«Todo, en el fondo, es poesía», Abelardo Castillo

No pude llegar, el lunes, al ciclo de cuentos en el Ateneo, pero Clarín sacó un artículo acerca del mismo y yo aproveché para seleccionar algunas frases del maestro para compartir con ustedes:

– “Al escribir, creemos que inventamos pero recordamos mal”

– “Siempre escribí cuento fantástico y no hago ninguna diferencia con los otros, para mí no hay un mundo real, hay muchos mundos reales, el de la locura es sólo otro de los mundos reales. Lo que pasa es que en los 60, para un escritor de izquierda, escribir cuento fantástico estaba casi prohibido. Ése género pertenecía a la derecha y tuvo que aparecer Julio Cortázar para justificarlo también desde la izquierda. Eso me autorizó a hacer lo que ya venía haciendo desde Las otras puertas , mi primer libro del que se cumplen 50 años”.

“Nunca me siento a escribir un cuento si no tengo resuelto el final y no solamente el final sino, a veces, la textura de la prosa y los tiempos verbales. Necesito tenerlo completamente estructurado, por eso tardo tanto en escribir”.

– “No sé cómo se me ocurren los cuentos yo siempre pensé que lo que se llama imaginación es una pésima mezcla entre mala memoria y mala fe: creemos que estamos inventando pero recordamos mal».

– “He escrito todos los géneros – dice – y hay una diferencia muy grande entre ser un escritor de género y ser un escritor. Los autores con los que me formé, Unamuno, Sartre, e incluso Borges que no creía en la novela, escribieron todos los géneros. Para mí la literatura es “el” género, un derivado de la poesía; todo, en el fondo, es la poesía y sus diferentes formas pueden ser el teatro, el cuento, la novela”.

Aprovecho, entonces, para recomendar Ser escritor.

Ser escritor

Hay un prólogo que me gusta mucho y es el que escribió Vicente Battista para el libro de Abelardo Castillo, Ser escritor. Battista y Castillo son amigos. Junto con Sylvia Iparraguirre y Liliana Heker asistían a una suerte de taller autodidacta y comenzaron con la revista El escarabajo de oro. Aquí, el prólogo dónde Battista cuenta como se gestó este libro:

ser escritorNos encontramos por primera vez con Abelardo Castillo una noche de verano del año 1962. No puedo precisar ni el día ni el mes, pero sé que era de noche y que hacía mucho calor. Recuerdo el sitio: el bar La Comedia, en Paraná y Corrientes; y también recuerdo todo lo que tuve que esperar a Castillo. Por aquellos días yo conocía sus cuentos y conocía la revista literaria que él dirigía; pero desconocía su poderosa impuntualidad. Llegó cuando iba por el tercer café. La espera valió la pena. Yo tenía veintidós años y algunos cuentos inéditos. Castillo me llevaba cinco años, en el teatro Los Independientes ya habían estrenado su tragedia El otro Judas, y la editorial Goyanarte ya había publicado Las otras puertas, su libro de cuentos: me iba a encontrar con un escritor de verdad. Aquella noche hablamos largo, o tal vez Castillo habló largo. Lo cierto es que a la madrugada, cuando nos despedimos, ya me había invitado a ser parte de El escarabajo de oro. Esa madrugada, con mis pocos cuentos inéditos, yo también, de golpe y para siempre, me sentí un escritor de verdad, alguna vez tenía que decirlo.

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