Mujeres de muchos hombres, Ricardo Coler

(Columna Radio Ciudad 18.01. Séptimo Día)

A propósito de la gira del Papá Francisco por Asia, traje un libro que me parece interesante porque trae a colación uno de los problemas que la Iglesia católica siempre enfrentó y sigue aún enfrentando ¿Qué, cuál es? Su bastión: La familia. El concepto de familia como base del sistema de creencias y valores que predican.

Mientras que en el mundo occidental el foco está puesto en la aceptación de familias homoparentales, esto quiere decir familias compuestas por dos mamás o dos papás. En su gira Francisco se encontrará con otros tipos de conformaciones familiares como- por ejemplo- las familias compuestas por una mujer y varios hombres.

El libro que traje se llama Mujeres de muchos hombres y fue escrito por el periodista argentino Ricardo Coler (tal vez lo conozcan porque es fundador y editor de la revista La mujer de mi vida). No es el primer libro donde Coler se mete a investigar el rol de la mujer en otras culturas. También escribió El reino de las mujeres (2005), y Ser una diosa (2006).

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En este libro, Coler cuenta su viaje a Ladakh, un lugar cerca del Himalaya, donde la poliandria es oficial. En ese viaje se va reuniendo con diferentes familias e intenta hablar con las mujeres, las cabezas, de esas familias. En algunas casos lo logra y en otros fracasa. Pero qué es lo interesante de este libro.

En principio varios datos antes de hacer un análisis, las mujeres se casan con un marido y con varios de sus hermanos. Viven todos juntos. Ella va pasándose noche a noche de habitación o ellos van a la suya, dependiendo de la familia. La mujer tiene hijos con todos ellos y todos les dicen papa a los hombres de la casa. A veces una mujer cercana a los 35 años puede tener un marido de 45, otro de 35 y otro de 19.

Pero ¿por qué hacen esto? Las razones de las mujeres son claras. Cualquiera diría que es un sistema que hay que adoptar ya mismo. Yo no podría porque Lalo tiene sólo hermanas mujeres. Pero Cocó podría hacerlo con Diego y Esteban por ejemplo. En primer lugar porque se aseguran más entradas de dinero y además porque si alguno muere o decide irse su hogar no va a estar en peligro. Los hombres en general en esas zonas deben viajar para trabajar, es entonces también una forma de asegurarse que la mujer no le va a ser infiel.

Queda resolver ¿Por qué los hombres lo hacen? Bueno, porque quieren mantener su familia de origen y creen que es la mejor forma porque de otra manera, muchas veces pasa, que – dicen ellos- las cuñadas se pelean y la familia se dispersa.

La pregunta final que nos queda es: ¿Tendremos en un futuro una Iglesia católica lo obligadamente tan blanda e invertebrada que pueda no sólo aceptar sino acunar bajo su seno a este tipo de familias?

Recomendaciones de verano

Mis libros leídos y mis libros abandonados de enero.

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– Tú y yo. Niccolo Ammaniti. 

Una hermosa novela sobre la historia de dos hermanos. Lorenzo un adolescente con problemas de adaptación decide esconderse durante una semana en un sótano. Le dice a sus padres que irá a esquiar con amigos, pero se queda allí encerrado. Su hermana de 23 años cae de sorpresa. El escenario es divino, un sótano, una semana, solos sin que nadie lo sepa. Divertida y conmovedora. Muy recomendable.

– Hacerse el muerto. Andrés Neuman. 

“Mi padre siempre había caminado de manera extraña. Veloz y al mismo tiempo torpe. Cuando iniciaba sus caminatas, uno nunca sabía si iba a tropezarse o echar a correr”. Marqué esta frase del nuevo libro de cuentos y microcuentos del amigo Neu. Lo hice porque me parece que pinta su escritura, su cabeza o por lo menos, es la mirada suya que me gusta y hace que me agarre más al libro. Es esa manera que tiene de describir un detalle bordeando la ternura y a la vez el humor. Confundiéndolos en nuestra cabeza, invitándonos a unirlos a su manera, extraña pero natural. Como si fuera la única manera posible de mirar. Me gustaron especialmente “Estar descalzo” de donde pertenece este extracto. También “Hacerse el muerto”, “Después de Elena” y “Madre atrás”.

– El sentido de un final. Julian Barnes.

No me gustó la traducción española, como muchas veces pasa, siento que me perdí mucho. Pero lo que quedó de la historia me encantó. Cuatro amigos londinenses y su entrada a la pubertad. La escuela, la literatura, sus pactos, lindas conversaciones filosóficas, de literatura y muchos proyectos para vidas que podían ser lo que quisieran. Luego aparecen las novias, ellos entran a la universidad y comienzan a separarse. La historia recorre la vida de uno de ellos, Tony Wester hasta que es un adulto. Una mañana recibe una carta diciendo que uno de sus amigos, Adrian, había muerto y que le habían dejado su diario a él. El diario no se lo envían y cuando comienza a rastrearlo descubre muchas cosas de su pasado y el de su amigo. Y más que descubre logra ir analizando. Es una novela sobre la vida, la experiencia, el pasado, que deja un sentimiento desolador a quien la lea, o por lo menos a mí me pasó. Una novela que viene a decirnos: Sos una persona normal. Como cualquier otra persona. Pasó la vida, la dejaste pasar y acá estás. Al final, no eras tan especial, ¿viste?

Me quedo con un pasaje: “A medida que los testigos de tu vida disminuyen, hay menos corroboración y, por consiguiente, menos certeza de lo que eres o has sido”.

– El telo de papá. Florencia Werchowsky

Florencia vive en un pueblo del sur donde su padre es el dueño del único telo que hay. La novela recorre la niñez, adolescencia y juventud de la protagonista rodeada de anécdotas muy graciosas y bizarras sobre las actividades de su padre. También cuenta la historia de una familia que se va troquelando, por no decir partiendo, según diferentes momentos económicos de los ´90 y decisiones como que la niña vaya a Buenos Aires a estudiar ballet al Colón. Está bien escrita y sostiene una mirada siempre interesante aunque por momentos condescendiente con cierta imagen de esa familia, de esos padres. Ahí es donde, creo, la novela pierde un poco, en no haberse despegado de la protagonista, pero es preciosa y te reís. A leer!

 Libros que empecé y abandoné. Porque abandonar libros está muy bien. 

– Días sin hambre. Delphine De Vigan. Abandonado en pág 35.

– Plegarias nocturnas. Santiago Gamboa. Abandonado en pág. 51.

– Fauna. Mario Levrero. Abandonado en pág. 71.