Fernando Noy presenta su primer libro de cuentos

“Sofoco” de Editorial Mansalva será presentado el jueves 17 de abril a las 20hs. en Casa Brandon, Luis María Drago 236 CABA. Entrada gratuita. 
 
Imagen «Cuentos escritos con saliva, sudor y lágrimas”, según las palabras de Noy.  Escribe en contratapa Liliana Viola: “(…) Retrato de Dorian Noy, estos siete cuentos escritos en primerísima persona son la más perfecta expresión de un subgénero degenerado y personal: la autobiografía fetichista, una memoria alevosamente parcial que hace foco exclusivo en el ansia, en una sola parte del cuerpo y en un único acto que es, sin equívocos, carnal”. 
 
ImagenHablarán sobre la edición dirigida por Francisco Garamona los escritores Liliana Viola, Gabriela Cabezón Cámara y Julián López R. El encuentro contará con la presencia de Humberto Tortonese, Tino Tinto, Cecilia Zabala, Franco Luciani, Nacho Marciano, Mau, Ulises Conti, Luis Ortega, María Onis, Susy Shock, Sara Mamani, Sofía Spano, Lucía Montero, Laura Peralta y Fernanda Laguna, entre otros artistas invitados. La puesta en escena estará a cargo de Gastón Ezcurra. Musicalización del DJ Cristian Trincado y Pablo Anglade. Videos e imágenes de Laura Tenenbaum y María Aramburú. Conducción: Florencia Tagliani y Tali Nadel.
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Sobre el nuevo libro de cuentos de Pablo Ramos

Mi tallerista y amigo Pablo Ramos cuenta hoy en su blog La arquitectura de la mentira por qué sacará su segundo libros de cuentos en Marzo del año próximo. Se llamará El camino de la luna y viene con una propuesta interesante, mejor que nadie, lo cuenta él. No se pierdan leerlo porque anticipa el primer «cuento».
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Decidimos, mi editora y yo, sacar mi libro de cuentos en marzo del año próximo. Esta decisión la tomamos porque, básicamente, no tengo ningún apuro por publicar, pero, además, en estos días, surgió un texto que resignificó a todo el libro, que lo terminó de unir, de consolidar como el libro que verdaderamente es: un libro de disculpas, un libro de saldos pendientes con  algunas de las mejores personas que pasaron por mi vida.

          El texto que surgió cambió hasta el título del libro, que ahora se llama: El camino de la luna. Y es el texto que abajo voy a copiar. Es, más vale, un cuento.

         Este cuento estará dividido y repartido sin título antes de cada parte del libro (son tres partes), y al final, luego de un separador de hoja blanca, será repetido bajo este título de manera íntegra y, tal vez, con una línea troquelada para que pueda ser desprendido y regalado, o arrojado al fuego, o al mar, o simplemente, y lo que sería más digno, a las sucias calles de Buenos Aires. Porque de ahí venimos él y yo. De ahí mismo.

         Espero que no se me enojen en la editorial, lo que sí aviso es que no voy a dejarlo para siempre en el blog. Seguramente, ante la firma de contrato, o sea el mes que viene, deba borrarlo y lo haré con gusto.

El camino de la luna

Seguramente fueron los ruidos del paso de los camiones por la avenida Roca. Nunca me pude acostumbrar a ese ruido, vibraba en los brazos, y a mí me temblaba el pulso y metía mal, de costado, como un ciego, afuera de la vena. Los ruidos o el fastidio que hacer eso me provocaba, me tendría que haber animado a decirles que no quería hacerlo, no quería ese rol en nuestra historia y por eso jamás empujé ni una vez el émbolo. Luego esa vez, la única. Y hoy, ahora quiero decir, en esta noche donde acabo de cerrar este libro más contable que literario, me decía:

     –Ya está, con los vivos y con los muertos. Voy a escribir una comedia, ahora, mañana me pongo con una comedia porque ya está.

     Me decía:

     –Ahora voy a poder dormir de noche, o al menos voy a poder dormir en paz.

     Belén descansaba a mi lado. En los otros cuartos, como siempre, gente. Tres amigos, mi hijo mayor, una amiga de alguien. Me tiré junto a ella en la cama y comencé a llorar. De cansancio creo, porque hacía dos noches que casi no dormía. Y el llanto trajo tu nombre, David, y supe que ni ese pago me iba a poder ahorrar. Y supe que si hasta hoy había logrado sostener a puro convencimiento el disfraz de impotencia que le puse a la responsabilidad, tu nombre venía a derrumbarlo todo.

      Y me levanté a escribir.

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