Nuevo libro de Microficciones

Estoy terminando de leer Bosque de Ojos, el libro de Microficciones de María Rosa Lojo. Aunque es una escritora reconocida en poesía y textos breves es la primera vez que leo algo suyo. Me gusta. En este libro se centra en temas específicos, la obra está dividida en cuatro partes: Historias del Cielo, Esperan la mañana verde, Forma oculta del mundo y Visiones. Más de 240 textos. Les dejo uno: 

El buen dios

El Buen Dios tiene media cara cortada por cicatrices, camina como un delincuente en fuga o un minusválido, contrahecho y escondido por los arrabales del sueño. Huye de las miradas perspicaces que podría revelar su nueva fealdad a los fieles creyentes.

El Buen Dios ha perdido la guerra con el Diablo. Ha tenido que devolverle su resplandor angélico, su belleza que enceguecía como el azogue, su prestigio de divino mensajero.

Ahora Satán vive en los palacios perfumados donde estaba la Casa de Dios y exhibe su perfecta faz en las pantallas que multiplican Su Gloria por todos los planetas.

Al atardecer, cuando la luz se vuelve piadosa, con media cara vendada para que nadie pueda reconocerlo, el Buen Dios pide limosna de casa en casa, o vende baratijas en los trenes de los suburbios.

Su derrota es para siempre, o ha olvidado las esperanzas. La bondad es lo único que le queda.

Contra las Microficciones

Acabo de leer en Perfil una nota que salió en la cuál se desvaloriza a la Microficción como género y no es la primera vez. Conozco muchos intelectuales y escritores que maltratan al Micro Cuento.  Es increíble, cada vez hay menos espacio para la Literatura, cada vez se lee menos y en vez de ampliar el espectro ayudando a que otras formas crezcan, se las critica desde adentro.

No estamos hablando de dos frases escritas al azar, estamos hablando de un género que crece a nivel mundial y que en la Argentina tiene grandes representantes como Ana María Shua, Luiza Valenzuela, Raúl Brasca, David Lagmanovich, Eduardo Berti…

Basta de intelectualidades estúpidas… Vamos con una Microficción:

Los acontecimientos del pasado son los que determinan el presente. Por ejemplo, si tus padres no se hubieran conocido, hoy no existirías. Cuanto más se retrocede en el encadenamiento de circunstancias que conforman la historia del mundo, más inesperadas y sutiles serán las consecuencias que acarree el hecho más nimio, en una compleja, casi infinita sucesión de concatenaciones. Por ejemplo, si durante el cretásico superior cierto plesiosaurio carnívoro no se hubiera comido los huevos que una hembra de triceratops desovó tontamente cerca de la orilla, quizá, vaya uno a saber, me seguirías queriendo…

Ana María Shua