Desarticulaciones de Sylvia Molloy a las tablas

Estoy muy contenta porque hoy leo en Cultura Clarín que la obra de Sylvia MolloyDesarticulaciones” irá al teatro. En eblogtxt la recomendé a principio de año porque me pareció realmente un libro especial. Pueden leer lo que escribí acá.

El director teatral Marcelo Moncarz, premio ACE mejor espectáculo alternativo, contó: “El texto de Molloy me atrapó. Está previsto montarlo el año que viene. Es uno de los libros más delicados y sensibles que haya leído acerca del amor, en clave de despedida“.

Más info sobre Sylvia Molloy.

Desarticulaciones, Sylvia Molloy

Terminé de leer un libro especial. Rápidamente uno puede notar cuando un libro lo es. Cada palabra impacta distinto, se siente en el cuerpo. Este libro me cortó la respiración en varias oportunidades, me sacó algunas risas y todavía da vueltas por mi cabeza. Les presento a Desarticulaciones:

La narradora visita casi diariamente a M.L. con quien compartió una estrecha amistad (o más), y ahora padece de Alzheimer. A partir de estos encuentros va construyendo un relato sobre la desarticulación de una mente que va olvidando de manera desprolija, no lineal. “Tengo que escribir estos textos mientras ella está viva, mientras no haya muerte o clausura, para tratar de entender este estar/no estar de una persona que se desarticula ante mis ojos. Tengo que hacerlo así para seguir adelante, para hacer durar una relación que continúa pese a la ruina, que subsiste aunque apenas queden palabras“.

Los relatos de Sylvia Molloy podrían entenderse hasta acá como un acercamiento a la enfermedad, pero va más allá. La autora toma las desarticulaciones para reflexionar sobra la construcción del yo, sobre el sujeto de la enunciación, el punto de vista… ¿Cómo dice yo el que no recuerda, cuál es el lugar de su enunciación cuando se ha destejido la memoria? Un lugar interesante para pararse a reflexionar sobre la memoria, el contacto con los otros, con uno mismo, la realidad,  la ficción y si esta oposición  deja de tener sentido cuando alguien no recuerda, ¿Qué sentido adquiere – entonces- para los otros?

Cuando empezó a perder la memoria (digo mal: solo puedo decir cuando yo noté que empezaba a pederla) comenzó a usar mucho más las manos. Llegaba a un lugar conocido y se ponía a tocar cuanto había sobre una mesa, un estante, como un chico toquetón, de esos para cuyas visitas hay que preparar la casa escondiendo objetos o poniéndolos fuera de su alcance (…) le dije irritada “por favor no toque nada”. Me costaba aceptar que había empezado a poner en práctica, instintivamente, la memoria de las manos. Como la Greta Garbo de Reina Cristina, estaba recordando objetos, no para almacenarlos en su mente sino para orientarse en el presente”.

Que sí lee y escribe:  Quiza

Vuelvo otra vez a Buenos Aires, voy a visitarla, le llevo de nuevo alfajores. Pongo la caja sobre la mesa, es para vos, le digo. Mira la caja, lee “Havanna” y me pregunta qué es. Le señalo el dibujo del alfajor en la caja y reconoce, alfajor, qué rico, dice, como un chico contento. A los diez minutos, señalando la caja, me pregunta qué es. Ya no puede leer “Havanna” pero, mirando la palabra que precede a la marca dice, triunfante, “Alfonsina”. En vano le señalo el dibujo del alfajor, no sé qué es, me dice.

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