Los amantes. Juan Rodolfo Wilcock.

Decidieron no levantarse más de la cama: se aman locamente, y no pueden alejarse el uno del otro más de sesenta, setenta centímetros. Así que lo mejor es quedarse en la cama, lejos de los llamados del mundo. Está todavía el teléfono, en la mesa de luz, que a veces suena interrumpiendo sus abrazos: son los parientes que llaman para saber si todo anda bien.

Los amantes se levantan solamente para ir al baño; la cama está toda desarreglada, las sábanas gastadas, pero ellos no se dan cuenta, cada uno inmerso en la ola azul de los ojos del otro, sus miembros místicamente entrelazados.

La primera semana se alimentaron de galletitas. Como se terminaron las galletitas, ahora se comen entre ellos. Anestesiados por el deseo, se arrancan grandes pedazos de carne con los dientes, entre dos besos se devoran la nariz o el dedo meñique, se beben el uno al otro la sangre; después, saciados, hacen de nuevo el amor, como pueden, y se duermen para volver a comenzar cuando despiertan. Han perdido la cuenta de los días y de las horas. No son lindos de ver, eso es cierto, ensangrentados, descuartizados, pegajosos; pero su amor está más allá de las convenciones.

Imágen: Ernesto Bertani.

Mácroficción

Siempre imagino que mi madre tiene nada más que venticinco años (la edad que ella tenía cuando yo nací), de ahí, que me enfurezca si la oigo arrastrar los pies, cloquear, toser o pensar como una vieja. No entiendo por qué a los venticinco años le han salido arrugas ni me explico cómo siendo tan joven se acuesta tan temprano.

 Si en algún momento de pavorosa lucidez advierto que es una vieja, tal descubrimiento me llena de horror, por lo cual trato inmediatamente de expulsar dicho conocimiento de la luz de mi conciencia, de manera que en seguida recupera sus venticinco años.

Ella me trata a mí continuamente como si yo fuera una niña, por lo cual nos entendemos perfectamente.

No insisto en crecer, porque sé que es inútil: para nosotras dos, el tiempo se ha estacionado y ninguna cosa en el mundo podría hacerlo correr. Moriré de cinco años y ella de venticinco: a nuestros funerales asistirá una muchedumbre de ancianos niños y de niños que jamás llegaron a crecer.

Crianzas de Cristina Peri Rossi

Usted suele sentir…

millais

Usted suele sentir lo que otros llaman nostalgia. Uno siempre, siempre trata de reír y estar alegre, pero a veces – que le vamos a hacer- le agarra eso de la nostalgia, animal ofendido. Y entonces es como un dolor muy poco inteligente que le va avanzando sin ton ni son por el cuerpo y que no oprime allí donde debería oprimir un dolor cualquiera. Como esos dolores de los que ni vale la pena hablar, los que todo el mundo sufre: la falta de amor o el dolor de cabeza o las tripas de estopa. Cosa de todos y de todos los días. Lo que mata es lo otro: la añoranza de aquello que nunca llegará tan siquiera a dejarse entrever, a sugerirse.

LUISA VALENZUELA.

Patas

La ví aparecer jadeante en el andén del tren. Tenía el pelo desaliñado, el delantal colgado descuidadamente sobre sus caderas.

– ¡Volvé! Me gritaba.

La primera vez que lo dijo me pareció una orden, la segunda una súplica, la tercera, una duda.

Escuché el silbato del tren. Ya tenía que irme.

Miré a los ojos a mi madre, lloraba. Esforzó una sonrisa y me dijo: ¡Luchá!, en mis manos puso una carpeta sucia en que se leía “Para mamá”. Eran todos los poemas de mi niñez.

 Escritor (Anónimo)

Repercusiones de eBlogtxt en Fotolog.com

Generacionalmente no entré en el mundo Fotolog… Aunque lo intenté, perdí la paciencia y me aburrí rapidamente de efear y todo eso.

Por suerte hay gente que lo usa, y hoy me encontré con esta chica que posteó una Microficción mía que publiqué en eBlogtxt hace unos meses.

Lo mejor fue entrar como a escondidas y descubrir un público diferente, más adolescente del que yo creo anda por aquí, pero quién sabe!!

Gracias. Este es el Fotolog, La Sonrisa de la Luna.

Microficciones por radio

Para todos los que se engancharon con la Microficción ahora pueden escuchar todas las noches una Micro en Pop Radio 101.5. De 22 a 24 Gastón Gaspar va a leer una Microficción por día elegida por mi.

Ayer, empezó y brilló con esta de Ana María Shua:

Un grito entra por la ventana. Si lo dejo salir, volverá a molestarme. Rápidamente bajo las persianas y me entiendo con él. Le propongo sonar libremente en los horarios que prevé el reglamento. Él es frugal. Yo soy generosa. Sin embargo, la convivencia nos resulta imposible. A la larga, dormir toda la noche con un grito reprimido suele traer dolores de cabeza.

Microficción de Viernes

Teseo, que acababa de matar al Minotauro, se disponía a salir del Laberinto siguiendo el hilo que había desovillado cuando oyó pasos y se volvió. Era Ariadna, que venía por el corredor reovillando su hilo.

– Querido- le dijo Ariadna, simulando que no estaba enterada del amorío con la otra, simulando que no advertía el desesperado gesto de “¿Y ahora qué?” de Teseo-, aquí tienes el hilo todo ovilladito otra vez.

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Héroes

(Enrique Anderson Imbert).

Jueves de Microficción

Ya leyeron Amor I, la microficción de Raúl Brasca. Ahora va la dos. Disfruten.

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Amor II

Pretende que yo estoy enamorada del amor y que a él sólo le interesa el sexo. Dejo que lo crea. Cuando su cuerpo me estremece, lo atribuye a sus muchas palabras. Cuando mi cuerpo lo estremece, lo atribuye a su propio ardor. Pero me ama. Y no lo saco de su engaño porque lo amo. Sé muy bien que seremos felices lo que dure su fe en que no nos amamos.

(Ilustración de Flavia Da Rin)

Adicción

Lo son. Estas malditas Microficciones. Hoy la cosa es temática: INFIELESSS.

Por qué Don Juan se hizo Tenorio

En su primera juventud se casó con una de las mujeres de las que Chamfort dice que, porque no merecen ser abandonadas, son engañadas. (Marco Denevi)

Monna Lisa

Esa mirada te sigue de un lado a otro, de izquierda a derecha, de derecha a izquierda. En efecto, la Gioconda se quedó con el tic de vigilar día y noche a su adúltero marido. (Marcial Fernández)

El otro lado de la cama

Luego de más de quince años de matrimonio, una noche ensayaron una novedad: intercambiar los lados de la cama en donde dormían. Así, no sólo durmieron en geografías diferentes, en donde las luces, los ruidos y las texturas cambiaban, sino que también llegaron a soñar los sueños de otro. Fue toda una noche en la que se enteraron de las imágenes, deseos y secretos que ocurrían al otro lado de la cama. Al otro día, de común acuerdo, comenzaron los trámites de divorcio. (Diego Golombek)

Perdió la cabeza

En tan sólo un instante, perdió la cabeza, sin aparente motivo o razón. Angustiado, tomó –como pudo- el celular con sus manos y mandó un mensaje de texto “Perdí la cabeza”. Fue enviado al azar, no pudo hacer otra cosa, carente de cabeza y visión. El mensaje le llegó a un compañero de trabajo quien le respondió: “Ya me parecía turro, te comiste a Vivi, la de comercial!!”. Impaciente, transpiraba. Tirado en el piso de su comedor sintió como el celular le vibraba en las manos, pero nada pudo hacer para leerlo, no hubo manera… era un hombre sin cabeza. Sólo le quedaba sentarse a esperar que llegara alguien y lo viera, lo ayudara. Se arrastró hasta la cama a esperar, pero cayó con tanta fuerza que despertó a Vivi”. (Gaby Larralde).

Blog para leer

Quiero recomendarles un excelente blog de Minificciones, Microrelatos, Minirelatos, Ficción Súbita, Textos Bonsai o como quieran llamarle… a mi me gusta decirles Microficción.

Agarrar al estúpido lagarto de ojos azules se convirtió en lo más complicado. Algo mucho más difícil que capturar al caballo, al burro, a la oveja o incluso al león. Al tercer día, con el cielo nublado y el diluvio por venir, me dí por vencido. Dios lo quiso así. Cerré la puerta del arca y lo di por extinguido.

-Raúl Sánchez Quiles