El feriado amerita Happy Hour de café

Estoy segura que a mi vecino El Sommelier de café, le gustaría este microtexto…  

En cierta ocación, mi madre puso agua a hervir para hacer té, pero casi de inmediato mi padre dijo que, pensándolo bien, prefería tomar café.

– Está bien- aceptó mi madre y arrojó el agua que ya estaba hirviendo en la pava para poner en el fuego agua nueva. Yo, al verlo, me desternillé de risa, pero mi padre dijo que él reconocía una gran diferencia entre el agua para hacer té y el agua para hacer café.

– Puede muy bien ocurrir que, si no se cambia el agua, el café sepa un poco a té.

 

Dos mujeres, Harry Muslich.

(Extraído de Historias Encontradas, compilador E. Berti)

Para saber leer un buen café

Nicolás Artusi es sommelier de café. Desde su blog relata experiencias y saberes cuasi mágicos sobre los granos tostados. Nicolás es de esas personas que tienen la facilidad para introducirte en un tema y volverte fanático en segundos. Luego de unas visitas a su blog, te encontrás preguntando en un bar, qué café sirven!?!  Hoy recomienda para eBlogtxt : Culto al café  (Yasar Karaoglu).

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“Sin la nostalgia romántica de las magdalenas de Proust acompañadas por una tacita de té, el turco Yazar Karaoglu persigue el “maridaje” perfecto entre las recetas de cocina, una historia de la bebida y el poder evocador de los sentidos, que lo transportan al patio de su abuela con sólo oler, claro: un café a la turca. El libro se llama Culto al café y lo descubrí cuando hice mi primer curso de sommelier de la infusión: un blend de saber enciclopedista y metáforas algo edulcoradas aunque jamás empalagosas (“pide que te sirvan siempre café recién tostado, ¡y no mucho!”). Al pasar las páginas se huele la nostalgia del autor, radicado en Alemania, por esos espressos espesos como petróleo de su patria natal y se dibuja una nota amarga sobre la eterna insularidad del inmigrante, aun en mitad del continente. Y aunque se rinda tributo al espresso italiano, la cafetería vienesa, el bistró parisino o el coffeeshop neoyorquino, Karaoglu (como el venerado poeta griego Kavafis, hijo de una familia de Estambul) insinuará que el aroma del café preparado como lo hacía la abuela siempre será, en un cerrar de ojos, su propio regreso a Itaca”.