Un buen libro de cuentos, que no es poca cosa

Con Samanta Schweblin empecé por el final. Lo primero que leí fue Pájaros en la boca, su segundo libro de cuentos. Luego, el año pasado compré El núcleo del disturbio, pero recién lo terminé este fin de semana. Se me había traspapelado entre la montaña que crece sobre mi mesa de luz.

Grata sorpresa me llevo al descubrir un libro de cuentos tan intenso y auténtico. Me gustó mucho. Sobre todo me llevo dos cuentos, de esos que se impregnan y luego los contas por ahí, como si fueran amigos o anécdotas cercanas. Ellos son Matar al perro y Adaliana.

Lean a Samanta, no sé verdaderamente a qué persona podría no gustarle su literatura. Les dejo Matar al perro, cuento que está subido en su web.

El Topo dice: nombre, y yo contesto. Lo esperé en el lugar indicado y me pasó a buscar en el Peugeot que ahora conduzco. Acabamos de conocernos. No me mira, dicen que nunca mira a nadie a los ojos. Edad, dice, cuarenta y dos, digo, y cuando dice que soy viejo pienso que él seguro tiene más. Lleva unos pequeños anteojos negros y debe ser por eso que le dicen el Topo. Me ordena conducir hasta la plaza más cercana, se acomoda en el asiento y se relaja. La prueba es fácil pero es muy importante superarla y por eso estoy nervioso. Si no hago las cosas bien no entro, y si no entro no hay plata, no hay otra razón para entrar. Matar a un perro a palazos en el puerto de Buenos Aires es la prueba para saber si uno es capaz de hacer algo peor. Ellos dicen: algo peor, y miran hacia otro lado, como si nosotros, la gente que todavía no entró, no supiéramos que peor es matar a una persona, golpear a una persona hasta matarla.

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