Microficción de Lunes surrealista

Se despertó con la última imagen de sueño: dos ojos que lo miraban mansamente sin pestañear. Fue un sueño muy vívido y se sentía acompañado por esa mirada, lo afirmaba sobre sí mismo, lo mantenía erguido; estaba a gusto aunque no podía reconocer a quien pertenecía. En el acto reflejo de mirarse al espejo tardó un tiempo en ver en sus órbitas los ojos soñados y por detrás sus propios ojos. Miró su cara con ojos nuevos y se asombró de lo que devolvía el espejo. Esos ojos lo habían mirado siempre, eran viejos y cansados. En ese movimiento del ánimo la imagen fue diluyéndose hasta que emergieron sus ojos evidenciando ante él a un desconocido. Se demoró en salir a la calle porque sintió la necesidad de darse un nombre. La historia, recién comenzaba.

Román Caracciolo de Cuentosymás.com.ar

Imágen: René Magritte.

De encaje

“Alejate de la mujer rencillosa y habladora, la mujer debe callar y sonreir”. Eso le habían dicho, lo había escuchado, pero lejos de ponerlo en práctica movió su mano para desabrocharle el corpiño negro de encaje. Ella había pasado por todos los estados esa noche. Había llorado, gritado, reído, lo había empujado, mordido y recién ahora lo miraba con algo que no era cariño, ni ternura, más bien era el gesto de una araña que próxima a engullir a su presa, permite que – antes-  la fecunde.

G.L.

Microficción por el Día de la Madre

Me adelanto un día porque mañana domingo estaré desfilando por casas y madres. No dejen de leer esta microficción, a mí me emociona…

Siempre imagino que mi madre tiene nada más que venticinco años (la edad que ella tenía cuando yo nací), de ahí, que me enfurezca si la oigo arrastrar los pies, cloquear, toser o pensar como una vieja. No entiendo por qué a los venticinco años le han salido arrugas ni me explico cómo siendo tan joven se acuesta tan temprano.

 Si en algún momento de pavorosa lucidez advierto que es una vieja, tal descubrimiento me llena de horror, por lo cual trato inmediatamente de expulsar dicho conocimiento de la luz de mi conciencia, de manera que en seguida recupera sus venticinco años.

Ella me trata a mí continuamente como si yo fuera una niña, por lo cual nos entendemos perfectamente.

No insisto en crecer, porque sé que es inútil: para nosotras dos, el tiempo se ha estacionado y ninguna cosa en el mundo podría hacerlo correr. Moriré de cinco años y ella de venticinco: a nuestros funerales asistirá una muchedumbre de ancianos niños y de niños que jamás llegaron a crecer.

Crianzas de Cristina Peri Ross.

Imágen: Klimt.

Una mujer enamorada

 

Hasta el fin de sus días, Perseo vivió en la creencia de que era un héroe porque había matado a la Gorgona. Si, justamente a una mujer de la edad, la experiencia, de los recursos (la mirada) de la Gorgona. Lo que ocurrió fue que Medusa, en cuanto lo vió de lejos, se enamoró de él. Ya estaba harta de hombres de piedra. Quería a su lado a un muchacho joven, de carne y hueso, vivo. Ardiendo, pues en deseos, bajó los párpados y permitió que Perseo se acercase. Terrible error el de esta mujer enamorada: Perseo le cortó la cabeza.

Microficción de Marco Denevi.

Curso de Microficción en Buenos Aires

Mañana cierra la inscripción para el curso teórico-practico en microrelatos que dictará la argentina que vive en Barcelona Flavia Company. El curso comienza el 8 de agosto en Casa de Letras.  Este curso intensivo propone una aproximación al género del Microrrelato a través de la lectura de diversos autores, del abordaje de técnicas de escritura y –finalmente- de la elaboración de un conjunto de microrrelatos.

El curso durará 5 clases de 3 horas cada una. Lunes 8 de agosto, de 19 a 22 hs. Martes 9, miércoles 10, jueves 11 y viernes 12 de agosto, de 18 a 21 hs. ($ 400).

 Programa y contacto:Leer más »

Microficción de Jueves

Lo terrible sucede una mañana de éstas. Usted sale de su casa y olvida la cara en el espejo. Anda todo el día sin saberlo. Es decir, que nadie se lo dice. Nadie le reprocha tanta lisura, esa página neutra en lugar del rostro. En realidad, usted piensa que nadie lo mira ni lo ha mirado nunca, preocupados como están los demás por sus propias arrugas. Pero no es así. Ellos murmuran. Y el murmullo crece como una música indeseable. En voz baja, con guiños cómplices y esquelas anónimas que cruzan la oficina, conspiran contra usted. Tampoco sus vecinos o su mujer o sus hijos le señalan el olvido. Nadie parece advertirlo. Tampoco usted, lógicamente, que al mirarse nuevamente en el espejo, recupera la cara perdida.

Olvido de Orlando Van Bredam.

Microficción para despertarse un Lunes de febrero…

Dormí muy poco. Para despabilarme, pensé en leer esta microficción. Sabía que alguna vez la había subido a eblogtxt. Esto fue lo que encontré. Hace un año, en Enero, escribía… “Después de un buen fin de semana, después del insomnio del domingo, después de dormir sólo 5 horas… Me despierto -hoy- lunes recordando esta microficción que bien podría llamarse, Microficción para levantarse un Lunes de enero…”.

Qué circular soy.

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Última elección

El pez resuelto al suicidio evita veloz la red en la que moriría con sus compañeros, pasa de largo frente al anzuelo del pescador rutinario que hojea una revista y traga sin dudar el de un niño que recordará mientras viva los
espasmos terribles de su asfixia.

Raúl Brasca

Murió David Lagmanovich

En medio de la muerte de Néstor Kirchner que obviamente inundó los medios, me perdí esta noticia. Hoy me entero que el Martes falleció David Lagmanovich, gran escritor, académico y noble persona.

Hace un mes hablé con él por teléfono, la idea era organizar una charla sobre Microficción cuando viniera antes de fin de año a Buenos Aires, vivía en Tucumán. Un hombre amable, inteligente y con una gran energía. Nos quedan sus investigaciones, su trabajo y sus textos para siempre.

ampliar fotoEl destacado escritor y linguista tenía 83 años. Fue docente en la UNT, en la Unsta y en varias universidades de EEUU y Europa. Sus restos fueron velados en una sala del pasaje Padilla. Nacido en Córdoba, se trasladó siendo aún un niño a Tucumán, donde cursó sus primeros estudios. Desde entonces, le ha puesto el cuerpo y el corazón a la palabra y a la escritura.  

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Cumbre de Microficción

microficción en eterna cadencia

Mañana a las 19, dentro del ciclo de los Martes de Eterna Cadencia, Ana María Shua, Raúl Brasca, Juan Romagnoli y Fabián Vique participan de un encuentro donde hablarán de los secretos y placeres de la microficción y leerán algunos textos. Con entrada libre y gratuita.

Finca Las Moras auspicia el ciclo e invita al público asistente con una copa de Alma Mora.

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El mundo entero a golpe de vista

La microficción aspira a la perfección: “Cada palabra cuenta, vale decir, narra o relata”, dice David Lagmanovich.
Por G.L.

Los conocemos con el nombre de microcuentos, microrrelatos, microtextos, minificciones o textículos, y algunas definiciones los encierran en “la narrativa que ocupa el espacio de una página”. La norma principal pareciera ser su duración, la idea de que se pueda leer de un solo vistazo. Sin embargo, el escritor David Lagmanovich en su libro El microrrelato. Teoría e historia va más allá y afirma que la naturaleza del microrrelato no consiste solo en la extensión del texto, aunque sea su principio, sino también en sus rasgos: “Se busca la perfección. Cada palabra cuenta, vale decir, narra o relata. Todas las palabras son importantes”.

El primero microtexto que se cita al evocar el género es el del escritor guatemalteco Augusto Monterroso:

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

Tal es la fama que adquirió esta minificción en el mundo que el especialista mexicano Lauro Zavala escribió en 2002 El dinosaurio anotado, una recopilación de decenas de microrrelatos que surgieron a partir de la influencia de éste. Uno es el caso del escritor español Juan José Merino:

Al despertar, Augusto Monterroso se había convertido en un dinosaurio. “Te noto mala cara”, le dijo Gregorio Samsa, que también estaba en la cocina.

Eduardo Berti escribió, también, en esta línea  “Otro dinosaurio”:

Cuando el dinosaurio despertó, los dioses todavía estaban allí, inventando a la carrera el resto del mundo.

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Microficción de Miércoles

Observé que mis amigos trataban de conquistar a las novias que yo iba dejando. Para mi desgracia, lo conseguían. No sé si gustaban de ello por el morbo de la reconquista o porque me tenían idolatrado.

Por venganza, comencé a salir durante cortas temporadas con muchas mujeres feas e insulsas, usándolas como pañuelos que arrojaba sin sentir ninguna culpa.

Actualmente mis amigos están casados con esposas feas. Yo soporto en mis carnes un currículum de seducciones de saldo negativo, pero, lo hago, con una sonrisa”.

 José Ángel Barrueco

 

Imágen: Mondongo