Lewis Carroll… Pedófilo?

Titula Ñ: El fin de la inocencia y cuenta la fascinación del autor de Alicia en el país de las Maravillas por las niñas. Fascinación misteriosa, casi inmoral, que lleva a preguntarse ¿Lewis Carroll era un hombre perverso? Ñ, contesta: Sí.

En 1855 Charles Lutwidge Dodgson, más conocido por nosotros por su seudónimo literario Lewis Carroll, conoce a Alice, una de las tres hijas del decano de la Universidad inglesa donde era bibliotecario. Alice tenía en ese momento 3 años. Carroll va a pasear con las niñas una tarde y les cuenta un cuento que sería una versión previa y precaria de Alicia en el país de las Maravillas. Ante el éxito con las niñas, decide pasarlo a papel y regalárselo a Alice para Navidad. A partir de ahí, según sus biógrafos Carroll estuvo obsesionado toda su vida con Alice, tanto que hasta llegó a proponerle casamiento cuando era apenas una niña y a perseguirla por mucho tiempo más.

Alice fue la primera de las numerosas amiguitas que el escritor fue teniendo durante su vida. Cuando Carroll se distancia de Alice, la atracción por las niñas se convierte en una auténtica manía. Siempre mujeres, siempre menores. Les tomaba fotos desnudas y les pedía a sus familias pasar una tarde o día entero con ellas sin ningún tipo de vigilancia… Es genial el extracto donde le pide a una madre esto:

“¿Querría usted decirme si puedo contar con sus niñas para invitarlas a tomar el té, o al menos a cenar solas? Sé de casos en los que no puede invitárselas sino en grupos y tales amistades no pienso que valga la pena conservarlas…”.

Ahora ¿Hay pruebas de abuso, denuncias…? No, misterio.

Y tengo que decirlo, un poco me arruinaron la vida con esta noticia porque amo ese libro yyyy ahora su autor tiene una moral cuestionable. No es que el libro me vaya a dejar de gustar, pero lo empezas a mirar raro… De la mesa de luz, lo sacás.

Alicia en el país… Episodio II

Esta es, para mi, la mejor parte de Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll. (Va en dos diálogos, siguiendo la línea)

Una merienda de locos.

– Se me ha atrasado el reloj dos días! Exclamó desesperadamente el Sombrerero.
-Ya te dije que no se arreglaba con mantequilla! – añadió mirando a la Liebre con indignación.
– Te juro que usé mantequilla de la mejor calidad!
– Claro, pero con la mantequilla se habrán mezclado migas de pan- gruño el Sombrerero- No deberías haber untado el reloj con el cuchillo del pan!

 

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– Aquí siempre son las seis de la tarde, la hora del té! Y como siempre estamos en la misma hora, no nos da tiempo para lavar los platos!
– Y se van moviendo de un lugar a otro de la mesa ¿No es así?
– Así es- dijo el Sombrerero- Cuando ensuciamos un lugar, nos corremos al siguiente!