Recomiendo dos libros de poesía

Ambos pertenecen a la editorial Viajero Insomne, los leí el año pasado y por esas cosas del día a día no llegué a comentarlos. Tampoco es que hoy tengo mucho tiempo, así que seré breve, diré: Si te gusta la poesía, leelos.

Y como para muestra bien vale un glotón, acá un poema de cada:

pequenos-botes-cruzando-lo-negro-del-rio

HAY UN ECO QUE VUELVE DESDE EL AGUA Y REBOTA EN LAS PAREDES

como gorrión caído luchando por salir de la maceta

una centrífuga de frases dichas al pasar

que no siempre alcanzan la conversación

como si estuvieran ahí para armar por años

un rompecabezas y cada día un pieza nueva

llegara con el viento y la voz cambiada

casi un susurro, para perderse al fin

esfumarse, entre la niebla bajando

sobre pequeños botes que cruzan lo negro del río.

(Pequeños botes cruzando lo negro del río- Martín Vázquez Grillé)

lugano-1-y-2

Mis padres me usaban de burro de carga

hablando mal, el uno del otro.

Me tocaba transportar material radioactivo

y el líquido espeso de las conversaciones

se filtraba en su goteo

pero a mí no me importaba convertirme

en un burro fluorescente

brillando en medio de la noche.

(de la serie “Lugano 1 y 2”- Patricio Foglia)

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Cómo corregir un poema (de Marx)

Hoy Karl Marx cumpliría años. No conté cuántos, pero muchos, seguro. El punto es que recordé, por un tuit de @MartinAuZ, el post que había escrito con algunos de sus poemas (sí, fue poeta, ver post anterior).

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@MartinAuZ provocador extrae una línea de uno de los poemas en tuiter: “¡Ah! cuando tus labios susurraron tan sólo una tibia palabra. Entonces me sumergí en loco éxtasis, desamparado fui barrido…”. Me hace reir. Y pienso, como muchas veces pienso, si tendrá arreglo este poema, si tiene algo para salvar, si se puede corregir. He aquí una posible corrección del poema: 

Atención (No agregué palabras ni puntuación. Y dejé el “¡Ah!” del comienzo para molestar, para demostrar, que aún así, puede estar bueno). Marx sólo necesitaba un amigo lector/ corrector! Engels traidor.

Poema corregido: Mi mundo 

¡Ah! tan sólo una tibia palabra

entonces, desamparado, fui barrido

a lo lejos

desde lo más profundo

en nervio, fui afligido

como un demonio, el gran mago

relampagueante habló

¿Porqué deberían las palabras intentar forzarse en vano,
siendo sonido y cansancio infinito,

un dolor anhelante
como tu mismo

y como el todo?

Poema original:  Mi mundo

¡Ah! , cuando tus labios susurraron
tan sólo una tibia palabra.
Entonces me sumergí en loco éxtasis,
desamparado fui barrido

a lo lejos.

Desde lo más profundo de mi alma,
en nervio y espíritu fui afligido
como un demonio, cuando el gran mago
atacó con relampagueante empeño y habló.

¿Porqué deberían las palabras intentar forzarse en vano,
siendo sonido y nebuloso cansancio
que es infinito, como el dolor anhelante
como tu mismo y como el todo?

¡Feliz día gatxs!

Por el día del animal, un poema de Hemingway a uno de sus gatos.

hemingway con gato

A Cristiano Loco (1946)

Hubo un gato que se llamaba Cristiano Loco

que no vivió lo suficiente como para retorcerse.

Tenía el corazón alegre, joven y bello

y conocía todos los secretos de la vida.

Siempre llegaba a tiempo para desayunar

corría por tus pies, persiguiendo una pelota,

era más rápido que un pony de polo,

su cola era un penacho que corría con él.

Era más negro que la noche y más rápido que la luz.

Así que los gatos malos lo mataron en otoño.

En inglés….

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Poema x poema y el mundo quedará alzado

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No todas las heridas se vuelven perla

Desde ese verano hasta el verano del siguiente año, viví en una habitación que parece la concha de una almeja. ¿Que cómo lo pasé? No hice nada. Sólo respiré sin hacer nada, absolutamente nada. Inhalación y exhalación. Cuando, sin hacer nada, no hago más que respirar, la ventanilla de mi nariz no se diferencia de la ventanilla de la nariz del vacío, mi inhalación es la exhalación del vacío y mi exhalación la inhalación del vacío… Claro que también suspiré. ¡Suspiros! Cada vez que suspiraba, también el vacío se entristecía suspirando largamente. ¿Quién habría sido capaz de alegrarse de mi tristeza? En una habitación que parecía la concha de una almeja viví de la respiración y el silencio. Pensando en que, al pudrirse la herida, la flecha venenosa también se eliminaría. 

En una habitación que parece concha de almeja,
en Autobiografía del hielo, de Choi Seung-Ho.
Traducción Kim Un-kyung. Editorial Bajo la Luna. 

Poema x poema y el mundo quedará plano

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hoy papá me preguntó…

hoy papá me preguntó
qué tal van las cosas
en mi relación
me vino a visitar al mediodía
trajo todas esas carpetas con las que anda en la semana
se tomó su café con cigarrillo obligado
y volvió a reírse de que no compro leche
siempre me pregunta
quién me metió eso en la cabeza
siempre cree que otros
me meten cosas en la cabeza
compraría leche solo para papá
aunque se me pudriera cada semana
pienso
pero no complacerlo en este detalle
me libera un poco
entonces mira mis cosas abre mi heladera por pura curiosidad
y hablamos de mis mareos
de mi extrema sensibilidad
me escucho hablarle del inconsciente
de cómo eso maneja todo nuestro cuerpo
y me siento un poco tonta
pero él escucha cada cosa con total atención
y yo lo miro
y no quiero hablarle de mi relación
es como si eso
nos pusiera a mil kilómetros
quiero hablar de cosas que él pueda admirar
le muestro mi libro
le hablo del viaje que se viene
quiero saber qué lugares visitó él
quiero haber viajado con él
creo que nunca sé del todo
cuánto le interesan mis relatos
o cuánto le intereso yo
y así como de la nada
mientras se levanta para irse
me lanza la pregunta sobre mi relación
no nos miramos
le digo bastante bien, mientras ordeno algo
y no sé si quiero que se alegre
hablar de mi relación
es meter a un intruso entre nosotros
porque me vino a visitar y somos solo él y yo
me aconseja que no peleemos en el viaje
no no, ya lo hablamos, le digo
y ya se está yendo
y me invade una angustia desmedida
fue tan breve y amable nuestro rato
que no quisiera soltarlo
y me quedo en casa
pensando por qué me deja sola
con todo esto

Juana Roggero 
De Razones para vivir en la dicha (Antología 2013)

Poema de Clarice Lispector


Imágen: Elizabeth Dorcy.

Más allá de la oreja, existe un sonido, la extremidad de la mirada, un aspecto, las puntas de los dedos, un objeto: es allí a donde voy.
La punta del lápiz, el trazo.
Donde expira un pensamiento hay una idea, en el último suspiro de alegría, otra alegría, en la punta de la espada, la magia: es allí a donde voy.
En la punta del pie, el salto.
Parece la historia de alguien que fue y no volvió: es allí a donde voy.
¿O no voy? Voy, sí. Y vuelvo para ver cómo están las cosas. Si continúan mágicas. ¿Realidad? Te espero. Es allí a donde voy.
En la punta de la palabra está la palabra. Quiero usar la palabra “tertulia”, y no sé dónde ni cuándo. Al lado de la tertulia está la familia. Al lado de la familia estoy yo. Al lado de mí estoy yo. Es hacia mí adonde voy. Y de mí salgo para ver. ¿Ver qué? Ver lo que existe. Después de muerta es hacia la realidad adonde voy. Mientras tanto, lo que hay es un sueño. Sueño fatídico. Pero después, después todo es real. Y el alma libre busca un canto para acomodarse. Soy un yo que anuncia. No sé de qué estoy hablando. Estoy hablando de nada. Yo soy nada. Dsepués de muerta me agrandaré y me esparciré, y alguien dirá con amor mi nombre.
Es hacia mi pobre nombre adonde voy.
Y de allá vuelvo para llamar al nombre del ser amado y de los hijos. Ellos me responderán. Al fin tendré una respuesta. ¿Qué respuesta? La del amor. El amor es rojo. Los celos son verdes. Mis ojos son verdes. Pero son verdes tan oscuros que en las fotografías salen negros. Mi secreto es tener ojos verdes y que nadie lo sepa.
En la extremidad de mí estoy yo. Yo, implorante, yo, la que necesita, la que pide, la que llora, la que se lamenta. Pero la que canta. La que dice palabras.
¿Palabras al viento? Qué importa, los vientos las traen de nuevo y yo las poseo.
Yo, al lado del viento. La colina de los vientos aullantes me llama. Voy, bruja que soy. Y me transmuto.
Oh, cachorro, ¿dónde está tu alma? ¿Está cerca de tu cuerpo? Yo estoy cerca de mi cuerpo. Y muero lentamente.
¿Qué estoy diciendo? Estoy diciendo amor. Y cerca del amor estamos nosotros.

Es allí a donde voy, CLARICE LISPECTOR (Del libro ‘Silencio’, ed. Grijalbo Mondadori, 1988).