ser ginecólogo” le dije a mi madre. Ella me miró seria y me dio un tortazo al mismo tiempo que decía: “Ahora mismo te vas a confesar”. Cuando me acusé de querer ser ginecólogo, el cura no sabía qué decir. Finalmente me puso dos padrenuestros de penitencia. Con eso entendí que le había parecido un pecado dentro de todo pequeño porque me había puesto una sanción menor que la vez que le perdí la goma a mi hermano y no se lo dije… Ah! Pero lo de las fracturas si lo entendió, él tampoco, nada che.