Sobre la novela inédita de Silvina Ocampo

A más de un cuarto de siglo de su muerte, se publica, por fin, La promesa (Lumen), la novela en la que la escritora trabajó durante años y donde se refleja nítidamente su propia vida. El mar es el paisaje donde transcurre la novela que Silvina terminó mientras luchaba contra la enfermedad que carcomía su lucidez.
La nota entera por Hugo Beccacece para ADN, acá.

La trama de La promesa es simple: una pasajera se cae de un barco al mar y le promete a Santa Rita que, si la salva, escribirá un libro, a pesar de ser analfabeta. La pasajera es buena nadadora y se mantiene a flote nadando o haciendo la plancha. Para no desesperar y hundirse, hace una especie de diccionario de recuerdos, una serie de retratos de personas que ha conocido. En esa galería, los perfiles se encadenan hasta formar la narración que tenemos entre las manos. Hacia el final, el agua que entra, cada vez con más frecuencia, por la boca de la Scheherezade marina anuncia el final inminente mientras la memoria reitera, sin advertirlo, las mismas palabras y las mismas imágenes. El movimiento de la conciencia se atasca y adquiere la lógica siniestra de la agonía o de una demencia repetitiva. Como señala Ernesto Montequin, a cuyo cuidado estuvo la edición, en las últimas páginas la voz del personaje, en la ficción, y la voz de la autora, en la realidad, coinciden. Esas frases fueron algunas de las últimas que Silvina Ocampo escribió sobre el papel casi a modo de espejo. «Los espejos son las puertas por las que va y viene la Muerte» (Jean Cocteau).